La familia de John Benedict
(William Holden) es exterminada por un grupo de comanches capitaneados por un
blanco con muy malas pulgas. El superviviente consigue sacar de la cárcel a un
variopinto grupo de desarrapados con la intención de que le ayuden a dar caza a
los culpables de su viudedad. Y así las cosas, el argumento se va complicando y
enrevesando, pero siempre con la intención de contar una historia de alto
contenido moral. Aprovechando el éxito y las resonancias cinematográficas de Grupo salvaje, Delbert Mann (que no
tiene nada que ver con el gran Anthony Mann) se saca de la manga este Western de venganzas y traumas
familiares, protagonizado por dos de los actores originales del film de Sam Peckinpah y una Susan
Hayward espléndida (aunque su personaje no sale mucho, que digamos). La
película revisita muchos de los paisajes físicos y morales del film del 69, así como da cabida a una
buena parte de su paisanaje (con varias figuras y caracteres similares). De
hecho, se nota una voluntad férrea de parecerse a la estratosférico obra
maestra del director californiano, también en aspectos técnicos (como distintos
encuadres, la misma fotografía, multitud de escenas, algunos cortes de la BSO,
etc.), aunque con ligeras influencias del Western
mediterráneo y casi ningún elemento crepuscular. En cualquier caso, no estamos
ante un gran trabajo pero sí que es una obra estimable y entretenida. Como otra
de las obras post-Peckinpah, Caza
impagable, por ejemplo.
Mostrando entradas con la etiqueta William Holden. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta William Holden. Mostrar todas las entradas
miércoles, 12 de octubre de 2016
miércoles, 6 de julio de 2016
La torre de los ambiciosos (Aka Executive Suite)
3.5*
De igual forma que Alexander
McKendrick expuso con crudeza la forma en la que los medios de comunicación
representan el 4º poder en las sociedades que se desarrollaron tras la 2ª G.M.,
Robert Wise lanza un punch a todos
esos idealistas ignorantes que consideran que la razón de ser de una empresa no
es el simple y puro beneficio económico. Con una dirección milimétrica, cuidada
hasta el detalle y no exenta de ciertas audacias en la planificación, y con un
puñado de asombrosas interpretaciones (William Holden, Shelley Winters, Barbara
Stanwick, Fredric March, Louis Calhern), Wise destripa con sofisticación y
crudeza ese “capitalismo americano” del que habló J.K. Galbraith, así como las
pugnas de poder en los más altos órganos de dirección. La trama se centra en el
momento en que una gran compañía de base familiar, casi unipersonal, se queda
sin su cabeza decisora y todos los ejecutivos y asesores se lanzan en picado
para conseguir hacerse con el poder. La voz en
off del comienzo así lo avisa al espectador: los que tienen en sus manos
los más grandes negocios también están condicionados por las tentaciones que
padecen las personas normales. ¡Faltaría más! La película retrata ese mundo de
grandes decisiones empresariales, esas que el público no cree que pueden
influir a cientos, a miles de familias de trabajadores y de clases medias (esas
clases que Galbraith considero las víctimas de “la sociedad opulenta”). Y sí
que afectan. Y mucho. Como así resalta el excelso guión de Lehman (el mismo
artífice de Chantaje en Broadway). Un
guión que, final y lastimosamente, acaba deslizándose hacia la más burda “ciencia
ficción”. Pero eso no desmerece el enorme esfuerzo por desvelar las razones
egoístas y cainitas que están detrás de eso que hemos llamado “el capitalismo”,
que lo único que significa es, en realidad, “capital”. Pero no para ti ni para
mi.
