Dos feroces matones provenientes de la Mafia USAmericana de Nueva York (Henry Silva y Woody
Stroode) son enviados a Milán para eliminar a un tal Luca Canalli (Mario Adorf).
Por su parte, el jefe local de la organización (Adolfo Celi), también hace suya
la misión, sin entender realmente el motivo que se esconde detrás. Por
supuesto, el pobre Luca, un antihéroe sin suerte ninguna, sí que no se entera
de nada y va dando trompazos durante todo el metraje. Fernando Di Leo rueda
otro emocionante e inteligente poliziesco,
“cine mano armada”, esta vez con más elementos pop (atención a las fiestas con la Sylva Koscina) y con la inconfundible
ambigüedad moral típica del subgénero. Como guiño a la época, Di Leo introduce
una explosiva secuencia a imagen y semejanza del French Connection de Friedkin, estrenada solo un año antes (de
hecho, el título anglosajón de este film
es The Italian Connection). ¡Madre
mía qué persecución automovilística por las calles de Milán! ¡Qué pulso, qué
tensión, qué papelón hace Mario Adorf, qué bien hilvanada está toda la cacería con
el poderoso tema de rock que suena de fondo y qué bien montada toda la escena!
Segunda parte de la llamada “trilogía milieu”,
tras Milán, calibre 9 y antes de Secuestro de una mujer. El final, por
cierto, es brutal, de una rabia y de una violencia descarnadas.
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jueves, 15 de diciembre de 2016
Nuestro hombre en Milán (aka La mala ordina)
3*
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domingo, 31 de julio de 2016
Atrapado (Aka Trapped)
2*
Cuatro estudiantes de derecho deciden explorar
unas cuevas en las montañas de Georgia, en el condado de Baker. Pero lo que no
saben es que un poblado white trash
tiene un puñado de salvajes rurales desatados. Primero contra el ayudante del sheriff y, segundo, contra ellos mismos
ya que tienen la desgracia de presenciar cómo asesinan a aquel. Una de las
producciones de terror/horror que jalonan la filmografía de William Fruet (como
su Death Weekend o Party Killer), sin más interés que el de
presenciar algunas de las ideas que se quedaron colgadas en ese thriller cajun que era Deliverance.
Fruet cuenta la historia con cierta pericia pero con un montaje ciertamente
descuidado (especialmente al final de la historia). La película termina por
desesperar porque no es ni lo suficientemente tensa ni lo suficientemente feroz,
aunque incorpora ciertos desnudos y ciertas vivezas para asegurar su
explotación comercial. Además, por mucho que Henry Silva se esfuerce, no parece
un redneck en toda regla. Lo mejor
del film es, sin duda, la
intepretación de Barbara Gordon así como la ironía jurídica final.
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