Lovecraft decía que “the oldest and strongest emotion of mankind is fear”,
especialmente el miedo a lo desconocido. Y el ser humano, no todos pero sí casi
todos, se han sentido atraidos por las distintas formas de representar el
terror, tanto en literatura como en las artes plásticas o el cine. Sobre los
rituales, sobre los dioses antiguos y sobre los sacrificios, especialmente a
los que el maestro de Providence llamaba los Great Old Ones. Una película que rompe las reglas, los moldes de
varios géneros (terror, ciencia ficción, comedia), donde no se sabe muy bien
qué va a pasar a continuación pero que, en última instancia, se sostiene sobre
un guión que de tan sofisticado que es por momentos se muestra parcialmente
inverosímil. Por otro lado, como en Muerte
entre las flores, hay demasiados detalles que encajan muy forzadamente y
que, además, continuamente llaman la atención del espectador sobre la
naturaleza titiritera del producto. En última instancia, la película es una
muestra de lo que podríamos llama terror metaficcional, como la
interesante Detrás de la máscara: El encumbramiento de Leslie
Vernon. De hecho, desde
una posición típicamente postmoderna (autoconsciencia
irónica), el film está repleto de
múltiples referencias a los mitos del terror de varias culturas y de varios
lugares (desde el hombre lobo hasta Cube,
desde el payaso de It hasta la obra
de Clive Barker), además de a varias películas, especialmente a Posesión infernal Viernes 13 y a los clásicos slasher
de la ultraconservadora década de los ochenta. Es decir, lo mismo que Joss Whedon está realizando con la space opera.
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lunes, 17 de abril de 2017
viernes, 29 de mayo de 2015
Vengadores: La era de Ultrón
3*
Supervitaminada y mineralizada segunda
entrega del superhero team de la
Marvel, el todopoderoso contubernio que se hace llamar The Avengers, con una pequeña representación de alguno de sus más
conspicuos integrantes (los que aparecen en la primera parte de la saga, es
decir, superhéroes de reconocido tirón comercial, que Stan Lee no es tonto) y
con la presencia, nada menos, que de Ultrón, el robot egocéntrico. Al contrario
que la primera parte de la serie, sin embargo, el guión flojea más de la cuenta
(negativo a Joss Whedon) y el espectador nostálgico corre el riesgo de
aburrirse entre tantas batallas hiper cósmicas, entre tanto pressing catch cuasi mutante y entre
tanto compañerismo pseudopatriotero y pseudo dramatizado. De hecho, el texto
deja fuera varias complicaciones y complicidades del evento creado por el comic book original, obra de Brian
Michael Bendis. En todo caso, un film
poderosamente rodado y montado, con unos FX de últimísima generación, que
articulan a la perfección varias contundentes escenas de acción (como la lucha
entre Hulk e Iron Man, por ejemplo), y con la siempre estimulante presencia de
Robert Downey Jr. (en su fantástico papel de Tony Stark/Iron Man) y de la
actriz de la casa de al lado, Scarlett Johansson, cada uno para un público muy
bien determinado. Ahh, por cierto, además se puede contemplar al insípido
Capitán América y el mitológico Thor, el escandinavo de acero. Una película intrascendente,
por tanto, que gustará a espectadores +/- 16 años, aunque estén acostumbrados a esta clase de historias y a esta clase de efectos especiales debido a su adicción cuasi diaria a los videojuegos.
Etiquetas:
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Vengadores: La era de Ultrón
martes, 22 de mayo de 2012
Los vengadores
3.5*
Tras un buen surtido de fascículos coleccionables de la Marvel (algunos de
ellos soberbios, otros grotescos), por fin llega el Almanaque Anual, el Número
Especial, un episodio repleto de acción, aventura y esa imaginaria clase de
hombres que, dentro de su -a menudo- ridícula apariencia, inyectan ilusión a la
raza humana: los superhéroes. Y tratándose de la compañía fundada por Stan Lee,
no podrían ser otros que Los Vengadores.
Joss Whedon (el creador de esa extraña y muy efectiva space opera que es Serenity),
consigue crear un compacto y divertido entretenimiento -alejado de la
oscura introspección de alguna de las mejores entregas anteriores-, basándose
en unos fascinantes personajes, en un guión épico (que se va densificando según avanza
la trama) y, sobre todo, en unos brutales efectos especiales que, cuando
inundan la pantalla, se someten a los requerimientos de la acción y del
desarrollo dramático (y no al revés). La historia gira en torno al apetito de
poder de Loki, Príncipe de Asgard, que dirige su venganza contra su hermano Thor y contra su protegida:
la Tierra. Mención aparte para unos actores que se enfundan (como sus alter egos)
en sus respectivos trajes, sin ningún tipo de fisura (salvo, quizás, Viuda
Negra u Ojo de Halcón), especialmente Robert Downey y Mark Ruffalo. Sin
embargo, ese Nick Furia que propone Samuel L. Jackson, ni convence ni resulta
apropiado a la historia. Por otro lado, reconforta encontrar en pequeños
papeles a Powers Boothe, Harry Dean Stanton y Stellan Skarsgard. En su contra,
la película tiene un flojo comienzo, esporádicos diálogos adolescentes, una BSO mil y una vez escuchada y un exotismo globalizador francamente superficial. Referencias
cruzadas a El señor de los Anillos, a la
cuantifísica de Albert Einstein (la omnipresente energía) y a acontecimientos
políticos como el 11 de septiembre.
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