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lunes, 21 de diciembre de 2015

Cosmópolis

2*

Kenneth Rexroth escribió que “la civilización occidental dejó de existir después de la Segunda Guerra Mundial. Vivimos en un cadáver que se agita como una rana muerta en un cable con corriente”. Bueno, puede ser una rana o una rata, que es el símbolo de la decrepitud que manejan Don DeLillo y David Cronenberg en esta nueva incursión del director canadiense en su particular análisis de las bases del discurso de la postmodernidad milenarista, tras su particular digresión sobre Freud y el inconsciente. Usando una limusina como icono del cibercapitalismo actual, Cronenberg toca fondo con una película petulante y pretenciosa, con ciertos destellos de auténtica originalidad cronenbergiana (bien es verdad) pero aburrida y superficial a más no poder. La historia es muy sencilla: con el Apocalipsis de fondo, estamos ante una narración digresiva en la que un broker multimillonario recorre una ciudad newyorkizada para cortarse el pelo. Sobre tamaña chorrada se levante el film. No por casualidad, el actor elegido no es otro que el mortecino y, ya de por sí vampírico, Robert Pattinson. ¿De verdad se pretende que el espectador empatize con un tipo tan desagradable y mezquino cono el protagonista de esta película? ¿O con sus ridículas y contradictorias reflexiones? En fin… Desaconsejable para todas aquellas personas que no se dejan engatusar por palabras vacías, pseudo conocimiento y lenguaje gallinejero. Desaconsejable para los lectores de Hugo von Hofmannsthal y su Carta a Lord Chandos. Desaconsejable para todos aquellos que se esfuerzan por aprender. Para quitarse el mal sabor de boca, el espectador puede disfrutar de la mucho más compacta Last Night (La última noche).

martes, 30 de junio de 2015

Cartas de un hombre muerto (Aka Dead Man's Letters)

3.5*

Decía Win Wenders que las visiones del final de los tiempos se han generalizado tanto que ya no se puede edificar nada nuevo sobre ellas. Así, son muchas las historias cinematográficas ambientadas en un futuro post holocausto nuclear. Desde Five, de Arch Oboler (1951) y El muelle, de Chris Marker (1962) hasta 12 monos, de Terry Gilliam (1995) o La carretera, de John Hillcoat, (2009), pasando por El planeta de los simios, Damnation Alley, Mad Max, Last Night, Testamento final, El día después o el pseudo documental Threads. Por todo ello, nuestra obsesión por un Apocalipsis laico ha sido una constante a lo largo del siglo XX. Y el cine ha sido uno de los medios privilegiados para representarlo. El oscuro y semi desconocido film Deluge, de 1933, da prueba del pionero interés por estas cuestiones. Por su parte, la cinematografía rusa tampoco ha estado al margen de este interés. Por ejemplo, este Cartas de un hombre muerto, rodado en 1986 por el discípulo de Tarkovski, el director ucraniano Konstantin Lopushansky, que trabajó con el genio ruso en Stalker. Se trata de un film desasosegante y tétrico, donde la humanidad superviviente, refugiada en Bunkers subterráneos, reflexiona sobre el sentido de su final, a lo Frank Kermode, entre niños que han perdido el habla, científicos devastados por la culpa y una geografía desolada y radioactiva. Un clásico de la ciencia ficción soviética.

viernes, 20 de marzo de 2015

La noche del comenta (Aka Night of the Comet)

2.5*

A la mañana siguiente del paso de un cometa cerca de la tierra, la ciudad de Los Ángeles se despierta sin habitantes. Solo con dos chicas, algún que otro superviviente y un extraño secreto por descubrir. Es decir, una versión de ¿Dóndeestá todo el mundo? (tanto el capítulo de Twilight Zone como el telefilm de 1974). Night of the Comet es una película post apocalíptica, políticamente incorrecta (en plenas Cultural Wars de la ultraconservadora década de los ochenta), poseedora de un espíritu muy propio de la época y con unos extraños mutant comet zombies pululantes, que van y vienen por el metraje dando sustos de vez en cuando. En realidad, es como una versión deluxe de cualquier producción Troma del momento (el efecto apocalíptico se consigue con un sempiterno filtro rojo lo que le da un aura de comic strip) ya que, a una premisa aterradora, se le añade una comedia adolescente, aventuras en plan La superviviente, de Paul Gillon, muchas ochentadas pop (justo para divertirse, como diría Mickey Vainilla) y una BSO repletita de sintetizadores. Aunque el desarrollo de la segunda mitad y el propio final es de un convencionalismo decepcionante. En todo caso, el componente conspiranóico alinea este film en el bando de producciones tan estimulantes como Están vivos, The Quiet Earth o Hidden (Lo oculto).

