Una de las mejores formas de
definir a David Lynch es mirar una de esas ilustraciones de Norman Rockwell por
detrás. O darles la vuelta: es algo banal, familiar, pero es algo a lo que se le
ve las entrañas. David Lynch es como ver por primera vez el escaparate de una carnicería.
O como fijarse en esos cangrejos que todavía están vivos en el mostrador de una
pescadería de barrio. El cine de Lynch es como un pellejo visto desde dentro. Pero, también, el
cine de Lynch es lo que hacen los personajes de Edward Hopper antes de
encerrarse en sus habitaciones o en sus bares. Algo parecido escribió David Foster Wallace en un artículo suyo que se hizo famosísimo en los noventa, un
artículo que publicó en Premiere. Algo
Lyncheano, decía, es algo banal,
oscuro, surrealista y violento. Y esto es, precisamente, Terciopelo azul. Una canción hermosa, como epítome del American Way of Life, que, en realidad,
esconde un submundo turbio, violento y misterioso. Una de esas “pequeñas películas
excéntricas” en las que Lynch se embarcó después del fracaso anunciado de Dune. Una obra hipnótica, icónica y fascinante. Un film que cimentó la fama y el éxito de su creador. Una película que no gustará a todo el mundo.
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miércoles, 11 de enero de 2017
Terciopelo azul (Aka Blue Velvet)
3.5*
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viernes, 16 de septiembre de 2016
Una histortia verdadera (Aka The Straight Story)
3.5*
Una historia verdadera es la prueba
evidente que contradice todas las falacias que se han vertido contra David
Lynch y contra su supuesta incapacidad para contar una historia a la manera
tradicional y/o convencional. Las típicas críticas blandas que provienen de personas
que no conocen la trayectoria de Picasso o Dalí, por ejemplo. Por un paisaje
que es como un cuadro de Grant Wood, David Lynch mueve su cámara detrás de una
historia de sacrifios y reencuentros, en la que un impagable Richard Farnsworth
inunda los planos constantemente con su sabiduria actoral y su belleza cicatrizada.
Además, la presencia final del gran Harry Dean Stanton nos recuerda lo frágiles
y poderosos que son muchos de los actores de reparto USAmericanos. No es una
vuelta al hogar, a la manera de Ulises, sino un reencuentro familiar. Bueno, es
lo mismo. Un viaje insólito y humanísimo por su denuncia de las oscuridades del
alma humana y porque pone el acento en que todos tenemos la capacidad de
iluminarlas. Recuerda a la película de Paul Mazursky, Harry y Tonto.
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viernes, 21 de septiembre de 2012
Mulholland Drive
4.5*
Mulholland Drive es un auténtico tour de force cinematográfico, una película fascinante y de una
variedad visual apabullante (primeros planos, cámara nerviosa, travellings elaborados, panorámicas
diagonales, planos medios, movimientos de cámara, zooms, fundidos, planos desenfocados, etc.). Fruto de una
maduración estilística y temática de la obra de David Lynch es, a la vez, una
síntesis de diversos elementos previos (provenientes, especialmente, de Terciopelo azul, Twin Peaks, Hotel Room y Carretera Perdida) así como un homenaje
cinéfilo constante. Supone, además, el Mister Hyde de su obra reciente, considerando a Una historia verdadera como su Doctor
Jekyll. Lynch dilata y reconstruye un episodio piloto que rodó para una serie de
TV que, finalmente, fue rechazado por la cadena ABC. A través de una extraña y enmarañada historia, con varias
líneas argumentales que se van cruzando así como los habituales y complejos
puzzles simbólicos, Lynch ofrece al espectador una bajada pesadillesca a los
infiernos de la industria cinematográfica: es decir, la cara B de Sunset Boulevard.
De hecho, Mulholland Drive es la
versión más tenebrosa y retorcida de todas y cuantas disecciones del Hollywood moderno
han sido propuestas por el cine USAmericano. Sin embargo, por suerte para
cualquier espectador, no llega al cripticismo de Inland Empire aún cuando se deslicen errores e incoherencias varias
y aún cuando todo el metraje esté salpicado de la inconfundible galería de insólitos
personajes, situaciones inexplicables y breves diálogos característicos del estilo
tortuoso y surrealista del director de Montana, un estilo que la BSO de Angelo Badalamenti no hace sino reforzar. Como colofón, el film regala una magnífica interpretación de Naomi Watts, en el rol principal de una historia de sueños, identidad y amor fou.
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