Kenneth Rexroth escribió que “la
civilización occidental dejó de existir después de la Segunda Guerra Mundial.
Vivimos en un cadáver que se agita como una rana muerta en un cable con corriente”.
Bueno, puede ser una rana o una rata, que es el símbolo de la decrepitud que
manejan Don DeLillo y David Cronenberg en esta nueva incursión del director
canadiense en su particular análisis de las bases del discurso de la
postmodernidad milenarista, tras su particular digresión sobre Freud y el inconsciente.
Usando una limusina como icono del cibercapitalismo actual, Cronenberg toca
fondo con una película petulante y pretenciosa, con ciertos destellos de auténtica
originalidad cronenbergiana (bien es verdad) pero aburrida y superficial a más
no poder. La historia es muy sencilla: con el Apocalipsis de fondo, estamos
ante una narración digresiva en la
que un broker multimillonario recorre
una ciudad newyorkizada para cortarse
el pelo. Sobre tamaña chorrada se levante el film. No por casualidad, el actor elegido no es otro que el
mortecino y, ya de por sí vampírico, Robert Pattinson. ¿De verdad se pretende
que el espectador empatize con un tipo tan desagradable y mezquino cono el protagonista
de esta película? ¿O con sus ridículas y contradictorias reflexiones? En fin… Desaconsejable
para todas aquellas personas que no se dejan engatusar por palabras vacías,
pseudo conocimiento y lenguaje gallinejero. Desaconsejable para los lectores de
Hugo von Hofmannsthal y su Carta a Lord
Chandos. Desaconsejable para todos aquellos que se esfuerzan por aprender. Para quitarse el mal sabor de boca, el espectador puede disfrutar de la mucho más compacta Last Night (La última noche).
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lunes, 21 de diciembre de 2015
Cosmópolis
2*
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Drama psicológico,
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martes, 30 de junio de 2015
Cartas de un hombre muerto (Aka Dead Man's Letters)
3.5*
Decía Win Wenders que las
visiones del final de los tiempos se han generalizado tanto que ya no se puede
edificar nada nuevo sobre ellas. Así, son muchas las historias cinematográficas
ambientadas en un futuro post holocausto nuclear. Desde Five, de Arch Oboler (1951) y El
muelle, de Chris Marker (1962) hasta 12
monos, de Terry Gilliam (1995) o La
carretera, de John Hillcoat, (2009), pasando por El planeta de los simios, Damnation
Alley, Mad Max, Last Night, Testamento final, El día
después o el pseudo documental Threads.
Por todo ello, nuestra obsesión por un Apocalipsis laico ha sido una constante
a lo largo del siglo XX. Y el cine ha sido uno de los medios privilegiados para
representarlo. El oscuro y semi desconocido film Deluge, de 1933, da prueba del pionero interés por estas
cuestiones. Por su parte, la cinematografía rusa tampoco ha estado al margen de
este interés. Por ejemplo, este Cartas de
un hombre muerto, rodado en 1986 por el discípulo de Tarkovski, el director
ucraniano Konstantin Lopushansky, que trabajó con el genio ruso en Stalker. Se trata de un film desasosegante y tétrico, donde la
humanidad superviviente, refugiada en Bunkers subterráneos, reflexiona sobre el
sentido de su final, a lo Frank Kermode, entre niños que han perdido el habla,
científicos devastados por la culpa y una geografía desolada y radioactiva. Un
clásico de la ciencia ficción soviética.
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Post Nuclear,
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viernes, 20 de marzo de 2015
La noche del comenta (Aka Night of the Comet)
2.5*
A la mañana siguiente del paso de
un cometa cerca de la tierra, la ciudad de Los Ángeles se despierta sin habitantes.
Solo con dos chicas, algún que otro superviviente y un extraño secreto por
descubrir. Es decir, una versión de ¿Dóndeestá todo el mundo? (tanto el capítulo de Twilight Zone como el telefilm
de 1974). Night of the Comet es una
película post apocalíptica, políticamente incorrecta (en plenas Cultural Wars de la ultraconservadora
década de los ochenta), poseedora de un espíritu muy propio de la época y con
unos extraños mutant comet zombies pululantes,
que van y vienen por el metraje dando sustos de vez en cuando. En realidad, es
como una versión deluxe de cualquier
producción Troma del momento (el efecto apocalíptico se consigue con un
sempiterno filtro rojo lo que le da un aura de comic strip) ya que, a una premisa aterradora, se le añade una
comedia adolescente, aventuras en plan La superviviente, de Paul Gillon, muchas ochentadas pop (justo para
divertirse, como diría Mickey Vainilla) y una BSO repletita de sintetizadores. Aunque
el desarrollo de la segunda mitad y el propio final es de un convencionalismo
decepcionante. En todo caso, el componente conspiranóico alinea este film en el bando de producciones tan
estimulantes como Están vivos, The Quiet Earth o Hidden (Lo oculto).