sábado, 12 de julio de 2014

Mad Max

3.5*

Mítica creación postapocalíptica, rodada en las antípodas por un cuasi debutante George Miller que, irónicamente, años más tarde, sería conocido por manufacturar universos fílmicos como Babe, el cerdito valiente o Happy Feet. En un mundo destruido por la guerra nuclear, un selecto pero paranoico grupo de agentes de la ley intenta mantener los últimos vestigios de paz y orden (es decir, de civilización) en los desiertos australianos, metáfora de un mundo colapsado. Entre ellos, se encuentra Max Rockatansky, un policía que conduce el archienvidiado Interceptor (un Ford Falcon XB), con el que persigue a toda clase de rateros y asesinos motorizados, como el Loco de la carretera. Con una estética feísta y un tanto retrogay, el film escudriña la naturaleza humana en los límites de la mera supervivencia y la locura y reelabora un mito contemporáneo: el del antihéroe en busca de venganza. Excelentes escenas de acción y un toque melancólico redondean una propuesta que tendría dos continuaciones, la segunda de las cuales es realmente interesante. Además, daría pié a todo un ciclo de imitaciones, como El exterminador de la carretera, de Giulano Carnimeo, aunque, a su vez, la inspiración de la película parece provenir de 2024: Apocalipsis nuclear, ese extraño film rodado por L.Q. Jones, actor habitual en la filmografía de Sam Peckinpah. O, incluso, de los oscuros Glen and Randa y No Blade of Grass.


domingo, 11 de mayo de 2014

Snowpiercer

3.5*

En un futuro cercano, la tierra ha quedado totalmente congelada, con temperaturas que hacen casi imposible la vida en superficie. Sin embargo, un reducido número de seres humanos viven en un tren que no deja de surcar las líneas férreas del planeta debido a un ingenioso dispositivo de movimiento perpétuo. La historia comienza cuando los pobres habitantes de la parte trasera del tren se rebelan contra sus superiores y deciden acceder, vagón tras vagón, a la parte delantera para hacerse con el poder. Lo que irán descubriendo les terminará de helar la sangre, igual que al espectador. Bong Joon-ho dirige una película de ciencia ficción, con un aliento mesiánico similar al de Matrix, pero con cero realidad virtual de por medio. En su lugar, un tren autosuficiente, que funciona como métafora de una especie de capitalismo sostenible pero, a la vez, lleno de trampas y puzzles. Estéticamente, el film es un miasma, bastante aceptable, de retrofuturismo made in Julio Verne, multiculturalismo, The Collector y steampunk (que es lo que ahora se lleva), todo ello sobre la base del cómic original, de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette (aunque, como adaptación, la película se queda muy corta). Todos los efluvios se condensan en un tenso thriller de acción y suspense, donde los personajes, un grupo de lumpenproletariat hartos de ser ninguneados, van poco a poco iluminando el orden social sobre el que se ha establecido el nuevo mundo sobre railes, 17-8 años después de su congelación: es decir, la clase baja se revela a sí misma (y revela al expectador) la superestructura material, técnica e ideológica sobre la que se levanta todo el mundo de Wilford (Ed Harris) y sus acólitos, un mundo que predetermina el lugar de las personas, que puede atraer a las mentes más débiles pero que, a la postre, se levanta sobre una gran injusticia. Por eso, el resultado final es un canto a la indocilidad. Como The Machine y como el High-Rise de Ballard, ciencia ficción actual, bien planteada y muy bien ejecutada. Aunque, sin duda, este trabajo de Bong Joon-ho es bastante más atractivo que el de Caradog James, por cierto.

