Desde Chicago, un matón con la
voz invernal de Lee Marvin debe viajar a Kansas City para meter en vereda a un
ganadero que pretende establecerse por su cuenta, ampliando sus negocios de
carne con el tráfico de mujeres y drogas. No por casualidad, el realismo cinematográfico USAmericano elige Chicago, uno de los templos de la industria cárnica, tal
y como mostró Upton Sinclair en su salvaje La jungla.
Por cierto, dos años antes, Alvin Rakoff también había deslizado una
imagen, en la que se compara a la mujer con el comercio de carne, en Hoffman, amor a la inglesa.
El film cuenta, con ese
aire desaliñado propio de buena parte del cine de género de la irredenta
década de los setenta, la labor del matón Nick y de sus ayudantes, que deben castigar
al indeseable Gene Hackman y a su hermano (el matarife del negocio), pero, a la
vez, también aprovecharán para redimir a una joven Sissy Spacek de su
humillante destino. Correctísimas interpretaciones, ritmo certero, un par de
escenas soberbias (la del homenaje a Con
la muerte en los talones y la del tiroteo en los girasoles), Lalo Schifrin
percutiendo la trama, una fotografía grantwoodiana.
En fin, una película que haría las delicias de El Bosco y de su carro de heno:
hasta tal punto llega el ex televisivo Michael Ritchie en su retrato
sociológico, que no deja de mostrar, con varias resonancias cáusticas y
venenosas, la naturaleza interesada y despiadada de las personas que viven
alrededor del negocio de “la carne”: ese stalag
especista, ese “triturador de carne” infinito y maloliente que hemos creado para los animales de
granja (y, en otros países, para el resto de animales). Pero Ritchie también
muestra otras dos realidades colaterales: la falta de empatía hacia el
sufrimiento de otros seres vivos y la hipocresía que hace falta para esconder
esta cruel situación.
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domingo, 31 de enero de 2016
miércoles, 23 de julio de 2014
El parque Gorki (Aka Gorky Park)
3*
Gélido thriller político y policial, rodado en Suecia, Finlandia y la URSS, que supone una
interesante inversión de los temas, personajes y situaciones típicas del género
USAmericano. Bien visto, el film
podría leerse casi como una reinvidación del intervencionismo soviético en
contraposición a la avaricia típica del capitalismo en su versión más salvaje
(donde, además, se juega con el doble sentido del comercio de pieles). Los
personajes de William Hurt, Brian Donehy y Lee Marvin engrandecen la trama y el
conjunto final de la película con su buen hacer mientras que el personaje de Joanna
Pacula desespera por su laguidez, confusión y volatilidad.
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
A quemarropa (Aka Point Blank)
3.5*
Estilización reflexiva y cinéfila del-y-sobre el thriller clásico, a partir de la
introducción de algunos parámetros del cine europeo y de vanguardia en los
estándares del noir USAmericano. No
por casualidad, Point Blank coincide
en el tiempo con El silencio de un hombre,
La matanza del día de San Valentín y
con Bonnie and Clyde. Además,
comparte con varias producciones previas algunas características que hacen de
esta película de John Boorman un film resumen, producto de un sincretismo conceptual que ralla en la abstracción, tanto
en el plano narrativo como en el estético, tanto en el ideológico como en el
técnico: personajes arquetípicos, lacónicos, como apunta Walter Hill; una
narración pulida y elíptica como la de La
ley del hampa, de Budd Boetticher; una estructura compleja, basada en flash backs, que no hacen sino encadenar
acciones y consecuencias en una especie de eterno retorno, como había hecho
Alain Resnais en Hiroshima, mon amour;
los colores luminosos y pop de Código del
Hampa, de Siegel, o de El desierto
Rojo, de Antonioni; y ciertos destellos, temas y señas de identidad
provenientes de Murder By Contract de
Irving Lerner (1958), de Blast of Silence
de Allen Baron (1961), y Johnny el frío,
de William Asher. Pero también tiene, por encima de todo, a un imperturbable y
grandísimo Lee Marvin, un actor de roca que sabía expresar con su cuerpo, sus
movimientos y su voz mil y un registros. No por casualidad, Marvin había
interpretado el papel de Vince Stone en la magnífica Los sobornados. ¿El argumento? Mejor ver la película. Por cierto,
Mel Gibson ha protagonizado recientemente una especie de remake, Payback, basado también en la novela de
Richard Stark. Y, de hecho, aunque la película fue un fracaso crítico-comercial
en su época, ha demostrado ser una de las obras más influyentes del género
desde entonces.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Los profesionales
4*
Mítico Mexican Western, de 1966, en la línea
de Bandido, Grupo salvaje y Agáchate
maldito, con un quinteto protagonista de excepción (Lee Marvin, Burt
Lancaster, Robert Ryan, Woody Strode y Jack Palance), más la hipnótica
presencia de Claudia Cardinale, en un rol que prefigura el de Hasta que llegó su hora, del maestro
Sergio Leone. Disección de la Revolución mexicana, de sus ideales y miserias,
con ese sentido del espectáculo y de la aventura propio del cine USAmericano.
Una dirección ejemplar de Richard Brooks (también a la producción) que combina
a la perfección una planificación de proximidad,
casi televisiva, que humaniza a los personajes, con la grandeza de una puesta
en escena en los 35mm cinematográficos, acentuada por una fotografía grandiosa y en Panavisión de Conrad
Hall, una contrastada iluminación y, finalmente, por una BSO imponente de
Maurice Jarré, con ciertas similitudes con la de Los siete magníficos. La película ha inspirado a directores que van
desde Walter Hill a Quentin Tarantino pasando por Steven Spielberg o Sam Peckinpah.
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sábado, 4 de febrero de 2012
Infierno en el Pacífico
3*
Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del
encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un
japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune,
respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial).
Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos
personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración,
después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría
en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman,
en uno de sus más interesantes films, concretamente
su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas
Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy
pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con
resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de
un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada
en los EE.UU.
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