viernes, 11 de abril de 2014

El furor del Dragón

2.5*
 
El joven Tang (Bruce Lee) llega a Roma donde una amiga acaba de inaugurar un restaurante. Sin embargo, una panda de maliciosos gangsters karatecas les intentan hacer la vida imposible para apropiarse del local, por lo que Tang deberá rasgarse su camiseta, emitir extraños sonidos con la boca y mostrar su pericia marcial. Un argumento archiconocido y repetido hasta la saciedad (algo que haría las delicias de Heidegger y Kierkegaard) y que es llevado a la pantalla por la estrella de las artes marciales, Bruce Lee, el cual, además, interpreta su sempiterno personaje arquetípico: el del salvador de restaurantes chinos y héroe por accidente. Con una puesta en escena repleta de aspectos chirriantes y una coreografía que deja mucho que desear (falta de tensión, golpes repetitivos y defectos de coordinación de todo tipo), el film, sin embargo, se ha convertido en una obra de culto dentro del mundillo del Kung Fu, precisamente por la lucha final, en el Coliseo Romano, entre Bruce Lee y Chuck Norris (por entonces, campeón del mundo de Karate de los pesos medios): un combate que está rodado y montado con cierto suspense y pericia, aun a costa de varios encuadres corregidos y de esos fastidiosos zooms típicos de los setenta. Por cierto, fue el penúltimo papel cinematográfico del mítico luchador-filósofo de San Francisco.

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