Maravillosa exploitation serie B de la saga con licencia para matar por
excelencia, con el protagonismo absoluto de las chicas "no bond" Elka
Sommer y Sylva "naricita respingona" Koscina. Desde el punto de vista
génerico, estamos ante un eurospy en tod regla. O, lo que es más o menos lo
mismo: un thriller conspiranoico pop a tope, sobre la importancia de las
petroleras y del petróleo árabe, con un diseño de producción estupendo (para
las cuatro perras con las que se contaba), una historia entretenidísima
perpetrada por el genio tras la sombra de la mítica productora Hammer y de
popularísima la Rank Organisation, el señor Jimmy Sangster, y un pre-final, con
una tremenda partida de ajedrez a tamaño real de escándalo. Igual que el final
propiamente dicho. El film contó con
una segunda parte: Some Girls Do.
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jueves, 15 de febrero de 2018
jueves, 15 de diciembre de 2016
Nuestro hombre en Milán (aka La mala ordina)
3*
Dos feroces matones provenientes de la Mafia USAmericana de Nueva York (Henry Silva y Woody
Stroode) son enviados a Milán para eliminar a un tal Luca Canalli (Mario Adorf).
Por su parte, el jefe local de la organización (Adolfo Celi), también hace suya
la misión, sin entender realmente el motivo que se esconde detrás. Por
supuesto, el pobre Luca, un antihéroe sin suerte ninguna, sí que no se entera
de nada y va dando trompazos durante todo el metraje. Fernando Di Leo rueda
otro emocionante e inteligente poliziesco,
“cine mano armada”, esta vez con más elementos pop (atención a las fiestas con la Sylva Koscina) y con la inconfundible
ambigüedad moral típica del subgénero. Como guiño a la época, Di Leo introduce
una explosiva secuencia a imagen y semejanza del French Connection de Friedkin, estrenada solo un año antes (de
hecho, el título anglosajón de este film
es The Italian Connection). ¡Madre
mía qué persecución automovilística por las calles de Milán! ¡Qué pulso, qué
tensión, qué papelón hace Mario Adorf, qué bien hilvanada está toda la cacería con
el poderoso tema de rock que suena de fondo y qué bien montada toda la escena!
Segunda parte de la llamada “trilogía milieu”,
tras Milán, calibre 9 y antes de Secuestro de una mujer. El final, por
cierto, es brutal, de una rabia y de una violencia descarnadas.
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sábado, 24 de septiembre de 2016
El ferroviario
3.5*
Si se hiciera una precuela para contar la vida de una
típica familia italiana trabajadora, de una de esas que pueden estar detrás de
tantas y tantas películas de gángsteres y de mafiosos ítaloamericanos, de una
de esas familias que frente a las necesidades del país tuvo que emigrar al país
de las oportunidades, este film
podría ser perfectamente esa precuela. Es verdad que la intención del director,
Pietro Germi, no fue esa, desde luego. Es verdad que por mediación de Carlo
Ponti, la película acaba con final feliz y, además, resalta el elemento
paternal y conservador de la institución familiar. También es verdad que no
todas las familias que emigraron a los USA formaron parte de mafias familiares.
Faltaría más. Pero igualmente es verdad que el neorrealismo italiano estaba muy
cerca y que los sufrimientos y los padecimientos de todos los miembros de la
familia se sienten cercanos y muy reales y que, por esta razón, un espectador
sensible puede comprender con facilidad por qué fue tan habitual la necesidad
de emigrar a los EE.UU. de América por parte de tantos y tantos italianos de la
postguerra, especialmente de las partes más pobres del país. Por subrayar dos
elementos admirables de la película, habría que destacar la aparición de la
hermosa Sylva Koscina, en su segundo papel cinematográfico, así como el
personaje de Sandrino (diminutivo de Alessandro), un personaje que se adelanta
al de tantas otras películas que vendrían después (como el de Cinema Paradiso, por ejemplo). En
definitiva, una película realista (casi naturalista), cercana al tipo de
historias que se cuentan en esos típicos melodramas tele-fílmicos pero con
muchísima más elegancia, maestría y buen gusto. Un clásico medio olvidado del cine
italiano.
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