Etiquetas:
1956,
Barbara Stanwick,
Capitalismo,
Cole Porter,
Drama,
Empresa,
Ernest Lehman,
Fredric March,
La torre de los ambiciosos,
Louis Calhern,
Robert Wise,
Shelley Winters,
Walter Pidgeon,
William Holden
martes, 8 de marzo de 2016
Misión de audaces (Aka The Horse Soldiers)
3.5*
El Homero visual USAmericano, John
Ford (el único par visual a la altura de Walt Whitman y el director favorito de
Orson Welles), dirigió tres películas que forman parte de lo que se conoce como
“La trilogía de la caballería”. En ellas (y simplificando), Ford presentaba una
imagen militarista, defensora de la autoridad e, incluso, racista. Pero en
otros films, Ford se auto enmendó la
plana. Este es uno de ellos y consiste, por encima de todo, en una especie de
versión oficial, “yanqui”, de la Guerra de Secesión. El argumento, digamos, sigue
las campañas del coronel Marlowe (John Wayne) en territorio del Sur hasta que
se topa con una rebelde sureña (interpretada por Constance Towers), que hará lo
indecible para echar al traste los objetivos del Norte. Para terminar de azuzar
el fuego, Marlowe tiene que realizar su misión con la simple ayuda de un
regimiento al mando del Mayor Cirujano Kendall (William Holden). La historia
original proviene de una novela escrita por Harold Sinclair, que fue un
auténtico best seller en su momento y
que tuvo una especie de continuación en The
Cavalryman (1958). Por cierto, atención a las excelentes escenas de acción
bélica. Como es típico en las producciones Fordianas de la época, en la BSO se
deslizan melodías del score de Centauros del desierto. Por cierto, la
fecha de publicación de la novela de Sinclair coincidió con el estreno de The Searchers. Y otra casualidad más: el
título original de ésta y el de aquella, pulsan en el espectador la imagen del
caballo, auténtica mano derecha, aquí también, de “las campañas del desierto”,
de esa “avanzadilla del progreso” que tan bien ha hecho a unos como mal a muchos
otros.
Etiquetas:
1959,
Aventuras,
Bélico,
Constance Towers,
Guerra de Secesión,
Harold Sinclair,
John Ford,
John Wayne,
Misión de audaces,
Western,
William H. Clothier,
William Holden
lunes, 16 de abril de 2012
Network (Un mundo implacable)
3.5*
Despiadado retrato de los tejemanejes televisivos y de la
forma en que las cadenas de TV sacan brillo a los intereses económicos de las
corporaciones que hay detrás de ellas. Sidney Lumet sirve en bandeja de plata
un drama sobre las ambiciones de un selecto grupo de hueros y despiadados
ejecutivos en su lucha por los índices de audiencia. Y lo hace a costa de caer
algunas veces en una ridícula farsa. Sin embargo, la profundidad general del
planteamiento y la entregada interpretación del cuarteto protagonista salvan con
creces la función. A destacar el sobrio papel de William Holden, una
histriónica pero glacial Faye Dunaway, un avaricioso Robert Duvall y, por
encima de todos, un mesiánico y subversivo agitador –interpretado con mil y un registros por
un Peter Finch en su último papel-, el cual, a la postre, es descarnadamente utilizado para los propios fines corporativos. Unos fines corporativos
representados por el personaje de Mr. Jensen, que pronuncia una de las frases
más famosas del film: “el mundo es un negocio”. La dirección es sutil, fluida,
televisiva, con una excelente fotografía fija de Owen Roizman (el mismo de Libertad Condicional o de la magnífica Los tres días del cóndor). 4 años más
tarde, en 1980, Bertrand Tavernier rodaría La muerte en directo, una alegoría futurista sobre un mundo en el que filmar
la muerte es todo un acontecimiento televisivo. Por cierto, uno de los 2
asesinos que salen en la película es Tim Robbins.
