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lunes, 9 de noviembre de 2015

Nazarín

3.5*

Es fascinante disfrutar de una de esas road movies tan queridas en el cine de Buñuel, en este caso sobre la vida de un humilde cura rural, Don Nazario (“beato”, “carroña de santurrón”), interpretado por Francisco Rabal. Una vez que es privado de sus hábitos por una falsa acusación, Nazarín se dedica a recorrer los caminos del señor intentando hacer el bien, como un quijote pío ( “enderezando entuertos y desfaciendo agravios”), y con la compañía de dos mujeres (“ignorantes”, “supersticiosas”), que llevan los demonios dentro. Lo curioso es (y he aquí el genio del aragonés) que las cosas buenas también engendran maldades, como muy bien sabía el Divino Marqués, autor de cabecera de Don Luis. Como el mismo Buñuel afirma en sus divertidísimas memorias, Mi último suspiro, estamos ante la primera adaptación de una novela del gran Benito Pérez Galdós. De es "cura itinerante", que diría Carlos Fuentes.  Una adaptación bastante libre, eso sí. Para ello, como el mismo Buñuel reconoce, al no ser demasiado talentoso con la pluma, se acompaña de su habitual partenaire charro en las labores de guión, imprescindibles para la elaboración al baño maría de un buen film. Así, si Berlanga tenía a Azcona, el Buñuel mexicano tuvo a Luis Alcoriza. Y el Buñuel internacional tendrá a Carriere, como todo el mundo sabe. Una de las obras maestras del de Calanda, en su etapa mexicana, y una auténtica película 100% anti-trendy.

viernes, 8 de mayo de 2015

Una mujer sin amor

3*

Melodrama de Luís Buñuel, de su etapa mexicana, sobre un cuento de Guy de Maupasant. Una mujer casada se enamora de un ingeniero pero ha de renunciar a ese amor para mantener su anterior matrimonio y a su hijo. Años después, recibe una noticia desde Brasil que hará desestabilizar su vida. El director aragonés, sobre una capa de aparente sencillez, ofrece varias de sus certeras pinceladas sobre los valores burgueses. La historia, un tanto increíble, permite hablar de esta película como si fuera una especie de melodrama "saturado de color", a lo Douglas Sirk, aunque jugando con los tonos del gris, en este caso, eso sí. Desde el punto de vista de la técnica cinematográfica y de la puesta en escena, hay un par de escenas bastante interesantes: la del vals y la de la boda, casi al final, con dos travellings maravillosos, el uno abriendo hueco a la pareja de baile; el otro moviéndose hasta una silla vacía. Una de esas obras, digamos, menores del gran Luis Buñuel que, sin embargo, es una historia muy bien narrada e interpretada.

jueves, 26 de febrero de 2015

El discreto encanto de la burguesía

4*

Rafael Acosta (Fernando Rey) es el pintiparado embajador de la República de Miranda y forma parte de un grupo de amigos burgueses que, cada vez que se intentan reunir para celebrar alguna cosa, un acontecimiento imprevisible y bizarro se interpone en sus celebraciones. Con un argumento parecido al de El ángel exterminador y con esa mezcla de costumbrismo y surrealismo que es típica de buena parte del cine del director aragonés, Buñuel dirige la que, con probabilidad, sea una de sus películas más divertidas, una sátira despiadada acerca de los tortuosos valores ético-estéticos de la clase social líder a finales del siglo XX y comienzos del XXI, la burguesía. Una clase poderosa que hace negocios infames todos los días pero que tiene que elaborar y mantener una falsa moral con la que lavarse la cara todas las mañanas, tal y como expone Peter Gay en La experiencia burguesa. Una clase social que ha transformado la realidad en un sueño dentro de un sueño, en un sueño que, de hecho, bordea la pesadilla para millones de seres vivos (incluyendo millones de seres humanos) sobre la tierra. De hecho, el film forma parte de lo que Chad Trevitte ha denominado la trilogía burguesa, junto con El fantasma de la libertad y Ese oscuro objeto de deseo

