La Guerra Fría y su epítome
máximo, el Holocausto nuclear, han sido dos de las últimas pruebas fehacientes
de que la humanidad está gobernada por una pandilla de matones indeseables, por un grupo de sociópatas avariciosos. En
todo caso, como fenómenos históricos reales, ambos acontecimientos han
condicionado buena parte del contenido de nuestras más recientes
representaciones colectivas y, con ello, de nuestras producciones culturales,
literarias, teatrales, poéticas, literarias. Y ello durante varias generaciones.
La Hammer, bajo la extraña y sorprendente dirección de Joseph Losey, produce
una película de ciencia ficción mezclada con la delincuencia juvenil, con la malévola
sencillez de quien hace una pequeña tarta de manzana para luego rellenarla de
sangre. La premisa del argumento, así como su desarrollo, es algo que se
aconseja sea descubierto por el espectador deseoso de ampliar su experiencia
vital. Entre el estreno de Eva y el
rodaje de El sirviente, Losey recibió
el encargo de rodar una historia del guionista Jamaicano Evans Jones (¡sí, el
mismo de Wake in Fright!), que recrea
una Inglaterra donde la gente se mueve entre la distopia institucional y el
masoquismo personal, entre la inevitabilidad de un plan diabólico y el heroísmo
fútil, como sugiere Colin Gardner en su revelador estudio sobre la filmografía
del director USAmericano. El montaje paralelo no hace sino ir reforzando estas
realidades que se cruzan y retroalimentan.
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sábado, 28 de mayo de 2016
martes, 12 de agosto de 2014
El merodeador (Aka The Prowler)
3*
Como escribe Javier Coma
en su imprescindible Diccionario de la
caza de brujas, Joseph Losey, acusado por el Macarthismo, tuvo
que exiliarse a Gran Bretaña a finales de 1952, donde continuaría su carrera
con un buen puñado de obras prestigiosas, tanto en cine como en teatro. Sin
embargo, con anterioridad, Losey había ya realizado un buen puñado de buenas
películas. En este caso, se trata del segundo de los films de serie negra que Losey rodó al inicio de su
carrera, junto con El forajido, M y Larga
noche. Es curioso pero este humilde film
noir no denuncia la corrupción política ni la policial, ni describe una
sociedad podrida hasta los huesos ni una forma de vida represiva y vulgar. Este
film noir, simplemente, describe una
atracción sexual más poderosa que el disparo de una magnum. Bueno, y también el
mundo de las apariencias sociales y de la falsa honradez. El agente
Webb Garwood (Van Heflin) acude con su compañero a una casa residencial
donde vive una mujer (Evelyn Keyes, por entonces casada con John Houston, quien
produce la película junto con Sam Spiegel para el sello Horizon), que ha denuncia la presencia de un merodeador. Webb, un
policía cínico y descontento con su trabajo, poco a poco se va enamorando de la
mujer hasta que descubre que está casada. Aún así, la
corteja y la consigue. Hasta el momento que el marido lo descubre y
surje la posibilidad de hacerlo desaparecer, aprovechando la denuncia anterior.
Por cierto, la voz que se escucha en la radio, que se supone que es la del
marido, es realmente la voz del guionista, el gran Dalton Trumbo. Y una última
advertencia: no confundir con el clásico
slasher de los ochenta de
mismo título.
miércoles, 10 de julio de 2013
Intriga extranjera
3*
Suntuosa
producción de Sheldon Reynolds, con vestuario de Pierre Balmain incluido,
basada en una serie de la televisión USAmericana aunque rodada en Europa. A la
zaga de las películas de suspense y espionaje de Alfred Hitchcock y de otros
directores de la época, con los nazis de por medio, al estilo de Conspiración en Berlín, Odessa o Conspiración Cicerón, aunque de mucha menor calidad. Con una
iluminación francamente mejorable y algunos errores de rodaje (como en la
primera escena, cuando Víctor se sube a la silla de la biblioteca y la cámara
muestra una parte del mueble), la historia y el misterio se siguen con cierta
simpatía hasta que llega el final, realmente anticlimático. Regulares
interpretaciones de Robert Mitchum, Geneviève Page y de la bergmaniana Ingrid
Thulin. Por cierto, la cienta tiene un cierto parecido temático con La clave del enigma, de Joseph Losey. Aunque esto pueda extrañar a más de uno.
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viernes, 21 de octubre de 2011
El Gran Gatsby
3*
Si hay una frase que actúe como leitmotiv de toda esta historia, sería la que Daisy (Mia Farrow) le espeta a Robert Redford (Gatsby), mitad abatida mitad jactanciosa: "las chicas ricas no se casan con chicos pobres". En 1925, Francis Scott Fitgerald publicó su obra maestra, una descorazonadora y exquisita narración sobre la vida social de las clases altas y su vacuidad así como, principalmente, sobre la atracción que una de sus más frívolas maniquíes ejerce sobre un self-made man, el protagonista Jay Gatsby, que sufre la crueldad y el desdén de un mundo al que no pertenece. Sobre esta historia se han realizado cuatro versiones cinematográficas, siendo ésta la mejor de ellas. Francis Ford Coppola construyó un guión espléndido -sobre un borrador de Truman Capote-, que recogía lo mejor de la novela, tanto argumental como idiomáticamente, y desarrollaba casi todos los pormenores de la trama. Por su parte, Jack Clayton dirigía con detenimiento y esplendor uno de sus mejores trabajos, con una meticulosa y exhuberante dirección artística, una fotografía bien contrastada de Douglas Slocombe -que ya había ejercitado el retrato de la riqueza en The Servent, de Joseph Losey-, y una BSO que casi ni se nota, salvo en las múltiples fiestas que salpican el metraje. Hay quienes dicen que la película aburre, hay quienes dicen que la película es romántica... Ambos se equivocan.
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