lunes, 10 de noviembre de 2014

Vidas Borrascosas (Aka Peyton Place)

3.5*

Michael Rossi (Lee Philips), un humilde profesor, recala en Peyton Place, una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra, donde poco a poco irá descubriendo un mundo oculto y reprimido de alcoholismo, incesto y escándalos de todo tipo. Todo ello falseado, además, por las reglas de juego de las apariencias pequeñoburguesas, propias de una sociedad que tiene como norma de comportamiento la doble moral (como en Picnic). Si Douglas Sirk es el mejor retratista de las frustraciones de la clase media USAmericana de los cincuenta y Elia Kazan lo es de los fracasos de la clase trabajadora, Vidas Borrascosas podría ser la síntesis perfecta de ambas perspectivas, si bien se remonta a unos EE.UU. anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Desde este punto de vista, podría ser considerado el melodrama perfecto. No obstante, el casting no es del todo convicente y algunas de las subtramas se retuercen demasiado. En todo casi, lo que sí que no encaja de ninguna de las maneras es el happy end final, absolutamente contradictorio con todo lo mostrado (salvo desde el punto de vista de la estrategia de la voz en off de la narradora). Sin embargo, dicho final sí que es coherente con la finalidad del género: producir una catarsis en el espectador por pura y simple complacencia y no por una identificación crítica con los personajes, como en la tragedia clásica. Por su parte, Mark Robson parece estar rodando una película a través de contínuas estampas dibujadas por Norman Rockwell, ya que la USAmerica que destripa es la que Rockwell intentó retratar. Hay una una segunda parte, ambientada varios años después y bajo los efectos de la novela de la narradora de la versión original (aunque no con todos los actores originales: ni con Lana Turner ni con Lee Philips, por ejemplo). Además, se realizó una serie de TV durante la década de los sesenta, inaugurando el mundo del folletín televisivo en el país de las barras y estrellas.

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