Alec Guiness se calza la sotana
del Padre Brown, el famoso detective creado por el gran G.K. Chesterton, en una
de las más conocidas versiones de la obra del escritor inglés. La verdad es que
el film es un tanto naïve y aburrido pero las interpretaciones
de Guiness y de Peter Finch (en el papel de Flambeau) consiguen atrapar al
espectador en una trama que sigue libremente “La cruz azul”, la primera de las
historias sobre el perspicaz y bonachón detective católico,
experto en delitos pero también en pecados, como diría Fernando Savater.
Orquestando toda la producción, el mítico Robert Hamer, autor de una de las
mejores comedias de la Ealing, Ocho
sentencias de muerte, con la que comparte parte del elenco (el mencionado,
más Joan Greenwood). Una de esas películas que pueden satisfacer los instintos
arqueológicos de los espectadores más entregados. Simplemente.
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sábado, 14 de febrero de 2015
lunes, 16 de abril de 2012
Network (Un mundo implacable)
3.5*
Despiadado retrato de los tejemanejes televisivos y de la
forma en que las cadenas de TV sacan brillo a los intereses económicos de las
corporaciones que hay detrás de ellas. Sidney Lumet sirve en bandeja de plata
un drama sobre las ambiciones de un selecto grupo de hueros y despiadados
ejecutivos en su lucha por los índices de audiencia. Y lo hace a costa de caer
algunas veces en una ridícula farsa. Sin embargo, la profundidad general del
planteamiento y la entregada interpretación del cuarteto protagonista salvan con
creces la función. A destacar el sobrio papel de William Holden, una
histriónica pero glacial Faye Dunaway, un avaricioso Robert Duvall y, por
encima de todos, un mesiánico y subversivo agitador –interpretado con mil y un registros por
un Peter Finch en su último papel-, el cual, a la postre, es descarnadamente utilizado para los propios fines corporativos. Unos fines corporativos
representados por el personaje de Mr. Jensen, que pronuncia una de las frases
más famosas del film: “el mundo es un negocio”. La dirección es sutil, fluida,
televisiva, con una excelente fotografía fija de Owen Roizman (el mismo de Libertad Condicional o de la magnífica Los tres días del cóndor). 4 años más
tarde, en 1980, Bertrand Tavernier rodaría La muerte en directo, una alegoría futurista sobre un mundo en el que filmar
la muerte es todo un acontecimiento televisivo. Por cierto, uno de los 2
asesinos que salen en la película es Tim Robbins.
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