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miércoles, 12 de octubre de 2016

Los vengadores (Aka The Revengers)

3*

La familia de John Benedict (William Holden) es exterminada por un grupo de comanches capitaneados por un blanco con muy malas pulgas. El superviviente consigue sacar de la cárcel a un variopinto grupo de desarrapados con la intención de que le ayuden a dar caza a los culpables de su viudedad. Y así las cosas, el argumento se va complicando y enrevesando, pero siempre con la intención de contar una historia de alto contenido moral. Aprovechando el éxito y las resonancias cinematográficas de Grupo salvaje, Delbert Mann (que no tiene nada que ver con el gran Anthony Mann) se saca de la manga este Western de venganzas y traumas familiares, protagonizado por dos de los actores originales del film de Sam Peckinpah y una Susan Hayward espléndida (aunque su personaje no sale mucho, que digamos). La película revisita muchos de los paisajes físicos y morales del film del 69, así como da cabida a una buena parte de su paisanaje (con varias figuras y caracteres similares). De hecho, se nota una voluntad férrea de parecerse a la estratosférico obra maestra del director californiano, también en aspectos técnicos (como distintos encuadres, la misma fotografía, multitud de escenas, algunos cortes de la BSO, etc.), aunque con ligeras influencias del Western mediterráneo y casi ningún elemento crepuscular. En cualquier caso, no estamos ante un gran trabajo pero sí que es una obra estimable y entretenida. Como otra de las obras post-Peckinpah, Caza impagable, por ejemplo.


miércoles, 6 de julio de 2016

La torre de los ambiciosos (Aka Executive Suite)

3.5*

De igual forma que Alexander McKendrick expuso con crudeza la forma en la que los medios de comunicación representan el 4º poder en las sociedades que se desarrollaron tras la 2ª G.M., Robert Wise lanza un punch a todos esos idealistas ignorantes que consideran que la razón de ser de una empresa no es el simple y puro beneficio económico. Con una dirección milimétrica, cuidada hasta el detalle y no exenta de ciertas audacias en la planificación, y con un puñado de asombrosas interpretaciones (William Holden, Shelley Winters, Barbara Stanwick, Fredric March, Louis Calhern), Wise destripa con sofisticación y crudeza ese “capitalismo americano” del que habló J.K. Galbraith, así como las pugnas de poder en los más altos órganos de dirección. La trama se centra en el momento en que una gran compañía de base familiar, casi unipersonal, se queda sin su cabeza decisora y todos los ejecutivos y asesores se lanzan en picado para conseguir hacerse con el poder. La voz en off del comienzo así lo avisa al espectador: los que tienen en sus manos los más grandes negocios también están condicionados por las tentaciones que padecen las personas normales. ¡Faltaría más! La película retrata ese mundo de grandes decisiones empresariales, esas que el público no cree que pueden influir a cientos, a miles de familias de trabajadores y de clases medias (esas clases que Galbraith considero las víctimas de “la sociedad opulenta”). Y sí que afectan. Y mucho. Como así resalta el excelso guión de Lehman (el mismo artífice de Chantaje en Broadway). Un guión que, final y lastimosamente, acaba deslizándose hacia la más burda “ciencia ficción”. Pero eso no desmerece el enorme esfuerzo por desvelar las razones egoístas y cainitas que están detrás de eso que hemos llamado “el capitalismo”, que lo único que significa es, en realidad, “capital”. Pero no para ti ni para mi. 

martes, 8 de marzo de 2016

Misión de audaces (Aka The Horse Soldiers)

3.5*

El Homero visual USAmericano, John Ford (el único par visual a la altura de Walt Whitman y el director favorito de Orson Welles), dirigió tres películas que forman parte de lo que se conoce como “La trilogía de la caballería”. En ellas (y simplificando), Ford presentaba una imagen militarista, defensora de la autoridad e, incluso, racista. Pero en otros films, Ford se auto enmendó la plana. Este es uno de ellos y consiste, por encima de todo, en una especie de versión oficial, “yanqui”, de la Guerra de Secesión. El argumento, digamos, sigue las campañas del coronel Marlowe (John Wayne) en territorio del Sur hasta que se topa con una rebelde sureña (interpretada por Constance Towers), que hará lo indecible para echar al traste los objetivos del Norte. Para terminar de azuzar el fuego, Marlowe tiene que realizar su misión con la simple ayuda de un regimiento al mando del Mayor Cirujano Kendall (William Holden). La historia original proviene de una novela escrita por Harold Sinclair, que fue un auténtico best seller en su momento y que tuvo una especie de continuación en The Cavalryman (1958). Por cierto, atención a las excelentes escenas de acción bélica. Como es típico en las producciones Fordianas de la época, en la BSO se deslizan melodías del score de Centauros del desierto. Por cierto, la fecha de publicación de la novela de Sinclair coincidió con el estreno de The Searchers. Y otra casualidad más: el título original de ésta y el de aquella, pulsan en el espectador la imagen del caballo, auténtica mano derecha, aquí también, de “las campañas del desierto”, de esa “avanzadilla del progreso” que tan bien ha hecho a unos como mal a muchos otros.