viernes, 6 de septiembre de 2013

Un perro andaluz

3.5*

Obra maestra del surrealismo español, dirigida por un Luís Buñuel casi en pañales pero repleto de muchas de las constantes de su posterior filmografía. De hecho, salvo el anticlericalismo, casi todas sus obsesiones están en estos pocos minutos de cine experimental pero narrativo, absurdo pero naturalista, burgués pero subversivo, y en el cual se encuentran, por otra parte, muchas de las ideas e imágenes que películas posteriores harían mundialmente famosas (como la oreja de Terciopelo Azul, la mariposa de El silencio de los corderos o la boca sellada de Matrix, por poner solo algunos de los más populares ejemplos). Buñuel se sirve del cine mudo como vehículo visual para dar rienda suelta a su imaginación, a su inconsciente y a sus sueños. Y lo hace a través de una historia simbólica que dinamita varias convenciones estéticas y morales y que, en el fondo, no es sino un “apasionado llamamiento al crímen”, en palabas del propio calandés. Además, no faltan oportunas referencias a las pulsiones de la época y al ambiente donde el director aragonés se formó: la piscología freudiana, la poesía surrealista, la imaginería daliniana, la fascinación del horror, referencias a García Lorca, a la música de Wagner, etc. De obligado visionado para todos aquellos que quieran aprender a valorar el cine contemporáneo en su justa medida: es decir, comparándolo con sus ascendientes.




lunes, 27 de mayo de 2013

Él

3.5*

Probablemente, la mejor disección que se haya rodado jamás sobre el abismo en el que caen las personas celosas (muy por encima, por ejemplo, de Primavera precoz, Que el cielo la juzgue, El infierno o Te doy mis ojos). Francisco Galván, un rico burgués, hombre de bien y cristiano practicante, conoce a una mujer de la que se enamora perdidamente. Consigue casarse con ella aunque estaba prometida con un viejo amigo. Sin embargo, en la misma noche de bodas comienza a manifestar una exagerada inseguridad por cualquier hombre con el que su reciente esposa mantenga una simple conversación. Poco a poco, comienzan a aparecer los síntomas de los celos patológicos, una enfermedad cruel y compleja que afecta tanto al enfermo como a quienes le rodean, especialmente a la persona objeto de los mismos, que padece un continuo calvario de insultos, acusaciones arbitrarias, interrogatorios absurdos, vejaciones y demás artimañas de la sinrazón. Una sinrazón en la que suelen caer las personas celosas, las cuales, incluso, pueden desarrollar transtornos duales de la personalidad y paranoias de todo tipo. Aunque el guión pudiera parecer un tanto exagerado en su desarrollo (respecto de los efectos de la enfermedad en el protagonista y de la pusilanimidad de su esposa), la radiografía sigue siendo estremadamente certera y, además, está rodada y montada con esa aparente sencillez que está al alcance de muy pocos. Por su parte, los grandes actores mexicanos Arturo de Cordova y Delia Garcés componen dos excelentes intepretaciones.



miércoles, 3 de abril de 2013

El esqueleto de la señora Morales

3.5*

En 1994, Fernando Fernán Gómez sorprendía a los espectadores con una comedia negrísima titulada Siete mil días juntos, protagonizada por José Sacristán y Pilar Bardém y cuyo guión estaba basado en una idea de Luís Alcoriza. Pues bien, tanto el film de Fernán Gómez como la idea de Luís Alcoriza estaban basadas en un cuento del gran narrador galés Arthur Machen titulado El misterio de Islington, cuyo argumento esencial se presenta, esquemáticamente, en la primera página de la narración pero rescata detalles de todo su desarrollo. La idea básica consiste en el asesinato que comete un hombre normal que vive bajo la madición de una esposa de carácter agrio e insoportable compañía (aunque en este film, además, es beata, hipócrita y acomplejada). Pues bien, la primera adaptación cinematográfica de esta narración se presentó en esta estupenda El esqueleto de la señora Morales por obra y gracia de Rogelio González, sobre un guión del colaborador habitual de Luís Buñuel, el ya mentado Luís Alcoriza. Por todo ello, además del costumbrismo y pintoresquismo mexicano (retratado con complicidad por la cámara de González y la iluminación retorcida de Víctor Herrera, casi como si fuera una lámina de Berni Wrightson), así como de las reflexiones sobre el crímen y lo policial, Alcoriza añade su característico tono social, satírico e, incluso, anticlerical, típico también, por cierto, de la obra del aragonés universal. Aunque, en todo caso, el espíritu general de la historia es su corrosivo humor negro, no exento de enseñanza moral. Mientras que en el relato original el protagonista es un empresario, en esta película es un taxidermista y en la obra de Fernán Gómez es un bedel del anatómico forense. Excelentes composiciones de Arturo de Córdova, en el papel de embalsamador de animales; Amparo Rivelles en el papel de odiada esposa y Antonio Bravo en el papel de entrometido cura (un personaje que físicamente, por cierto, recuerda a Lawrence Sterne).


