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martes, 8 de marzo de 2016

Misión de audaces (Aka The Horse Soldiers)

3.5*

El Homero visual USAmericano, John Ford (el único par visual a la altura de Walt Whitman y el director favorito de Orson Welles), dirigió tres películas que forman parte de lo que se conoce como “La trilogía de la caballería”. En ellas (y simplificando), Ford presentaba una imagen militarista, defensora de la autoridad e, incluso, racista. Pero en otros films, Ford se auto enmendó la plana. Este es uno de ellos y consiste, por encima de todo, en una especie de versión oficial, “yanqui”, de la Guerra de Secesión. El argumento, digamos, sigue las campañas del coronel Marlowe (John Wayne) en territorio del Sur hasta que se topa con una rebelde sureña (interpretada por Constance Towers), que hará lo indecible para echar al traste los objetivos del Norte. Para terminar de azuzar el fuego, Marlowe tiene que realizar su misión con la simple ayuda de un regimiento al mando del Mayor Cirujano Kendall (William Holden). La historia original proviene de una novela escrita por Harold Sinclair, que fue un auténtico best seller en su momento y que tuvo una especie de continuación en The Cavalryman (1958). Por cierto, atención a las excelentes escenas de acción bélica. Como es típico en las producciones Fordianas de la época, en la BSO se deslizan melodías del score de Centauros del desierto. Por cierto, la fecha de publicación de la novela de Sinclair coincidió con el estreno de The Searchers. Y otra casualidad más: el título original de ésta y el de aquella, pulsan en el espectador la imagen del caballo, auténtica mano derecha, aquí también, de “las campañas del desierto”, de esa “avanzadilla del progreso” que tan bien ha hecho a unos como mal a muchos otros.

martes, 25 de febrero de 2014

An Occurrence at Owl Creek Bridge (Aka La rivière du hibou)

3.5*

Cortometraje francés, dirigido por Robert Enrico en 1962, ganador del premio al mejor short film en el festival de Cannes, ese mismo año, y del Oscar de la Academia el año siguiente. La película es una excelentre adaptación de uno de los mejores cuentos del genio de Ohio, Ambrose Bierce, extraído de su recopilación de relatos Cuentos de soldados y civiles. El film tiene un trabajo de cámara magnífico, muy arriesgado y de una modernidad prodigiosa. La fotografía es muy profesional y la BSO acompaña estupendamente todas las partes del relato, tanto las más graves como las más alegres. Quizás, lo menos destacable sean las interpretaciones pero la película es tan seca y abreviada que los pequeños gazapos que pueda tener se deslizan corriente abajo, una vez pasado el puente del arroyo del buho. Por cierto, fue retransmitido por la televión USAmericana en la quinta temporada de la serie presentada por Rod Serling, The Twilight Zone. Y por cierto también, el disneysiano Robert Stevenson había rodado en 1959 su propia versión del cuento para un capítulo de Alfred Hitchcock presents.




martes, 24 de diciembre de 2013

Héroes de hierro (Aka The Great Locomotive Chase)

3.5*

En plena Guerra de Secesión, un espía yanqui (Fess Parker) y una veintena de soldados de paisano, han de adentrarse en territorio confederado para robar un tren y para llevarlo desde Atlanta hasta Chattanooga y, a su paso, destruir todos los puentes e infraestructuras que se encuentren. Pero las cosas no serán ni tan sencillas ni tan fáciles como habían previsto y, de hecho, sufrirán una persecución por parte de un entregado maquinista, William Fuller (Jeffrey Hunter). Y eso es, precisamente, lo que cuenta la historia: esa persecución. Se trata de una producción Walt Disney, dirigida por Francis D. Lyon, basada en los mismos hechos reales que inspiraron El maquinista de la general y sobre un texto de Laurence E. Watkin (guionista de la casa). La verdad es que la película es muy entretenida, está rodada magníficamente, el montaje es de una precisión aplastante y los actores se hacen creíbles y queribles (los mencionados más Harry Carey jr, Slim Pickens o Jeff York, por ejemplo). Además, se consigue presentar a las dos partes con sus ideales y sus costumbres, con sus canciones y sus tradiciones, con sus vicios y sus virtudes, sin posicionarse por ninguna de las dos, lo cual hace mucho más estimable el mensaje del film. Para pasar una tarde estupenda con toda la familia, comiendo Southern Dixie Chicken.




