viernes, 10 de febrero de 2012

Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres

3.5*

Parece que David Fincher tenía ganas de desenmascarar y de castigar a un psycho killer, después de la soberbia Se7en y, sobre todo, de la laberíntica e hiper perfeccionista Zodiac. Por eso, quizás, ha aceptado llevar a la pantalla grande un encargo escrito por alguien lo suficientemente cercano a su imaginario y a sus obsesiones como Stieg Larsson, creador de la franquicia Millennium. Y por eso, probablemente también, ha decidido ser fiel al contenido noir de la novela, a su trama detectivesca, a los oscuros secretos de la disfuncional familia de empresarios suecos protagonista y, finalmente, a la propia localización original, los contrastados paisajes de la Suecia actual. Sin embargo, la historia es excesivamente enrevesada, por momentos poco convincente (como esa escena en la que Craig entra en la casa del asesino sabiendo quién es o esa otra en la que Salander despluma unos cuantos bancos suizos con la ayuda de una peluca, un pasaporte falso, un bolso de imitación y todo su –en este caso- inverosímil talento) y con un final, con varias resoluciones encadenadas, impropio de Fincher y más cercano a la naturaleza telefílmica del guión. Dicho esto, la película está muy bien narrada y contiene la suficiente ambigüedad para hacer que la historia enganche, además de contener breves pero apropiadas dosis de humor. Por su parte, los actores principales crean dos personajes fascinantes -cada uno a su manera, evidentemente-. Magnífico, por tanto, ese actor tan sutil como rudo que es el proletario Daniel Craig aunque merecen una mención aparte Christopher Plummer –en un papel que estaba reservado a Max von Sidow- y Stellan Skarsgård -dos secundarios de lujo y las dos caras de una misma moneda, de una misma familia- así como la BSO de Reznor y Ross, incluyendo la adaptación de un tema de Led Zeppelin para los títulos de crédito iniciales.



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