Tras el asesinato de la prima donna, su suplente (Cristina Marsillach), se transforma en la
primera cantante de una version de Macbeth
que un director de cine de terror está llevando a escena (ahí es nada). Sin
embargo, un asesino comienza una serie de brutales ataques sádicos que tienen
como punto en común el acto voyeurístico de la cantante. Un argumento
particularmente estrafalario y rocambolesco que el director lleva a la pantalla
con su típico barroquismo visual, y una mezcla de varios ingredientes made in Argento: una puesta en escena
antinatural, alto contraste de colores, un montaje que alterna planos generales
y primerísimos planos, la inclusion de animales en la trama, etc. Es verdad que
todos estos elementos cuadran fantásticamente con el ambiente operístico del film pero, sin embargo, el resultado
final, aunque sorprendente para el espectador neófito, puede llegar a aburrir a
todos aquellos más habituados al cine del maestro del giallo. El final, entre Phenomena
y Heidi, es del todo punto
insatisfactorio, máxime con esa música heavy
metal, obra de Brian Eno, que también destroza algunas de las mejores escenas de la película.



