La novela picaresca, desde El lazarillo de Tormes o el Guzmán de Alfarache hasta las novelas
proto postmodernas de Lawrence Sterne o de Henry Fielding, intentaban ofrecer
una representación satírica de la sociedad del momento, afilando la descripción
realista de los escalafones más bajos de la misma. Parece claro que este
extraño film de Monte Hellman podría
encajar en esta señera tradición literaria, que tan gloriosa influencia ha
tenido también en el mundo del cine. Y es extraño por varios motivos. Primero,
por tratarse de una película sobre un oscuro y cruel entretenimiento: las
peleas de gallos, un espectáculo solo propio para gente muy limitadilla,
intelectual y emocionalmente hablando (Por cierto, en la actualidad sería impensable
rodar una película como esta, donde varios animales mueren luchando o son
decapitados. Por suerte, ahora tenemos a asociaciones como PeTA, que luchan por un mundo no especista). Segundo, por ser una
de las pocas películas del director donde el contenido y la forma resultan bastante
convencionales (lejos quedan, por tanto, esos Westerns experimentales de los sesenta). Tercero, por tratarse de
una obra rodada con la ayuda de varios monstruos del 7º arte (Néstor Almendros,
por ejemplo, pero también Lewis Teague o Roger Corman). Cuarto, por presentar a
un Warren Oates, extraordinario, que no pronuncia una sola palabra (salvo su voz en off) en toda la película. Por cierto,
también aparece, como co-protagonista, el grandísimo Harry Dean Stanton, el
hombre con el rostro de gorrión. Y quinto, por tratarse de una producción que
parece que defiende lo que muestra, hasta que llega el irónico y cáustico
final. En definitiva: una joya del cine underground
USAmericano.
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sábado, 28 de mayo de 2016
sábado, 30 de noviembre de 2013
Mis 5 directores de fotografía imprescindibles (II):
-
Lucian
Ballard (Atraco perfecto o Grupo Salvaje).
-
Vittorio
Storaro (Apocalypse Now o Novecento).
-
Jack
Cardiff (Las zapatillas rojas o La Reina de África).
-
Néstor
Almendros (Mi noche con Maud o Días de cielo).
-
Conrad
Hall (Los profesionales o A sangre fría).
sábado, 22 de diciembre de 2012
Días del cielo
3.5*
Lo primero que hay que destacar de este film es su impresionante fotografía, de
esas que te llenan la retina y te obligan a dejar en segundo plano a la
historia. Con una amplísima gama de colores y luces pero con particular dominio
del ocre y de la “hora mágica”, al
estilo de Vermeer, Néstor Almendros consigue sacar todos los matices lumínicos a
una espiga de trigo a la vez que el claroscuro de una fiesta al calor de una hogera.
Francamente, Almendros logra su mejor trabajo, pletórico de ideas, trucajes e
innovaciones, algo que inspiraría el trabajo de fotografía de Tess. Por su parte, Terrence Malick escribe y dirige su segunda
película, una historía mínima, rodada en Canada, alrededor de la difícil vida
de una joven pareja de jornaleros que pretenden aprovecharse de un potentado
propietario al que cren enfermo. Hay que decir que el argumento se desarrolla a
comienzos del siglo XX y parece estar inspirado en una obra de Alejandro Dumas
padre. Por su parte, la historia mantiene fuertes pero solapadas resonancias
sociales e, incluso, bíblicas, lo que la emparenta con Las uvas de la ira. Los símbolos pueden parecer evidentes aunque
parcialmente contradictorios: la siembra y la cosecha como metáfora de la vida
y del paso del tiempo; la casa solitaria, del individualismo y de la familia.
Estética y visualmente, la película va variando y pasa, así, del retrato
agrícola de Grant Wood al naturalismo rural de Andrew Wyeth y de éste al
constumbrismo de un Norman Rockwell o al realismo expresionista de un Edward
Hopper. Buenas intepretaciones del trio protagonista (Richard Gere, Sam Sephard
y Brooke Adams) y de Linda Manz, en su primer papel. Ennio Morricone acompaña a
las imágenes y al argumento con una BSO que no destaca precisamente por su
fuerte personalidad, ni melódica ni armónicamente hablando, aunque, por lo
menos, regala múltiples cortes y una cierta variedad estilística, coherente con
la música diegética y la de créditos (blues, country, folk y Camille Saint-Saëns).
Etiquetas:
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