El viticultor Federico Villalba (Alfredo Landa) se presenta a
las elecciones de su pueblo con el apoyo de un constructor casposo e ignorante,
que admira la decencia de su candidato pero, a la vez, es un adicto a la
pornografía. En uno de sus múltiples viajes a Madrid, su mujer y una amiga, que
se han quedado en el pueblo viendo la TV, reconocen a alguien muy parecido a
Federico, con una rubia despampanante y en un partido de fútbol. Ambas,
asombradas por tal parecido, comienzan a investigar a Federico. Comedia
de destape, típica del cine de la época y también de Don Mariano
Ozores y de su locuaz hermano Don Antonio. Cuenta con la presencia, siempre
estimulante, de Mirta Miller, una de las actrices más desaprovechadas de la
historia del cine español. Además de una evidente crítica de esa hipocresía
característica del cruzado español
medio, el film tiene una extraña
moraleja que podría parecer adelantada a su época pero que, en el fondo, es
demasiado machista para poder tomarla en serio. Con similares, parecidos y
análogos temas, Landa ha rodado El
alcalde y la política y Las Verdes praderas, aunque con
resultados artísticos dispares, puesto que, por ejemplo, este último título es,
probablemente, uno de los trabajos más interesantes de José Luís Garci. En
definitiva, una película para ver en alguno de esos inconscientes momentos en que uno pueda echar de menos las raíces de un país tan carpetovetónico como España.
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martes, 22 de abril de 2014
Alcalde por elección
2*
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martes, 17 de diciembre de 2013
Manolo la nuit
1.5*
Manolo la luit (Alfredo Landa), un auténtico especimen celtibérico,
trabaja en la costa española como guía turístico donde, además, se dedica a flirtear
con las fantasías sexuales de decenas de extranjeras. Hasta que su mujer se
entera y decide darle un escarmiento con la ayuda de su cuñada. Mariano Ozores
y Vicente Coello (guionista de las películas de Paco Martínez Soria), se
enfundan los guantes de la sutileza y el buen gusto y presentan la típica
comedia, fina y sofisticada, sobre el diálogo entre dos culturas: la España conservadora,
machista y reaccionaria y la España aperturista (representada por el turismo,
el alterne y ese Alfredo Landa tocando rodillas a tutiplén en las piscinas y en
las boite, como un José Luis López
Vázquez). Herederas del cine del “cateto entrañable”, desarrolladas por los
landismos de todo tipo y precursoras del cine de destape, S y X posterior y del
cine cutrecasposo en general, las “españoladas” (el “cine de barrio setentero” o,
simplemente, el cine cómico tardofranquista) han tenido diversas etiquetas pero
todas ellas ponen el dedo en la llaga al subrayar la naturaleza presentista,
casi ad hoc, de esta corriente cinematográfica,
realizadas para retratar el aquí y el ahora del país, la españa pre democrática.
De hecho, esta clase de producciones proporciona, inconscientemente, lo que
Miguel Ángel Huerta ha denominado el reflejo de una época, con sus costumbres, sueños,
miedos y prejuicios. Y también, con sus moralejas y valores. Aunque,
especialmente, como el mismo Alfredo Landa ha dicho, el landismo intenta
retratar el aperturismo moral frente a la represión sexual anterior, propia de
una cultura católica ultra conservadora. En este sentido, aun a costa de su
propia caricatura, el landismo representó una auténtica (pero bizarra) escuela sexual para la
época, aunque ahora podamos verlo como algo históricamente coyuntural y
artísticamente zafio, a medio camino entre el astracán, el sainete de
costumbres y la revista, entre el teatro popular y el cine exploitation.
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