George Clooney ha retratado en Los idus de marzo los tejemanejes
políticos y propagandísticos de una típica capaña electoral USAmericana pero no
ha sido el único director del país que se ha interesado en mostrar las
interioridades sfumato de la
principal institución de las democracias participativas: las elecciones. Antes
que él, Michael Ritchie dirigió la extraordinariamente sabia e irónica El candidato, con cuatro magníficos
protagonistas: Robert Redford, como el idealista candidato a senador de
California Bill McCay, que es absorbido por las entrañas del poder; Peter
Boyle, como un mercenario asesor de campaña, que lo mismo le da trabajar para
un político que para otro; Don Porter, como el senador antagonista, el
conservador y macho alfa Croker Jarmon; y Melvyn Douglas, el padre del candidato, ex gobernador del estado
dorado y, por ello mismo, veterano y ladino político de sonrisa guasona. La
historia se centra en el progresivo deterioro moral y personal del inexperto
candidato, resaltando las diferentes etapas de la iniciación política (para la cual, además, aparece la correspondiente iniciación sexual). Y es en
este terreno donde el film muestra
sus mejores cartas, en la denuncia sutil, contrastando imagen y palabra, de un
mundo absorvido por el establishment,
la estructura de los partidos catch-all
y los distintos intereses de quienes financian las campañas. Cinematográficamente
hablando, la película no es gran cosa pero resulta tremendamente convincente y
su mensaje es absolutamente moderno, más de cuarenta años después de su
estreno. De hecho, George Lakoff la podría utilizar para ejemplificar el viejo y
trasnochado debate entre republicanos y demócratas, tal y como aparece en su
imprescindible Don't Think of an Elephant: Know Your Values.
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miércoles, 11 de junio de 2014
miércoles, 18 de julio de 2012
El quimérico inquilino
3.5*
Trelkovsky, un pusilánime y
anodino oficinista, alquila el apartamento de una mujer que se acaba de
suicidar. Poco a poco, irá presenciando fenómenos cada vez más extraños, en un
ambiente progresivamente paranoico, lo cual irá poniendo en peligro su salud
mental y su propia identidad. Sorprendente producción de Roman Polanski,
temáticamente situada entre Repulsión
y La semilla del diablo, sobre una
novela del ya de por sí extraño Roland Topor pero con un finísimo y persistente
sentido del humor, además de esa obsesión sexual que salpica la filmografía
entera del director polaco. Nada que ver, por tanto, con El baile de los vampiros o Tess,
esos intentos de hacer pasar por normal el particular universo perturbado del
director. La película comienza (y acaba) con un travelling asombrosamente estilizado, que recuerda al de Hitchcock
de La ventana indiscreta y a uno
famoso de Dario Argento. Por su parte, el propio Polanski se reservó el
kafkiano papel protagonista y Shelley Winters, francamente, se fusiona perfectamente con la huraña portera que interpreta. A destacar la fotografía plomiza
del bergmaniano Sven Nykvist (muy apropiada a la atmósfera, al ambiente de la
historia y al propio clima de París), la interpretación de Melvyn Douglas así
como múltiples aciertos visuales y de puesta en escena, como los distintos
puntos de vista, la escena de la botella de agua o la del baño. En conclusión: una de las mejores películas de su director.
Etiquetas:
1976,
El quimérico inquilino,
Franz Kafka,
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Roland Topor,
Roman Polansky,
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Sven Nykvist,
Terror,
Thriller
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