sábado, 5 de abril de 2014

La tierra de la gran promesa (Aka Ziemia Obiecana)

4*

En la ciudad polaca de Lodz (un microcosmos del tipo del capitalismo industrial que se extendió desde Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX), tres amigos, de distintas religiones y extracciones sociales (un prestamista judío, un burgués protestante alemán y un católico noble polaco), deciden levantar una fábrica textil con la que hacerse ricos. La película es un magnífico retrato de la industrialización y de sus crueles consecuencias en la forma de vida de la masa obrera, aunque sin ese romanticismo (digamos) sucio, de Hayao Miyazaki (presente en buena parte de su obra de animación, desde El castillo en el cielo hasta El viaje de Chihiro) o sin esa capacidad profética del Metropolis de Lang. Al contrario, Andrzej Wajda muestra un mundo cruel y codicioso, compuesto por miles de seres humanos, cuyas vidas infelices no tienen ningún valor, y por un numeroso pero limitado círculo de ambiciosos hombres de negocios, burgueses y nobles, de distintas religiones e ideologías, que, sin embargo, tienen todos algún en común: compiten entre sí por adquirir riquezas, de una forma inmoral y sin escrúpulos y, a la vez, explotan a sus “inferiores”, de todas las formas imaginables. Todos conocemos cientos de ejemplos de distintas personas que han escapado a esta dinámica vital, de explotación y avaricia, estadísticamente mayoritaria e históricamente comprobable. Sin embargo, muchas veces hace falta que la literatura, el cine o la historia nos recuerden que nuestros antepasados llevaron unas vidas más propias de flores pisoteadas que de seres humanos. Una película solventemente rodada, con un estilo naturalista, de una crudeza aplastante, y que alterna la fiereza y la parodia, la ironía y la reflexión, entre el clasicismo y la metaficción. Como “documento de barbarie”, la película alcanza el nivel de denuncia de hermanos gemelos suyos como Novecento, Odio en las entrañas, La caída de los dioses o Rojos (para la cual, por cierto, Robert Rosenstone trabajó como asesor). 

 


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