sábado, 2 de febrero de 2013

Robinson Crusoe (Aka Aventuras de Robinson Crusoe)

3.5*

Robinson Crusoe es la película de aventuras de Luis Buñuel. No es la única que rodó pero sí es la mejor. Y aunque esté rodada en inglés, con el protagónico del actor irlandés Dan O'Herlihy y con varios miembros anglosajones en el equipo técnico, es una auténtica producción mexicana, rodada en Manzanillo, aunque distribuida por la United Artist. El film fue filmado en 1952 pero se estrenó dos años después. La adaptación es una de las mejores que se han realizado en la historia del cine y la interpretación de O’Herlihy es tan versatil que casi consigue el Oscar de ese año (que se llevó Marlon Brando por La ley del silencio). Buñuel acentúa el mensaje político de la novela original, ofrece alguna que otra pincelada anti clerical, propia de su personal cosmovisión, y redondea una contundente parábola de la actitud colonial del hombre blanco. La película destaca por su excelente concisión narrativa, por el ejemplar uso del montaje y por el guión, que consigue emocionar más de 50 años después de su estreno. La BSO es de Anthony Collins y fue la última de su carrera, mientras que la fotografía corrió a cargo del experimentado Alex Phillips. Una maravilla para ver una de esas tardes frías de sábado.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Ana y los lobos

3.5*
Dedicada a un seguidor Anónimo.

Una joven institutriz inglesa llega a una mansión, en medio del campo, para encargarse de la educación de tres niñas que viven con sus padres, sus dos tios, su abuela y los criados. Desde el mismo momento de su llegada, la institutriz comienza a presenciar el extraño comportamiento de todos los miembros de la familia. Siguiendo a Buñuel y a Fellini, Carlos Saura da rienda suelta a sus querencias autobiográficas y necesidades sociológicas y presenta un auto sacramental sobre la esencia de la España franquista, construida sobre la Iglesia, el ejército y la familia burguesa patriarcal, en un clima de represión sexual, tabúes y violencia vital, como en La caza. Una lectura literal de la película siembra el desconcierto porque Ana y los lobos insta al espectador a realizar una lectura alegórica, donde cada uno de los personajes representa una idea o una institución y, por tanto, la familia entera podría representar a una parte importante de la realidad del país. Saura se cita constantemente a sí mismo y a su cine (tanto retrospectiva como prospectivamente, como diría Borges), conviertiendo a esta película en una especie de summa fílmica del autor. Pero también es, paradógicamente, la bisagra para el tipo de cine que llevaría a cabo en los setenta. Los actores (Geraldine Chaplin, Rafaela Aparicio, Fernando Fernán Gómez, Juan María Prada, Juan Vivó y Charo Soriano) convierten a sus personajes-idea en unos seres absolutamente creíbles y tanto la dirección como la puesta en escena acusan una soltura y una levedad como solo alguien que domina el medio cinematográfico puede llevar a cabo. El final, por muy fantasioso que se quiera ver, es de una dureza seca y despiadada. Además, se transforma en un poderoso “símbolo visual” de la Guerra Civil española. 



