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jueves, 20 de abril de 2017

La centinela (Aka The Sentinel)

3*

Una modelo que aún no está preparada para el matrimonio, decide irse a vivir sola a un apartamento en un edificio de Brooklyn, justo enfrente del skyline neoyorkino. Pronto comienza a conocer a sus extraños vecinos. Mucho más extraños, ciertamente, que los de La semilla del diablo o que los de El quimérico inquilino. La película cuenta con algunas escenas realmente impactantes y una historia repleta de motivos seminales (esa puerta correriza parecida a la de Rojo profundo; ese cadáver lángido y redivido que recuerda al de Rec; esos seres deformes tipo Basket Case; ese edificio que podría ser una puerta a El más allá). En conjunto, aparece como una estupenda revisión del tema satánico, dirigida por el especialista en thriller urbanos, Michel Winner, pero con un componente típico de los giallo italianos: el trauma infantil. Por cierto, el plantel de actores es increíble y las interpretaciones muy solventes (Chris Sarandon, Christina Raines, Burgess Meredith, John Carradine, Ava Gardner, Arthur Kennedy, Martin Balsam, Beverly D’Angelo, Eli Wallach, Silvia Miles, José Ferrer, Jerry Orbach, Christopher Walken, Jeff Goldblum, Tom Berenger, etc.). La música, por momentos altisonante, acompaña correctamente al suspense y el maquillaje y los efectos resultan bastante estimables.

jueves, 15 de octubre de 2015

La princesa prometida (Aka The Princess Bride)

3*

Contar un cuento, narrar una historia, ¡un arte universal! ¡Un arte atemporal! Muchos han sido los narradores y muchas las historias, a lo largo de los años, a lo largo de los siglos, a lo largo del ancho mundo. Michael Ende, por ejemplo, hacía que el joven Bastian leyera una historia que le transportaba al mundo de Fantasía y, además, le aislaba de la realidad, de una realidad en la que sufría una especie de proto bullying de la época. El propio Ende decía que “para encontrar la realidad hay que darle la espalda y pasar por lo fantástico”. La ultraconservadora década de los ochenta tuvo el privilegio de vivir una recuperación del cine fantástico, como evasión de la realidad, como mecanismo para contemplarla de una forma distanciada y crítica y, también, y precisamente por ello, para introducir una serie de valores morales. La princesa prometida, clásico indiscutible del cine fantástico y juvenil contemporáneo, no es una gran película. Pero tiene todas esas cosas. Tiene todo lo necesario para que mozalbetes de todas las edades disfruten con la irrealidad del amor eterno, aderezado con una amistad a prueba de bombas, con un variopinto grupo de antihéroes (¡ese Iñigo Montoya, por Tutatis!) que colaboran entre sí en pos de un fin colectivo y con un mundo irreal en el que los milagros pueden suceder. Y, por encima de todo, con la victoria del bien, que aplasta, sonriendo, a todas las costrosas y egoístas manifestaciones del mal. Una joya encantadora, para disfrutar de una tarde insulsa de sábado.