Un puñado de ciudadanos
USAmericanos, un poco destartalados ellos, llegan a un fuerte de entrenamiento
del ejército de tierra de los EE.UU., en la árida Texas, para prepararse e ir a
la Guerra de Corea. Allí, el sargento Ryan y el sargento Holt (el bueno y el
malo, respectivamente), les intentarán transformarán en máquinas de sobrevivir
y de matar, llevándoles al extremo de su aguante físico y psicológico. Y es que
no hay nada peor que la guerra, ni siquiera 16 semanas de cruel y dura
instrucción. Entre medias, una historia de amor con la “alcohólica” de la zona,
la guapísima Elaine Stewart. Estamos ante el molde del que ha salido buena
parte del cine bélico contemporáneo (desde Oficial
y caballero y La chaqueta metálica
hasta El sargento de hierro, por
poner solo tres ejemplos), rodado con “pericia televisiva” por un principiante
Richard Brooks y con la típica visión moral de la época: por un lado, la
inocencia típica de un país crédulo y de una población ingenua; y, por el otro,
la crueldad real de su política exterior durante la Guerra Fría, que asoma en
escenas como la de la “carne de cañón” o la de los gases bélicos. En todo caso,
un film belicista y convencional, que
exhibe los más conservadores valores sociales, aunque con ciertos chispazos
propios del progresista Brooks y del insurgente guionista, Millard Kaufman. La
podrían poner de hilo de fondo en los restaurantes de comida rápida tipo Foster’s Hollywood o así.
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jueves, 23 de junio de 2016
Hombres de infantería (Aka Take the High Ground!)
2.5*
Etiquetas:
1953,
Cine Bélico,
Drama,
Ejército,
Elaine Stewart,
Guerra de Corea,
Hombres de infantería,
Karl Malden,
Richard Brooks,
Richard Widmark,
Russ Tamblyn
jueves, 19 de mayo de 2016
Oficial y caballero (Aka An Officer and a Gentleman)
3*
Buena parte del cine USAmericano
de los ochenta constituye una de las grandes maravillas del 7º arte. Ahí están
los maravillosos estudios cinematográficos de Douglas Brode para constatarlo. Y
una de sus características básicas fue la forma en que engarzó poderío visual,
análisis sociológico, buenas historias y música adecuada. Así, películas como Oficial y caballero, más allá de su
retrato sobre el durísimo entrenamiento militar, o más allá del enfrentamiento
entre un hijo putativo de los sesenta y su odioso sargento entrenador, se
transformó, gracias a su banda sonora (Up Where be Belong, un auténtico hit),
en uno de los primeros blockbusters
de la década, fama que siguió cosechando gracias al mercado del vídeo y gracias
a sus pases televisivos. Algo así como lo que le ha pasado a la insultante Pretty Woman. Por cierto, otro de los
pilares de su éxito fue la convincente historia de amor (lo del “caballero” del
título) entre un aspirante a soldadito y una working class hero. Viendo
el film, cualquier puede comprender
por qué se enamora Richard Gere de Debra Winger. Y, también, por qué se enamora
Debra Winger de Richard Gere. Y es que, en este punto, la sutileza y la riqueza
de Taylor Hackford da todo de sí para regalar al espectador un glorioso cuento
de amor (y pasión), además de una fábula sobre la superación personal. La del
hombre, claro. Que la mujer, con buscar al hombre adecuado ya tiene bastante
(por cierto, por si alguien no lo ha pillado, está última afirmación es un
auténtico sarcasmo). En fin, que tragedias a parte, Hackford no volvería a
conseguir otro éxito como este, aunque la crítica se rendiría ante su magnífica
Eclipse total (Dolores Clairbone).
martes, 22 de marzo de 2016
El único superviviente (Aka Lone Survivor)
1.5*
Camaradería de asesinos profesionales (los Navy Seals), entre
misiones antiterroristas, conversaciones familiares en mitad de los montes afganos
donde viven los Talibanes y mucha, muchísima sangre aguerrida y unas gotitas de
“buen rollito” (como la escena de los pastores). Desde el principio al final de
esta épica patriotera, tenemos lenguaje militar (“afirmativo”, “negativo”, “Spartan a base, cambio”, “aquí centro
táctico”, etc.), tecnología de ultimísima generación, una música minimalista
machacona, cámara desenfocada en mano, sangre digital y “un contacto de la
hostia con los del otro bando” (sic). Lo más destacable del film es la idea que parece sugerir: que
de vez en cuando, incluso a los matones de patio de colegio también les dan una
buena patada en el culo. Y, así, como escribió Irene Crespo en Cinemanía, tenemos un título con spoiler. Igual es la única forma de
hacer cine bélico que no sea pro-bélico. Ver a 4 Seals saltando a un supuesto precipicio como si fueran los Take That en el escenario ya es para
mear y no echar gota. Como la calidad y convicción de los maquillajes. O como
la saturación de la pista de sonido. En fin, carne procesada de la buena, recomendable
para todos aquellos que han crecido con el cine de acción rancio, musculado y
ultraconservador de la Golan-Goblus. O, bien, para quienes desayunan Fast & Furious por la mañana y, de
repente, se dan cuenta de que tienen un Seat
Ibiza que todavía no han pagado y están en el paro. “Ahh, coño, pues al
ejército”. ¿Os acordáis de Southern
Comfort? Pues de ese palo. Pero, eso sí, sin la clase, el arte y la malicia
de Walter Hill. De hecho, al final salen las fotos de los “héroes” reales, los
de la operación Red Wings original. A
quienes van dedicada la película (sic).
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Consejo de Guerra (Aka Breaker Morant)
4*
Es una lástima (por no decir una vergüenza) la enorme
cantidad de películas que retratan la guerra como un fenómeno donde ocurren
cosas honorables. La guerra es irracional, salvaje, movida por intereses mezquinos y muy cruel. Y
esconder esta realidad solo se puede deber a una toma de postura ideológica, extremadamente
conservadora, que tiende a perpetuar los valores implícitos en la forma de vida
castrense y en sus falsos, hipócritas y contradictorios idealismos. En este caso, Beresford
afila su cámara para denunciar todos estos aspectos sin complacencias ni
coartadas y para componer un lamento, violento y desangrado, sobre cómo la
guerra cambia a las personas, tal y como explica Craig Wilcox en Making Film and Television Histories:
Australia and New Zealand. En definitiva, un thriller judicial, salpicado de escenas costumbristas de la vida en
campaña y de la guerra de guerrillas, basado en un caso verídico que, a la
postre, acaba resultando un poderoso alegato antibelicista y antimilitarista. Los
retazos de la trama pueden rastearse en películas como Senderos de gloria, El caso
Winslow, Motín del Caine o El sargento negro, con los que comparte
intenciones y resultados, aunque la relación más evidente sería con la obra
coetánea de Peter Weir, Gallipoli. El
trabajo de Bruce Beresford con la puesta en escena, variada pero no recargada,
así como el excelente y nada complaciente guión, elevan a este film como uno de los más elaborados de
toda la carrera del director australiano.
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