miércoles, 29 de abril de 2015

La pasión de Cristo (The Passion of the Christ)

3*

Como en la fantasía de Alex (el protagonista de La naranja mecánica), cuando está leyendo La Biblia, Gibson sueña con poder estar, precisamente, en la flagelación y en el calvario de Cristo. Con probabilidad, la etapa de la vida de Jesús que es menos interesante por su escaso valor pedagógico. Sin embargo, por el contrario, si la intención es mostrar el sufrimiento del hijo de Dios, Mel Gibson aborda con detalle el castigo físico y psicológico al que se le sometió. Además, parece claro que esta insistencia visual en la carne lacerada y mortificada provoca una cierta atracción. Por eso Gibson, en realidad, está mostrando también el espíritu masoquista de una buena parte de la raza humana, la falta de empatía e, incluso, la indiferencia frente a la crueldad y frente al dolor ajeno. Hay, por tanto, una cierta estetización de la violencia y del sufrimiento (acentuada por la inclusión de Caviezel y Bellucci), algo que repugna a Claude Lanzmann, por ejemplo, el autor de uno de los más respetuosos homenajes a la desolación judía durante el Holocausto. La película, sin embargo, se cura en salud afirmando que la trama no tiene por qué ser exactamente lo que ocurrió en la historia. Por otro lado, el estilo fílmico del director es bastante plano, tibio, convencional, así como la imaginería que propone, bastante típica de Hollywood, al contrario que la presentada por Scorsese en La última tentación de Cristo o por Pasolini en El evangelio según San Mateo. Finalmente, podría compararse con el final de la serie de TV de Zeffirelli sobre la vida de Jesús.

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