Cuatro mujeres desprejuiciadas y
un poco “putones” se disponen a vivir unos días de asueto en uno de esos
hoteles de la costa española. En los días de viento (sí, en los “días”, no en
las noches, que para eso estamos en la playa), las correosas jovencitas son
asesinadas por una versión cutre casposa de los templarios de Ossorio, una
especie de monjes vivientes violantes. El gran estudioso de la obra del tío de
Javier Marías, Carlos Aguilar, afirma que estamos ante una película indigna de
un “cineasta que tan admirablemente comenzara su carrera”. Uno de esos films clónicos que el venerado y
venerable tío Jess perpetró a lo largo de su dilatadísima carrera,
especialmente en sus últimos tramos, los que van desde mediados de los ochenta
hasta el final de la misma. Una mezcla de cine de terror, erotismo soft sin depilar y de ese humor socarrón
y surrealista con que solía salpicar casi todas sus producciones. Como dice
Lina Romay respecto del personaje de Antonio Mayans, la película es absurda y
extraña, como de otro tiempo. Así, sin más. Mal escrita, mal iluminada, mal
rodada, mal montada, mal musicalizada, mal interpretada, mal maquillada
(atención a esos monjes vestidos de blanco, por Dios), etc. Por lo menos, el
espectador menos exigente se podrá deleitar con la hermosa figura de Jasmina
Bell (alias de Elisa Vela) así como con algunas psicotrónicas secuencias, como
las de la mujer que está atada a una cama y a la que llevan comida con
insecticida y matarratas. En fin, uno de los muchos productos “S” de su
director.
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sábado, 15 de octubre de 2016
miércoles, 31 de agosto de 2016
Ella y el miedo
2.5*
La mayoría de los historiadores
del cine afirman que Gritos en la noche
fue el pistoletazo de salida del género de terror en España. Sin embargo, el
cine de suspense, el thriller y el
fantaterror en general (como La torre de
los siete jorobados) eran géneros que ya habían sido tratados por la
industria cinematográfica española. Por ejemplo, León Klimovsky, en 1963, un
año después del estreno del clásico de Jesús Franco, había llevado a la
pantalla una historia similar a la de El
sabor del miedo (1961) y a la de La
muchacha que sabía demasiado (1962). Una jovencita cabaretera, a punto de
casarse, abandona el oficio y, de camino a casa, por la noche, presencia un
asesinato. Con tan mala fortuna que el asesino también la ve a ella y la
persigue. Pero un Jesús Puente rechonchote, un tanto inusual en su aspecto
físico, hace acto de presencia oportunamente y la salva. Lo que sigue es un
dignísimo film de suspense, obra de
un director muy importante en el seno de la filmografía española, con una
solvente fotografía en blanco y negro, un guión estupendamente dosificado (que
coquetea con el giallo), unas
correctas interpretaciones (ese Jorge Rigaud, esa May Heatherly)… y unos
zapatos amarillos. La música y la ambientación (ese Madrid reconstruido por
obra y gracia del montaje) apoyan convenientemente el misterio en torno a un
supuesto sádico maníaco homicida. Como en algunas películas de Fernando Fernán
Gómez, atención a la aparición de secundarios como Rafaela Aparicio o Antonio Ozores. Por cierto, se aconseja disfrutar junto a esa otra rareza que es Los muertos no perdonan.
sábado, 30 de julio de 2016
Sadomanía, el infierno (Aka el infierno de la pasión)
2*
En una prisión de mujeres en top less, de algún lugar de
Centroamérica, y dirigida por una tosca lesbiana, suceden todo tipo de abusos
sexuales, incluso escenas de bestialidad. Otra de las sexploitation del tío Jess, perteneciente al subgénero WIC y que
fue rodada en coproducción (fórmula esencial en el cine del español). En el
plantel principal, la película cuenta con la presencia de la despampanante porn star Ajita Wilson así como de la
hermosa Gina Janssen. Es decir, en este caso, Jesús Franco no cuenta para
narrar sus tórridas fantasías calenturientas con ninguna de sus principales musas
(Soledad Miranda o Lina Romay, su propia mujer). Aunque, eso sí, el film cuenta con el característico cameo del director (como cobrador gay) así como con la presencia de Antonio Mayans,
buen amigo del creador. La puesta en escena busca la apariencia de qualité pero se queda en uno más de los
intentos del director por materializar su talento cinematográfico en el seno de
una historia (y de un género) francamente marginal. Como atractivo añadido, se
ha de destacar la participación de las núbiles Ursula Buchfellner y Uta Koepke
(que acababa de rodar El triángulo de las
desnudas), que aportan belleza y juventud al producto. La música, por
cierto, es del propio autor. En fin, uno más de los incontables subproductos
del director español.
domingo, 28 de febrero de 2016
La mansion de los muertos vivientes
1.5*
Cuatro mujeres desprejuiciadas y
un poco putones se disponen a vivir unos días de asueto en uno de esos hoteles
de la costa española que se levantaron a base de especulación, mordidas y
burbujas. En los días de viento (sí, en los “días”, no en las noches, que para
eso estamos en la playa), las correosas jovencitas son asesinadas por una
versión cutre casposa de los templarios de Ossorio, una especie de monjes
vivientes “violantes”. El gran estudioso de la obra del tío de Javier Marías,
Carlos Aguilar, afirma que estamos ante “un bodrio”. En verdad, estamos ante uno
de esos films clónicos que el
venerado y venerable tío Jess perpetró a lo largo de su dilatadísima carrera,
especialmente en sus últimos tramos, los que van desde mediados de los ochenta
hasta el final de la misma. Una mezcla de cine de terror, erotismo soft sin depilar y de ese humor socarrón
y surrealista con que solía salpicar casi todas sus producciones, aunque no
tuvieran mucho argumento. Como dice Lina Romay respecto del personaje de
Antonio Mayans, la película es absurda y extraña, como de otro tiempo. Así, sin
más. Mal escrita, mal iluminada, mal rodada, mal montada, mal musicalizada, mal
interpretada, mal maquillada (atención a esos monjes vestidos de blanco, por
Dios), etc. En todo caso, el espectador menos exigente se podrá deleitar con la
hermosa figura de Jasmina Bell (alias
de Elisa Vela) así como con algunas psicotrónicas secuencias, como las de la
mujer que está atada a una cama y a la que llevan comida con insecticida y
matarratas (sic).
miércoles, 8 de enero de 2014
Gritos en la noche
3.5*
Jesús Franco es el director más prolífico del cine español.