sábado, 12 de julio de 2014
Mad Max
3.5*
Mítica creación postapocalíptica, rodada en las
antípodas por un cuasi debutante George Miller que, irónicamente, años más
tarde, sería conocido por manufacturar universos fílmicos como Babe, el cerdito valiente o Happy
Feet. En un mundo destruido por la guerra nuclear, un selecto pero paranoico
grupo de agentes de la ley intenta mantener los últimos vestigios de paz y
orden (es decir, de civilización) en los desiertos australianos, metáfora de un
mundo colapsado. Entre ellos, se encuentra Max Rockatansky, un policía que
conduce el archienvidiado Interceptor
(un Ford Falcon XB), con el que persigue a toda clase de rateros y asesinos
motorizados, como el Loco de la carretera. Con una estética feísta y un tanto
retrogay, el film escudriña la
naturaleza humana en los límites de la mera supervivencia y la locura y reelabora
un mito contemporáneo: el del antihéroe en busca de venganza. Excelentes
escenas de acción y un toque melancólico redondean una propuesta que tendría
dos continuaciones, la segunda de las cuales es realmente interesante. Además,
daría pié a todo un ciclo de imitaciones, como El exterminador de la carretera, de Giulano Carnimeo, aunque, a su
vez, la inspiración de la película parece provenir de 2024: Apocalipsis nuclear, ese extraño film rodado por L.Q. Jones, actor habitual en la filmografía de Sam
Peckinpah. O, incluso, de los oscuros Glen
and Randa y No Blade of Grass.
domingo, 11 de mayo de 2014
Snowpiercer
3.5*
En un futuro cercano, la tierra
ha quedado totalmente congelada, con temperaturas que hacen
casi imposible la vida en superficie. Sin embargo, un reducido número de seres
humanos viven en un tren que no deja de surcar las líneas férreas del planeta
debido a un ingenioso dispositivo de movimiento perpétuo. La historia comienza
cuando los pobres habitantes de la parte trasera del tren se rebelan contra sus
superiores y deciden acceder, vagón tras vagón, a la parte delantera para
hacerse con el poder. Lo que irán descubriendo les terminará de helar la
sangre, igual que al espectador. Bong Joon-ho dirige una película de ciencia
ficción, con un aliento mesiánico similar al de Matrix, pero con cero realidad virtual de por medio. En su lugar,
un tren autosuficiente, que funciona como métafora de una especie de
capitalismo sostenible pero, a la vez, lleno de trampas y puzzles.
Estéticamente, el film es un miasma,
bastante aceptable, de retrofuturismo made
in Julio Verne, multiculturalismo, The Collector y steampunk (que es lo que ahora se
lleva), todo ello sobre la base del cómic original, de Jacques Lob y Jean-Marc
Rochette (aunque, como adaptación, la película se queda muy corta). Todos los
efluvios se condensan en un tenso thriller
de acción y suspense, donde los personajes, un grupo de lumpenproletariat hartos de ser ninguneados, van poco a poco
iluminando el orden social sobre el que se ha establecido el nuevo mundo sobre
railes, 17-8 años después de su congelación: es decir, la clase baja se revela
a sí misma (y revela al expectador) la superestructura material, técnica e
ideológica sobre la que se levanta todo el mundo de Wilford (Ed Harris) y sus
acólitos, un mundo que predetermina el lugar de las personas, que puede atraer
a las mentes más débiles pero que, a la postre, se levanta sobre una gran
injusticia. Por eso, el resultado final es un canto a la indocilidad. Como The Machine y como el High-Rise de Ballard, ciencia ficción
actual, bien planteada y muy bien ejecutada. Aunque, sin duda, este
trabajo de Bong Joon-ho es bastante más atractivo que el de Caradog James, por
cierto.