lunes, 16 de abril de 2012

Network (Un mundo implacable)

3.5*

Despiadado retrato de los tejemanejes televisivos y de la forma en que las cadenas de TV sacan brillo a los intereses económicos de las corporaciones que hay detrás de ellas. Sidney Lumet sirve en bandeja de plata un drama sobre las ambiciones de un selecto grupo de hueros y despiadados ejecutivos en su lucha por los índices de audiencia. Y lo hace a costa de caer algunas veces en una ridícula farsa. Sin embargo, la profundidad general del planteamiento y la entregada interpretación del cuarteto protagonista salvan con creces la función. A destacar el sobrio papel de William Holden, una histriónica pero glacial Faye Dunaway, un avaricioso Robert Duvall y, por encima de todos, un mesiánico y subversivo agitador –interpretado con mil y un registros por un Peter Finch en su último papel-, el cual, a la postre, es descarnadamente utilizado para los propios fines corporativos. Unos fines corporativos representados por el personaje de Mr. Jensen, que pronuncia una de las frases más famosas del film: “el mundo es un negocio”. La dirección es sutil, fluida, televisiva, con una excelente fotografía fija de Owen Roizman (el mismo de Libertad Condicional o de la magnífica Los tres días del cóndor). 4 años más tarde, en 1980, Bertrand Tavernier rodaría La muerte en directo, una alegoría futurista sobre un mundo en el que filmar la muerte es todo un acontecimiento televisivo. Por cierto, uno de los 2 asesinos que salen en la película es Tim Robbins.



jueves, 1 de marzo de 2012

El crepúsculo de los dioses

4*

Grandísima e influyente película de tintes negros sobre la mitología hollywoodense (en la línea de Cautivos del mal) que, además, escenifica las exequias del cine mudo tras el paso al sonoro. Un guionista en horas bajas (al que da vida un William Holden también en horas bajas), que es perseguido por sus acreedores, conoce accidentalmente a una vieja estrella del cine, la diva y desequilibrada Norma Desmond (Gloria Swanson), que vive aislada del mundo moderno en su barroca mansión de Los Angeles y se encuentra protegida por Max, su misterioso mayordomo (un tremendo Eric Von Stroheim, en un papel de grandes resonancias personales y profesionales). Egos desmedidos, ambición a prueba de arrepentimientos y enfermedades mentales para una historia técnicamente brillante, de una profundidad humana admirable y narrativamente ejemplar (aún a costa del retruécano de hacer de un cadáver el narrador de la historia). El guión es del propio director, Billy Wilder, escrito a dos manos con su fiel Charles Brackett, en su último trabajo juntos. Espectacular escena de inicio, con esa imagen desde el fondo de la piscina que ha pasado a la historia del cine (obra del director de fotografía de Perdición, John Seitz) e icónico final, con una Swanson soberbia en su última actuación. Sin embargo, el romance entre Holden y la joven aspirante a guionista parece trucada, la conclusión se muestra también un poco atropellada y, además, la puesta en escena del despecho final se revela ciertamente forzada. Los estudios de la Paramount, Cecil B. De Mille, Buster Keaton y otras estrellas del cine mudo aparecen por el metraje imprimiendo (con su incontestable presencia) veracidad y crédito a este ácido retrato de la industria del cine y de algunas de sus obsesiones, especialmente del éxito asociado a la juventud. Una película especular, donde el cine emula a la vida y la vida imita al cine, en una cadena circular y decadente.


jueves, 9 de febrero de 2012

Grupo salvaje

5*
 
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Sam Peckinpah y una de las mejores películas de la historia del cine, de una fuerza descomunal. The Wild Bunch (en su título original) no es un western arropado por las convenciones clásicas del género sino que es una película insurrecta, donde la historia y, sobre todo, los personajes desmitifican casi todas las convenciones previas. En este sentido, el film entronca con la crisis y con la desilusión USAmericana de la época y, también, con esa sombra del sueño americano: la figura del perdedor (pero de un perdedor que se sacrifica, al menos, por un ideal ético y contra la explotación y la crueldad humanas). Por eso se la ha calificado de crepuscular aunque podría ser preferible hablar de mexican western, en la línea de Veracruz, Bandido, Yo soy la revolución, ¡Agáchate maldito! o Los compañeros. Con un diseño de producción que potencia la belleza de lo miserable, de lo sucio y de lo imperfecto (obra de Edward Carrere), Peckinpah exprime al máximo a sus espléndidos actores protagonistas, a esa compacta y genial cuadrilla de secundarios (encabezados por un soberbio Warren Oates), a sus colaboradores técnico-artísticos (excelente fotografía de Lucien Ballard, renovador montaje de Lou Lombardo y soberbio score de Jerry Fielding), y, sobre todo, a un guión magníficamente escrito (pletórico de ideas y motivos), de una sutileza admirable, de una emoción infecciosa y de una complejidad vital, humana y social, que se expande hasta un nivel pocas veces alcanzado en el género. Tanto el comienzo como el final (de una violencia cinematográfica inusual hasta el momento, 1969) han pasado merecidamente a la historia del cine.