Mostrando entradas con la etiqueta Bill Muray. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bill Muray. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de septiembre de 2014

Los Tenenbaums, una familia de genios (Aka The Royal Tenenbaums)

4*

Los 3 hijos del matrimonio Tenembaum han disfrutado de varios éxitos juveniles pero, ya en la madurez, llevan una vida normal, bajo la sombra de la egoista y manipuladora personalidad del pater familias. Pero todo parece cambiar cuando Royal Tenenbaum (Gene Hackman), el patriarca, pretende volver al hogar para recuperar la relación con su mujer (Anjelica Huston) y con sus hijos (Ben Stiller, Owen Wilson y Gwyneth Paltrow), lo que dará pié a un juego de tiras y aflojas realmente sorprendente. Con seguridad, la obra maestra de Wes Anderson, junto con Fantastic Mr. Fox. Una película scottfitzgeraldiana, hermosa desde el punto de vista estético pero también desde el punto de vista moral, con ese miniaturismo visual y este tono ligero (tanto en la comedia como en el drama) que es el rasgo idiosincrásico de la filmografía del director, su seña de identidad, pero que consigue rellenar de un maternal sentido de la bondad, presente también en sus mejores logros. Y es que, al contrario que alguna de sus películas (como Life Acuatic o Moonrise Kingdom), varias de las historias que se entrecruzan en el film (otra de las carácterísticas del cine de Anderson) emocionan realmente porque el espectador se las cree (como la primera parte de Viaje a Darjeeling o Academia Rushmore), gracias también, qué duda cabe, a las entregadas interpretaciones de Hackman y Huston (quien, por cierto, rinde homenaje a la propia madre del director). A propósito, en este caso, las elaboradas coreografías de puesta en escena y montaje (a las que se refiere Matt Zoller en su Wes Anderson Collection), se sacrifican con precisión a los efectos dramáticos y edificantes del argumento, lo cual es un logro en toda regla.


lunes, 30 de julio de 2012

Moonrise Kingdom

3*

Wes Anderson, el discípulo aventajado de Stanley Kubrick, vuelve a uno de sus mundos preferidos en esta comedía satírica de aventuras sobre el descubrimiento del amor y del sexo, ambientada en un campamento boy scout de los años sesenta y con varias referencias autobiográficas. Precisamente por eso, los protagonistas podrían ser considerados como la versión juvenil del matrimonio animal de Fantastic Mr. Fox, probablemente la obra maestra de Anderson. A fuerza de un esteticismo impenitente, este inofensivo diorama parece, por momentos, un producto cinematográfico hiperrealista, a base de insertar tomas descriptivas y pequeños detalles en la estructura narrativa, y ello a pesar de ciertos anacronismos. La música (de Benjamin Britten a Hank Williams, de Alexandre Desplat a François Hardy) ayuda a conseguir eso que Roland Barthes llamó “efecto de realidad”, un efecto que, sin embargo, se queda en el nivel de un spot televisivo. Temática, visual y ornamentalmente, la película recuerda a esos filmes usamericanos y británicos, de los sesenta y setenta, sobre el difícil mundo de los adolescentes, ya sea en granjas del medio oeste o en pleno Londres, como Melody, Tú a Bostón y yo a California, Harold y Maude o algún que otro film de Fielder Cook. Siendo fiel a esta influencia, no por causalidad, la película está rodada en 16 mm. Por su parte, Edward Norton, Bill Murray y Frances McDormand se mimetizan con sus papeles, Bruce Willis pone su voz y sus gestos habituales (a su típico papel) mientras que Harvey Keitel y Jason Schwartzmann sorprenden en sus respectivos roles. Respecto de los actores protagonistas, poco que decir: un inglés relativamente inexpresivo y unas interpretaciones como de obra de fin de curso. Finalmente, para ser honestos, la película adolece de unos efectos especiales de medio pelo y le sobran, claramente, un par de escenas que consiguen sonrojar al espectador (por ejemplo, la del rayo o la de la torre del campanario).