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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ciudad muy caliente (Aka City Heat)

3*

Agradable pero imperfecto intento de reconstruir el antiguo y genuino cine de gángsters de los años treinta y cuarenta, con dos de las estrellas más rutilantes y varoniles de finales de la irredenta década de los setenta y comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta: Burt Reynolds y Clint Eastwood, quien deja en manos de un novato Richard Benjamin una producción de su querida Malpaso y en clave de comedia. Tenientes incorruptibles, detectives privados ligones, matones sin escrúpulos, tiernas prostitutas, entregadas secretarias, partidas de póquer, tiroteos en plena calle, traiciones, Diners y locales de jazz, etc. Vamos, todo el potpurrí, toda la fauna y la flora del noir USAmericano clásico pasado por las manos de Blake Edwards. En pantalla, tenemos un estimable y simpático barnizado a ese cine añorado que ejemplifica a las mil maravillas El enemigo público número Uno, del gran James Cagney, a quien se rinde cumplido homenaje, por supuesto. Coincidió  en los cines de la época (3 años antes) con la entronizada Los intocables de Eliot Ness, lo cual no dejó de ser un gran handicap, ya que, debido a ello, no ha disfrutado, desde entonces, de especial éxito de público ni de crítica. Como curiosidad, la película trasluce el amor del propio Eastwood por el jazz, además de sentarle frente a un piano de cola. 

viernes, 5 de septiembre de 2014

Almas de metal (Aka Westworld)

3*

En un parque temático llamado Delos, una empresa de paquetes vacacionales ha recreado el Far West, el mundo medieval y el antiguo Imperio Romano para el deleite de los turistas. Así, y previo pago de 1.000 dólares diarios, cualquiera puede vivir una excitante experiencia haciendo turismo histórico. Con una premisa tan postmoderna, basada en la sociedad del espectáculo (Debord) y la simulación (Baudrillard), el escritor y director Michael Crichton presentó una pequeña película de culto sobre las sombras de la tecnología y, especialmente, sobre su explotación mercantil. Richard Benjamin y James Brolin deciden pasar unas vacaciones en el Lejano Oeste pero todo se tuerce cuando las máquinas comienzan a funcionar mal y un enajenado pistolero, interpretado con alma de metal por Yul Brynner, comienza a hacer estragos entre los huéspedes humanos. A una realización cuasi televisiva, propia del cine de Crichton, hay que añadir una concepción del tempo fílmico realmente ponderada así como unos efectos especiales curiosos para la época. A propósito, el relativo éxito del film precipitaría una secuela de mucha menor calidad, Futureworld