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miércoles, 11 de junio de 2014

El candidato (Aka The Candidate)

3.5*

George Clooney ha retratado en Los idus de marzo los tejemanejes políticos y propagandísticos de una típica capaña electoral USAmericana pero no ha sido el único director del país que se ha interesado en mostrar las interioridades sfumato de la principal institución de las democracias participativas: las elecciones. Antes que él, Michael Ritchie dirigió la extraordinariamente sabia e irónica El candidato, con cuatro magníficos protagonistas: Robert Redford, como el idealista candidato a senador de California Bill McCay, que es absorbido por las entrañas del poder; Peter Boyle, como un mercenario asesor de campaña, que lo mismo le da trabajar para un político que para otro; Don Porter, como el senador antagonista, el conservador y macho alfa Croker Jarmon; y Melvyn Douglas, el padre del candidato, ex gobernador del estado dorado y, por ello mismo, veterano y ladino político de sonrisa guasona. La historia se centra en el progresivo deterioro moral y personal del inexperto candidato, resaltando las diferentes etapas de la iniciación política (para la cual, además, aparece la correspondiente iniciación sexual). Y es en este terreno donde el film muestra sus mejores cartas, en la denuncia sutil, contrastando imagen y palabra, de un mundo absorvido por el establishment, la estructura de los partidos catch-all y los distintos intereses de quienes financian las campañas. Cinematográficamente hablando, la película no es gran cosa pero resulta tremendamente convincente y su mensaje es absolutamente moderno, más de cuarenta años después de su estreno. De hecho, George Lakoff la podría utilizar para ejemplificar el viejo y trasnochado debate entre republicanos y demócratas, tal y como aparece en su imprescindible Don't Think of an Elephant: Know Your Values.

miércoles, 18 de julio de 2012

El quimérico inquilino

3.5*

Trelkovsky, un pusilánime y anodino oficinista, alquila el apartamento de una mujer que se acaba de suicidar. Poco a poco, irá presenciando fenómenos cada vez más extraños, en un ambiente progresivamente paranoico, lo cual irá poniendo en peligro su salud mental y su propia identidad. Sorprendente producción de Roman Polanski, temáticamente situada entre Repulsión y La semilla del diablo, sobre una novela del ya de por sí extraño Roland Topor pero con un finísimo y persistente sentido del humor, además de esa obsesión sexual que salpica la filmografía entera del director polaco. Nada que ver, por tanto, con El baile de los vampiros o Tess, esos intentos de hacer pasar por normal el particular universo perturbado del director. La película comienza (y acaba) con un travelling asombrosamente estilizado, que recuerda al de Hitchcock de La ventana indiscreta y a uno famoso de Dario Argento. Por su parte, el propio Polanski se reservó el kafkiano papel protagonista  y Shelley Winters, francamente, se fusiona perfectamente con la huraña portera que interpreta. A destacar la fotografía plomiza del bergmaniano Sven Nykvist (muy apropiada a la atmósfera, al ambiente de la historia y al propio clima de París), la interpretación de Melvyn Douglas así como múltiples aciertos visuales y de puesta en escena, como los distintos puntos de vista, la escena de la botella de agua o la del baño. En conclusión: una de las mejores películas de su director.