miércoles, 14 de enero de 2015

Calabuch

3.5*

El afectuoso científico Jorge Serra Hamilton (último papel del entrañable Edmund Gwenn) huye de sus contactos con la ciencia y los militares y se refugia en un pequeño pueblo de la costa española, símbolo del país en su conjunto. Corre el año de 1956 y entre las gentes mediterráneas no se conoce casi nada de la energía nuclear ni de las bombas atómicas, handicap que al doctor le parece algo encantador, tanto como la misma vida del pueblo, rebosante de autenticidad pero también de peculiaridades esperpento-surrealísticas. Crítica hermosa de la estupidez autodestructiva humana (en un nivel), canto a la sencillez de las formas de vida rurales (en el otro), aunque sin escatimar varias bofetadas a esa forma de vida carpetovetónica tan nuestra (con el cura, el cabo de la guardia civil, el alcalde y el falangista controlando todo lo que pasa en la comunidad). Como decía el propio Berlanga, una película un tanto patriarcal y bocetística pero que, sin embargo, se cuenta entre las producciones más modernas del cineasta. Repleta de esa sabiduría concentrada en planos secuencia, prototipo de la puesta en escena que caracterizaría el cine posterior del genio valenciano, el film (curiosamente) no está escrito por el tándem Berlanga/Azcona. Y eso se nota, por cierto, ya que el resultado final tiene algún que otro bajón rítmico y dramático. En todo caso, una maravilla de película, rodada en plena autarquía franquista aunque con la vista puesta en otras realidades

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