Etiquetas:
1976,
Bertrand Tavernier,
Faye Dunaway,
Network (Un mundo implacable),
Owen Roizman,
Peter Finch,
Política,
Robert Duvall,
Sidney Lumet,
Tim Robbins,
TV,
William Holden
jueves, 1 de marzo de 2012
El crepúsculo de los dioses
4*
Grandísima e influyente película de tintes negros sobre la
mitología hollywoodense (en la línea de Cautivos
del mal) que, además, escenifica las exequias del cine mudo tras el paso al
sonoro. Un guionista en horas bajas (al que da vida un William Holden también
en horas bajas), que es perseguido por sus acreedores, conoce accidentalmente a
una vieja estrella del cine, la diva y desequilibrada Norma Desmond (Gloria
Swanson), que vive aislada del mundo moderno en su barroca mansión de Los Angeles y se encuentra protegida
por Max, su misterioso mayordomo (un tremendo Eric Von Stroheim, en un papel de
grandes resonancias personales y profesionales). Egos desmedidos, ambición a
prueba de arrepentimientos y enfermedades mentales para una historia
técnicamente brillante, de una profundidad humana admirable y narrativamente ejemplar
(aún a costa del retruécano de hacer
de un cadáver el narrador de la historia). El guión es del propio director, Billy Wilder,
escrito a dos manos con su fiel Charles Brackett, en su último trabajo juntos.
Espectacular escena de inicio, con esa imagen desde el fondo de la piscina
que ha pasado a la historia del cine (obra del director de fotografía de Perdición, John Seitz) e icónico final,
con una Swanson soberbia en su última actuación. Sin embargo, el
romance entre Holden y la joven aspirante a guionista parece trucada, la
conclusión se muestra también un poco atropellada y, además, la puesta en escena
del despecho final se revela ciertamente forzada. Los estudios de la Paramount, Cecil B. De Mille, Buster Keaton y otras estrellas del cine mudo aparecen por el metraje imprimiendo (con
su incontestable presencia) veracidad y crédito a este ácido retrato de la
industria del cine y de algunas de sus obsesiones, especialmente del éxito
asociado a la juventud. Una película especular, donde el cine emula a la vida y
la vida imita al cine, en una cadena circular y decadente.
Etiquetas:
1950,
Billy Wilder,
Buster Keaton,
Cecil B. De Mille,
Cine Noir,
Cinefilia,
Drama,
El crupúsculo de los dioses,
Eric Von Stroheim,
Gloria Swanson,
William Holden
jueves, 9 de febrero de 2012
Grupo salvaje
5*
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Sam Peckinpah y una de las mejores películas de la historia del cine, de una fuerza descomunal. The Wild Bunch (en su título original)
no es un western arropado por las
convenciones clásicas del género sino que es una película insurrecta, donde la
historia y, sobre todo, los personajes desmitifican casi todas las convenciones
previas. En este sentido, el film entronca
con la crisis y con la desilusión USAmericana de la época y, también, con esa
sombra del sueño americano: la figura del perdedor (pero de un perdedor que se
sacrifica, al menos, por un ideal ético y contra la explotación y la crueldad
humanas). Por eso se la ha calificado de crepuscular aunque podría ser preferible hablar de mexican western, en la línea de Veracruz,
Bandido, Yo soy la revolución, ¡Agáchate maldito! o Los
compañeros. Con un diseño de producción que potencia la belleza de lo
miserable, de lo sucio y de lo imperfecto (obra de Edward Carrere), Peckinpah
exprime al máximo a sus espléndidos actores protagonistas, a esa compacta y
genial cuadrilla de secundarios (encabezados por un soberbio Warren Oates), a
sus colaboradores técnico-artísticos (excelente fotografía de Lucien Ballard,
renovador montaje de Lou Lombardo y soberbio score de Jerry Fielding), y, sobre todo, a un guión magníficamente escrito (pletórico de ideas y motivos), de una sutileza admirable, de una
emoción infecciosa y de una complejidad vital, humana y social, que se expande hasta
un nivel pocas veces alcanzado en el género. Tanto el comienzo como el final (de una violencia cinematográfica inusual hasta el momento, 1969) han pasado merecidamente
a la historia del cine.
Etiquetas:
1969,
Edward Carrere,
Grupo salvaje,
Jerry fielding,
Lucien Ballard,
Mexican Western,
Política,
Sam Peckinpah,
Warren Oates,
Western,
William Holden
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