martes, 5 de junio de 2012

Belle de jour

3.5*


La hermosa Catherine Deneuve entra a trabajar en una casa de citas a causa de un trauma producido en su infancia, que le ha causado frigidez, y a causa, también, de la insatisfacción de su vida sexual conyugal, que contrasta con el profundo amor que profesa a su marido. A partir de esta premisa, Buñuel continúa con su valiente filmografía y ofrece una sofisticada historia de frustraciones, ensoñaciones y deseos masoquistas. Así, todos los aspectos de esta película de encargo (propuesta por los hermanos Hakim) destacan por su alto nivel técnico-artístico: la elegante dirección, la contenida puesta en escena, una fotografía apropiadamente otoñal, las soberbias interpretaciones del cuarteto protagonista, y el inteligente guión de Carrière y Buñuel. Un guión que podría haber hecho aguas por cualquier lado pero que, en sus manos, se convierte en una suculenta disección de las emociones y pulsiones sexuales de la burguesía (disección que podría completarse con The Bourgeois Experience, de Peter Gay). Y todo ello pese a un final excesivamente misterioso y surrealista. Lo curioso del hecho es que la novela en la que se basó Luis Buñuel (de 1928) rezuma moralismo por los cuatro costados. Por otro lado, Belle de jour es una prueba más de que, en pantalla, puede mostrarse casi cualquier escena de violencia (salvo las más explícitas y crueles) pero, curiosamente, no puede mostrarse sin censura escenas obscenas, cuando en realidad, como decía Henry Miller, la auténtica obscenidad es la violencia y la guerra. Por eso, es una lástima que casi todas las escenas de este tipo acontezcan fuera de plano ya que Buñuel, probablemente, las hubiera rodado con esa mezcla de elegancia y perversidad con la que luego se hicieron famosos Guido Crepax (Valentina) y Milo Manara (Jolanda). Hay que recordar que incluso el ABC se rindió ante este film, cuando se alzó (en 1967) con el León de Oro en Venecia. Dos años después, en 1969, Sidney Lumet presentaría Una cita, sobre la prostitución de lujo.




lunes, 5 de diciembre de 2011

Un método peligroso

3*


Quien haya disfrutado de la irónica y amarga literatura de Arthur Schnitzler (por utilizar las palabras de Claudio Magris), le sorprenderá muy poco descubrir los pormenores de la vida cotidiana de la burguesía mitteleuropea, tal y como queda retratada en la última película de David Cronenberg, y los factores que la sustentan: una defensa de la vida familiar, las convenciones matrimoniales y las apariencias sociales, en contraste con una obsesión por la satisfacción de los apetitos y las pulsiones sexuales, y todo ello en un clima de represión (ya subrayado por Michel Foucault). Sin embargo, como afirma el propio Jung en la película, es posible que exista en la vida algo más que sexo, en contra de lo que pueda decir el propio Freud o, incluso, un Woody Allen. Y a esto se dedica toda la historia: a desentrañar si existe o no dicha posibilidad. Así, además de una pugna intelectual entre Sigmund Freud y su discípulo C.G. Jung (lo que los personajes hablan), Cronenberg narra la relación triangular entre ambos y una paciente del segundo, la atormentada Sabina Spielrein (lo que los personajes hacen), con las teorías freudianas y el trastorno neurótico de la paciente catalizando toda la acción. El clásico Psychopathia sexualis, de Richard von Krafft-Ebing (1886), ya describió lo que constituye el caso clínico central de la historia: un caso de masoquismo (como el de Belle de jour), que pone sobre la mesa, además, el sadismo latente del terapeuta. Cronenberg sigue con su transición hacía un clasicismo en la forma y en el contenido, que ya comenzara con Spider y con Una historia de violencia, a costa de su torturado y viscoso mundo anterior, a lo que hay que añadir un comentario crítico: se abusa del plano en profundidad (un rostro en primer término y otro al fondo: ambos enfocados), como hiciera De Palma en Carrie y, con más tino, John Houston en Freud, pasión secreta, la cual, como instrumento pedagógico, al servicio del psicoanálisis, es bastante más efectiva. Por otro lado, hay que destacar el excelente trabajo de Michael Fassbender. Finalmente, la película se sostiene sobre una frialdad emocional y estética que sí, puede ser coherente con la época, pero también pueder ser interpretada como un síntoma del tipo de interés que despierta la historia.