miércoles, 18 de abril de 2012

Los idus de marzo

3*

Son muchas las películas que se han acercado al mundo de la política con la intención de denunciar sus vicios y de iluminar sus sombras. Los ejemplos perfectos podrían ser El político, de Robert Rossen, o El candidato, de Michael Ritchie. Sin embargo, son pocas las que, finalmente, te pueden producir las ganas de dedicarte a tan apasionada como turbia profesión. Los Idus de marzo, dirigida y protagonizada por George Clooney, es una de ellas. Y no lo decimos como un ataque sino como la constatación de que, en política (una profesión ya de por sí ambigua e inestable), o se tienen las ideas claras o la confusión puede campar a sus anchas. Clooney nos cuenta la historia de una asesor de campaña, en plenas primarias del partido demócrata, que es arrastrado a una trampa política que le puede costar el puesto. Aún así, consigue utilizar los lazos sueltos de la moral para chantajear a uno de sus superiores y, así, materializar sus sueños profesionales. Con una dirección muy austera, parca en travellings y en movimientos de cámara, y manejando a la perfección el ritmo, Clooney ofrece una mezcla admirable de cine punzante pero entretenido, repleto de referencias a la política usamericana y sin ningún tipo de afectación trágica. Incluso aparece un homenaje (una especie de cara B) al discurso de Patton la víspera del día D. Sin embargo, no alcanza más nota por lo previsible de su trama y por caer en algún que otro tópico (como el de la becaria o el de la periodista aprovechada). Maravillosa interpretación de los secundarios Paul Giamatti y, sobre todo, de esa máquina de persuasión llamada Philip Seymour Hoffman. Por su parte, Ryan Gosling está correcto en todo momento.



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