 

martes, 24 de septiembre de 2013

Exterminio (Aka Virus)

3*

Un virus devastador, el MM88, asola la tierra y acaba con la humanidad, dejando un puñado de supervivientes en la Antártida, ya que el frío impide la reproducción del virus. Retrato apocalíptico de la lucha por la supervivencia, dirigida con un relativo control del pulso rítmico y sentido dramático por el director japonés Kinji Fukasaku, que luego se haría famoso por su Battle Royale, aunque la historia adolece de una buena porción de sensiblería gratuita y de un exceso de escenas lacrimosas, enfatizadas por una BSO romanticona. Además, hay alguna que otra secuencia irrisoria (como la del viaje a pie de Yoshizumi) y, a la postre, la historia se hace un tanto larga. Sin embargo, el planteamiento, en general, es sólido, las escenas de debate moral están bien resueltas y la tensión se dosifica con efectividad (como en La hora final), aunque el final es parcialmente anticlimático y la trama cuenta con varios descuidos explicativos. La película, por último cuenta con un variado y solvente reparto internacional (Glenn Ford, Arthur Kennedy, Edward James Olmos, Robert Vaughn, Masao Musakari, Sonny Chiba, Henry Silva, Olivia Hussey, Chuck Connors), espectaculares y variadas localizaciones y una fotografía del siempre correcto Daisaku Kimura, que luego dirigiría Mt. Tsurugidake (2009). Por cierto, atención a los planos de grupo.


martes, 23 de octubre de 2012

El último hombre sobre la tierra

3*
De las tres dignas versiones que se han rodado sobre la famosísima novela de Richard Matheson, Soy leyenda, esta es la primera y la más fiel en espíritu y en letra. Por tanto, no extraña encontrar al mismo Matheson colaborando en el guión, (aunque tuvo que usar un seudónimo porque quedó descontento con el resultado). La apocalíptica historia se centra en la rutina diaria del doctor Robert Morgan (Vincent Price), único superviviente de una plaga vírica, en un mundo atestado de vampiros, a los que persigue e intenta exterminar. Por su parte, el propio Matheson se aseguró de que los seres que acosan al protagonista no fueran mutantes ni zombies, sino vampiros, como en el texto original (aunque tengan comportamientos parecidos a los zombies de George A. Romero, todo hay que decirlo). Sidney Salkow firma una coproducción entre la AIP e Italia, con una más que correcta interpretación de Vincent Price, una lúgubre fotografía del siempre excelente Franco Delli Colli y un mensaje desolado y pesimista. Otras lenguas más chismosas han sugerido una lectura en el marco de la Guerra Fría. En todo caso, parte de la trama recuerda a esa rareza de 1959, El mundo, la carne y el diablo, de Ranald MacDougall. Para adentrarse en ficciones post apocalípticas, es muy recomendable la compilación de John Joseph Adams, Wastelands: Stories of the Apocalypse, que destaca la atracción por la aventura, la lucha por la supervivencia y la exploración de nuevas fronteras, no solamente físicas, como los principales atractivos que subyacen a este tipo de narraciones.



lunes, 6 de agosto de 2012

Melancolía

2*

El Apocalipsis ya no es lo que era. Ni científicos, ni políticos ni esperanzas: solo seres humanos pasándolo mal e intentando sobrevivir en un post mundo hostil y asilvestrado, muy asilvestrado, como en La carretera, de John Hillcoat, o en la regular serie de TV The Walking Dead. El inquieto Lars von Trier no quería dejar escapar la ocasión de regalarnos su visión de una humanidad condenada a la extinción y nos ofrece una decepcionante reflexión post enlace matrimonial (que, además, es de alto copete), con ínfulas psicológicas y complacencias estéticas (entre Kubrick, los Prerafaelitas y Tarkovsky), que no levanta el vuelo en ningún momento y que, además, se pasa Dogma por el forro (como ya viene siendo habitual). Y es que una película es algo más que un conjunto sucesivo de imágenes hermosas y un preludio de Wagner: es una historia interesante, bien narrada y con personajes estimulantes, todo lo cual está ausente de esta película. Los personajes son cansinos y estereotipados (la mayoría, gente pudiente, orgullosa, estúpida y desencantada), el argumento es mediocre (y juega algunas de sus principales bazas a intentar provocar al espectador), no está bien narrada (aburre y los dos puntos de vista no aportan nada sustancial), la inquieta cámara acaba fastidiando y, cinematográficamente, es un vil saqueo de varias películas, incluso algunas del propio von Trier (Sacrificio, El padrino, Celebración o Rompiendo las olas, por ejemplo). Incluso los nombres de las dos partes, Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), han sido elegidos consciente pero gratuitamente. Steve Carrell y Keira Knightley lo hacían un poquito mejor (y, sobre todo, más humildemente) en la contemporánea Seeking a Friend for the End of the World. Incluso la fallida 4:44 Last Day on Earth, de Abel Ferrara, es un poquito más entretenida. Y, por supuesto, son más interesantes las preguntas que se hizo Murakami, a mediados de los ochenta, en The Age of Stupid. Hard-Boiled Wonderland and The End of The World.