lunes, 17 de junio de 2013

Centauros del desierto

4.5*

Un personaje de la novela Cuerpos extraños, de Cynthia Ozik, sostiene que conocer los misterios y los entresijos del cine es una perfecta inutilidad. Y para el caso de las películas del director favorito de Orson Welles podría ser con más razón: pues entretienen y funcionan a la perfección sin necesidad de análisis alguno. En todo caso, aquí va esta PastillaCrítica. Ethan Edwards (John Wayne), un errante soldado confederado, regresa a su hogar en Texas 3 años después de acabada la Guerra de Secesión. Al poco de llegar, su familia es asaltada por los comanches y se lanza a la búsqueda de su joven sobrina, a la que creen única superviviente del ataque. La búsqueda, que le ocupará varios años, poco a poco, se irá transformándo en una auténtica odisea. La vida en Monument Valley, mientras tanto, sigue su curso. John Ford construye un western dramático sobre el racismo, la obsesión y el odio a base de decenas de pequeños detalles, casi imperceptibles para el tradicional epectador del género. Con algunos ligeros errores narrativos, de montaje y de continuidad, el film tiene la grandeza de la imperfección. Maravillosa en sus aspectos técnico-artísticos (excelente fotografía de Hoch y con una BSO de Max Steiner que abraza a la historia como un buen amante), el argumento se desarrolla tan retorzidamente como la mente y el corazón del protagonista, un auténtico centauro del desierto, por la cantidad de tiempo que pasa subido a su caballo. Los 120’ de película están salpicados con emotivos, festivos y musicales momentos, como es habitual en el cine del maestro, así como con esporádicos destellos de humor, todo fusionado con una sabiduría y con una pulcritud estética admirable. Por otro lado, los aspectos éticos son tan ricos y complejos como la propia interpretación de Wayne, con seguridad una de las mejores de su carrera, de una aspereza que convence, de una contención que admira. Por cierto, la ínclita editorial Valdemar tiene una excelente versión de la novela original, de Alan Le May, en su colección Frontera.















jueves, 27 de diciembre de 2012

El bueno, el feo y el malo

4.5*

Sergio Leone ha sido uno de los más grandes estilistas de la historia del cine, llegando hasta la obsesión por el detalle en la dirección artística, el vestuario y la composición de los planos y los encuadres. Leone es, además, un director que ha bebido de las fuentes cinematográficas más clásicas (al contrario que Quentin Tarantino, por ejemplo, cuya capacidad para poner en el mismo escalón el clasicismo y la baratilla hace que su cinefagia, en ocasiones, asuste) pero que, sin embargo, ha desarrollado una visión estética del medio fílmico muy personal (al contrario que toda su caterva de imitadores). No obstante, su perfeccionismo técnico (a diferencia del de Kubrick, por ejemplo) estaba al servicio de poderosas y emocionales historias épicas, cuyo efecto más reconocido ha sido re mitificar el género Western desde una perspectiva europea. En esta película, tercera entrega de su trilogía del dólar, El rubio (Clint Eastwood) y Tuco (Eli Walach) van en busca de un botín que se encuentra escondido en un cementerio. Tras sus pasos, se encuentra el malvado Sentencia (Lee Van Cleef). Al contraste entre las distintas interpretaciones, al alegórico y personalísimo uso del tiempo narrativo, a la fecunda fusión de imágenes y BSO (gracias a un Morricone mítico), Leone añade una considerable profundidad anamórfica a la trama, a los personajes y a los diálogos, consiguiendo con este film la sublimación que del Western había propuesto en sus dos entregas anteriores, Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, porque Hasta que llegó su hora, su siguiente película, denota elementos un tanto periclitados. Hay que subrayar un aspecto habitualmente ignorado: constituye un acierto excepcional esas escenas en las que la cámara, en travelling, se abre a los espacios abiertos, a la realidad o a la sociedad circundante, mostrando la estrecha conexión existente entre los juegos de la ambición personal (donde el dinero lo es todo pero no sirve para nada, como dice el gran Carlos Aguilar) y las luchas colectivas (en este caso, la Guerra de Secesión). Un film que gana con cada visionado, con cada año que pasa, como le ocurre a la majestuosa obra maestra que dejó para la posteridad el genio de Sergio Leone, Érase una vez en América.