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miércoles, 11 de enero de 2017

Terciopelo azul (Aka Blue Velvet)

3.5*

Una de las mejores formas de definir a David Lynch es mirar una de esas ilustraciones de Norman Rockwell por detrás. O darles la vuelta: es algo banal, familiar, pero es algo a lo que se le ve las entrañas. David Lynch es como ver por primera vez el escaparate de una carnicería. O como fijarse en esos cangrejos que todavía están vivos en el mostrador de una pescadería de barrio. El cine de Lynch es como un pellejo visto desde dentro. Pero, también, el cine de Lynch es lo que hacen los personajes de Edward Hopper antes de encerrarse en sus habitaciones o en sus bares. Algo parecido escribió David Foster Wallace en un artículo suyo que se hizo famosísimo en los noventa, un artículo que publicó en Premiere. Algo Lyncheano, decía, es algo banal, oscuro, surrealista y violento. Y esto es, precisamente, Terciopelo azul. Una canción hermosa, como epítome del American Way of Life, que, en realidad, esconde un submundo turbio, violento y misterioso. Una de esas “pequeñas películas excéntricas” en las que Lynch se embarcó después del fracaso anunciado de Dune. Una obra hipnótica, icónica y fascinante. Un film que cimentó la fama y el éxito de su creador. Una película que no gustará a todo el mundo.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Una histortia verdadera (Aka The Straight Story)

3.5*

Una historia verdadera es la prueba evidente que contradice todas las falacias que se han vertido contra David Lynch y contra su supuesta incapacidad para contar una historia a la manera tradicional y/o convencional. Las típicas críticas blandas que provienen de personas que no conocen la trayectoria de Picasso o Dalí, por ejemplo. Por un paisaje que es como un cuadro de Grant Wood, David Lynch mueve su cámara detrás de una historia de sacrifios y reencuentros, en la que un impagable Richard Farnsworth inunda los planos constantemente con su sabiduria actoral y su belleza cicatrizada. Además, la presencia final del gran Harry Dean Stanton nos recuerda lo frágiles y poderosos que son muchos de los actores de reparto USAmericanos. No es una vuelta al hogar, a la manera de Ulises, sino un reencuentro familiar. Bueno, es lo mismo. Un viaje insólito y humanísimo por su denuncia de las oscuridades del alma humana y porque pone el acento en que todos tenemos la capacidad de iluminarlas. Recuerda a la película de Paul Mazursky, Harry y Tonto.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Mulholland Drive

4.5*

Mulholland Drive es un auténtico tour de force cinematográfico, una película fascinante y de una variedad visual apabullante (primeros planos, cámara nerviosa, travellings elaborados, panorámicas diagonales, planos medios, movimientos de cámara, zooms, fundidos, planos desenfocados, etc.). Fruto de una maduración estilística y temática de la obra de David Lynch es, a la vez, una síntesis de diversos elementos previos (provenientes, especialmente, de Terciopelo azul, Twin Peaks, Hotel Room y Carretera Perdida) así como un homenaje cinéfilo constante. Supone, además, el Mister Hyde de su obra reciente, considerando a Una historia verdadera como su Doctor Jekyll. Lynch dilata y reconstruye un episodio piloto que rodó para una serie de TV que, finalmente, fue rechazado por la cadena ABC. A través de una extraña y enmarañada historia, con varias líneas argumentales que se van cruzando así como los habituales y complejos puzzles simbólicos, Lynch ofrece al espectador una bajada pesadillesca a los infiernos de la industria cinematográfica: es decir, la cara B de Sunset Boulevard. De hecho, Mulholland Drive es la versión más tenebrosa y retorcida de todas y cuantas disecciones del Hollywood moderno han sido propuestas por el cine USAmericano. Sin embargo, por suerte para cualquier espectador, no llega al cripticismo de Inland Empire aún cuando se deslicen errores e incoherencias varias y aún cuando todo el metraje esté salpicado de la inconfundible galería de insólitos personajes, situaciones inexplicables y breves diálogos característicos del estilo tortuoso y surrealista del director de Montana, un estilo que la BSO de Angelo Badalamenti no hace sino reforzar. Como colofón, el film regala una magnífica interpretación de Naomi Watts, en el rol principal de una historia de sueños, identidad y amor fou.