Volvemos a las adicciones. En este caso, a las de Nick
Nolte, un maduro ladrón, jugador y heroinómano al que las cosas no parecen
pintarle bien. Por eso, decide apostar todas sus fichas a un último trabajo, un
golpe falso que encubre a otro verdadero, como las copias de cuadros famosos,
un golpe que planificará y ejecutará con la ayuda de un heterogéneo grupo de
arrabaleros de la Riviera francesa, con la presión de un inspector de policía justo detrás. Cuando la cosas se complican y parece que
todo se va a ir al garete, la suerte hace acto de presencia para justificar el
aire de comedia de toda la película y para endulzar la sonrisa del espectador.
Neil Jordan dirige esta historia con su proverbial riqueza visual, una mixtura
–no siempre justificada- de estilos y referencias cinematográficas, la más
conocida de las cuales es, sin duda, Jean Pierre Melville y su Bob le flambeur, de la cual Jordan hace
un respetuoso remake. Excelente
trabajo de Nick Nolte, admirable en su forma de susurrar esa mezcla de inglés
culto y barriobajero que también sabe gritar convincentemente. Sutil también su
trabajo corporal y expresivo, en un personaje que se balancea entre lo tosco y
lo sensible sin abandonar esa atractiva y atrayente áurea de perdedor. El resto
de actores incluye a un excéntrico Kusturica y a los Hermanos Polish, poseedores
de una extraña filmografía.
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viernes, 11 de mayo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
No habrá paz para los malvados
3.5*
Una dura historia sobre un policía trasnochado y autodestructivo, que va un paso por delante de todo el cuerpo y justo uno por
detrás de una trama de terrorismo islámico. Con fuertes pero digeridos ecos del
Pekcinpah de Quiero la cabeza de Alfredo
García y La huída, de ese Jean
Pierre Melville antiheróico y del Siegel de Harry
el sucio, Urbizu consigue su mejor trabajo hasta la fecha, en un film negro y fiero que sobresale por una iluminación
homogénea y exquisita. Cada plano (incluidos los generales) está equilibradamente compuesto, cada escena convenientemente
planificada, cada línea de guión es una parte acerada de un engranaje que
funciona, tanto en el nivel de la trama como en el del suspense, tanto en el
retrato de personajes (verosímiles aún en sus ropas arquetípicas) como en la
representación de un mundo sucio, desgastado, implacable: el Madrid del siglo XXI. Salvo por algún que otro bajón rítmico, cierta confusión argumental y una
BSO cuasi invisible que, paradójicamente, se nota cuando está (es decir, no acompaña,
no enriquece la historia; en este punto, probablemente, haya también un problema
con el sonido directo), la película es un dignísimo thriller con decenas de detalles que la hacen grande y más compleja
de lo que a primera vista puede parecer. Coronado se gana al espectador con su conseguido
mimetismo en el papel central, Santos Trinidad, mientras que el resto de actores cumplen con su papel (y ahí es
nada) apuntalando una historia que se construye, básicamente, con imágenes, no
con diálogos, como algunos de los mejores westerns.
Etiquetas:
2011,
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No habrá paz para los malvados,
Policía,
Sam Peckinpah,
Thriller
jueves, 16 de febrero de 2012
El silencio de un hombre
4*
Estilizado thriller
noir sobre las actividades de Jef
Costello, un asesino hierático, solitario y meticuloso que es como un samurai. O como un
tigre. Interpretado por Alain Delon, en la cumbre de su atractivo y de su éxito, el personaje trae a la mente al Vince Edwards de Murder by contract. Inspirándose en la novela The Ronin, Jean Pierre Melville crea una obra hipnótica, de una incisiva
abstracción, con una escenográfica austera y una puesta en escena precisa, elegante
y muy elocuente (tanto que los 10 primeros minutos no contienen diálogo
alguno). En la línea de El último suspiro,
supone una de las obras cumbre del polar francés, en general, y del cine de Jean Pierre Melville, en particular, y
constituye la segunda parte de la trilogía
Delon del director, además de Círculo rojo y Crónica negra. La influencia de esta película en la obra de Johnnie
To, John Woo o del propio Quentin Tarantino, entre otros, es notable y conviene
recordarla, así como en Ghost Dog, del gran
Jim Jarmusch.
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