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Trenes
martes, 24 de septiembre de 2013
Exterminio (Aka Virus)
3*
Un virus devastador, el MM88, asola la tierra y acaba con la humanidad, dejando un
puñado de supervivientes en la Antártida, ya que el frío impide la reproducción
del virus. Retrato apocalíptico de la lucha por la supervivencia, dirigida con
un relativo control del pulso rítmico y sentido dramático por el director
japonés Kinji Fukasaku, que luego se haría famoso por su Battle Royale, aunque la historia adolece de una buena porción de
sensiblería gratuita y de un exceso de escenas lacrimosas, enfatizadas por una
BSO romanticona. Además, hay alguna que otra secuencia irrisoria (como la del
viaje a pie de Yoshizumi) y, a la postre, la historia se hace un tanto larga. Sin embargo, el planteamiento, en general, es
sólido, las escenas de debate moral están bien resueltas y la tensión se
dosifica con efectividad (como en La hora final), aunque el final es parcialmente anticlimático y la trama cuenta con
varios descuidos explicativos. La película, por último cuenta con un variado y
solvente reparto internacional (Glenn Ford, Arthur Kennedy, Edward James Olmos,
Robert Vaughn, Masao Musakari, Sonny Chiba, Henry Silva, Olivia Hussey, Chuck
Connors), espectaculares y variadas localizaciones y una fotografía del siempre
correcto Daisaku Kimura, que luego dirigiría Mt. Tsurugidake (2009). Por cierto, atención a los planos de grupo.
martes, 23 de octubre de 2012
El último hombre sobre la tierra
3*
De las tres
dignas versiones que se han rodado sobre la famosísima novela de Richard Matheson, Soy leyenda, esta es la
primera y la más fiel en espíritu y en letra. Por tanto, no extraña encontrar
al mismo Matheson colaborando en el guión, (aunque tuvo que usar un seudónimo
porque quedó descontento con el resultado). La apocalíptica historia se centra
en la rutina diaria del doctor Robert Morgan (Vincent Price), único
superviviente de una plaga vírica, en un mundo atestado de vampiros, a los que
persigue e intenta exterminar. Por su parte, el propio Matheson se aseguró de
que los seres que acosan al protagonista no fueran mutantes ni zombies, sino
vampiros, como en el texto original (aunque tengan comportamientos parecidos a
los zombies de George A. Romero, todo hay que decirlo). Sidney Salkow firma una
coproducción entre la AIP e Italia,
con una más que correcta interpretación de Vincent Price, una lúgubre
fotografía del siempre excelente Franco Delli Colli y un mensaje desolado y
pesimista. Otras lenguas más chismosas
han sugerido una lectura en el marco de la Guerra Fría. En todo caso, parte de la trama recuerda a esa rareza de 1959, El mundo, la carne y el diablo, de Ranald MacDougall. Para adentrarse en ficciones post apocalípticas, es muy recomendable
la compilación de John Joseph Adams, Wastelands: Stories of the Apocalypse,
que destaca la atracción por la aventura, la lucha por la supervivencia y la
exploración de nuevas fronteras, no solamente físicas, como los principales atractivos
que subyacen a este tipo de narraciones.
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Ciencia Ficción,
El último hombre sobre la tierra,
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Richard Matheson,
Sidney Salkow,
Terror,
Vampirismo,
Vincent Price
lunes, 6 de agosto de 2012
Melancolía
2*
El Apocalipsis ya no es lo que era. Ni científicos, ni
políticos ni esperanzas: solo seres humanos pasándolo mal e intentando
sobrevivir en un post mundo hostil y asilvestrado, muy asilvestrado, como en La carretera, de John Hillcoat, o en la
regular serie de TV The Walking Dead.
El inquieto Lars von Trier no quería dejar escapar la ocasión de regalarnos su
visión de una humanidad condenada a la extinción y nos ofrece una decepcionante
reflexión post enlace matrimonial (que, además, es de alto copete), con ínfulas
psicológicas y complacencias estéticas (entre Kubrick, los Prerafaelitas y
Tarkovsky), que no levanta el vuelo en ningún momento y que, además, se pasa Dogma por el forro (como ya viene siendo habitual). Y es que una
película es algo más que un conjunto sucesivo de imágenes hermosas y un
preludio de Wagner: es una historia interesante, bien narrada y con personajes estimulantes,
todo lo cual está ausente de esta película. Los personajes son cansinos y
estereotipados (la mayoría, gente pudiente, orgullosa, estúpida y desencantada),
el argumento es mediocre (y juega algunas de sus principales bazas a intentar
provocar al espectador), no está bien narrada (aburre y los dos puntos de vista
no aportan nada sustancial), la inquieta cámara acaba fastidiando y,
cinematográficamente, es un vil saqueo de varias películas, incluso algunas del
propio von Trier (Sacrificio, El padrino, Celebración o Rompiendo las olas, por ejemplo). Incluso los nombres de las dos
partes, Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), han sido elegidos consciente pero gratuitamente. Steve
Carrell y Keira Knightley lo hacían un poquito mejor (y, sobre todo, más
humildemente) en la contemporánea Seeking
a Friend for the End of the World. Incluso la fallida 4:44 Last Day on Earth, de Abel Ferrara, es un poquito más entretenida. Y, por supuesto, son más interesantes las
preguntas que se hizo Murakami, a mediados de los ochenta, en The Age of Stupid. Hard-Boiled Wonderland and The End of The World.
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