Bueno, de hecho, es uno de los más prolíficos de la historia del cine. Y, como
todos los creadores, en algún momento tuvieron que empezar. Pues bien, tras
cuatro películas, el tío de Miguel y de Javier Marías y tío de Ricardo Franco rodó
Gritos en la noche, estrenada en 1962.
Cuenta la historia del doctor Orloff (Howard Vernon), que intenta recomponer el
restro de su hija mediante la piel de varias cabareteras a las que secuestra su
ciego esbirro, Morpho (Ricardo Valle). En este sentido Orloff es el “avant-gardist
of the rabble”, como escribe Antonio Lázaro-Reboll en su estupendo Spanish Horror Film. Por su parte, el
inspector Tanner (Conrado San Martín), remedo torpe del Neyland Smith de Sax
Rohmer, deberá investigar las desapariciones de las cabareteras para intentar
acabar con los insólitos procedimientos del doctor. Como analiza perfectamente
Carlos Aguilar en su clásico sobre el director, el doctor Orloff supone un rendido
homenaje a varias clásicos previos (incluyendo al notable trabajo de Lugosi
sobre una novela de Wallace) y, además, es el principal mito aportado por
España al género de terror. La historia está inspirada en la novela de Jean
Redon (en la que se basó Georges Franjú para Los ojos sin rostro), que también sirvió para el posterior remake del propio Jesús Franco, Los depredadores de la noche, pero el
imaginario visual que crea Franco convierte este film no solamente en el primer exponente del fantaterror español
sino también en una de sus cumbres. Por cierto, El secreto del Dr. Orloff fue la primera secuela de este clásico, junto a Los ojos siniestros del Dr. Orloff.
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Los ojos sin rostro,
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sábado, 26 de octubre de 2013
El horrible secreto del doctor Hitchcock
3*
Una de las obras maestras del gótico italiano, dirigida
por Ricardo Fredda tras Los vampiros
y en la senda de las producciones de las míticas AIP y de la Hammer aunque con algún
que otro elemento propio de la cinematografía transalpina. En todo caso, lo que
está claro es que no tiene nada que ver con el cine que se estaba rodando en
Francia durante los sesenta, con el nude
vampirismo de Jean Rollin a la cabeza. Por otro lado, no por casualidad, la
inspiración de la historia parece provenir, una vez más, de la obra de E.A. Poe,
lo que se puede comprobar no solamente en el contenido necrófilo básico de la
trama sino también en el purificador final, extraído con probabilidad de La caída de la casa Usher. La idea es
bastante perversa y malsana pero la materialización no está a la altura de la
premisa, debido a su previsible e insatisfactorio desarrollo. En todo caso, se
trata de una interesante película, por su absorvente uso del color y de la
ambientación, que cuenta además con dos interpretaciones más que correctas: la
del doctor Hichcock (Robert Flemyng) y, por supuesto, la de Barbara Steele que,
desde La máscara del demonio, venía
protagonizando varias recreaciones góticas (como I lunghi capelli della morte). Por cierto, esta historia coincidó
con el estreno del clásico terrorífico español, Gritos en la noche, de Jesús Franco. Como curiosidad, algunos de
los elementos de la trama ya habían aparecido en varias películas anteriores,
como en Psicosis; otros serían
desarrollados con mayor contundencia y menor gusto estético en films como Re-Animator, Nekromantik,
Aftermath o Vital.
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miércoles, 3 de julio de 2013
Las vampiras (Aka Vampyros Lesbos)
2.5*
Siguiendo la estructura clásica del Drácula de Bram Stoker, Jesús Franco rueda una más de sus múltiples
variaciones sobre el género vampírico aunque, en este caso, con una pátina de
actualización y con el erotismo magnético de Soledad Miranda, una de las musas
del director (su “símbolo femenino”, como escribe Carlos Aguilar), con quien
había trabajado (con mayor o menor intensidad) desde La reina del Tabarín. La verdad es que el film no destaca precisamente por nada en especial, salvo por las
vueltas de tuerca que ofrece respecto de las obsesiones habituales del director
(como en Macumba sexual o La hija de Drácula). Y, de hecho, un par
de escenas están enraízadas, directamente, en la magnífica Miss Muerte (las de los bailes eróticos con el falso maniquí). En
todo caso, se sigue con evidente placer, el guión y la voz en off tienen cierta elaboración y al menos 3-4 escenas son
memorables, aunque la inspiración visual parece un remedo de la extraordinaria El desprecio, de Godard. Por otro lado,
Franco vuelve a componer uno de esos personajes bizarros que tanto le gustaba
interpretar, tanto en su filmografía como bajo la dirección de otros. Producción
alemana, rodada entre Berlín, Alicante y Turquía y con una BSO excelente, que el
propio Quentin Tarantino tomaría prestada para su fascinante Jackie Brown.
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sábado, 13 de abril de 2013
Mis 5 imprescindibles de Jesús Franco:
- Gritos en la noche (1962).
- Miss Muerte (1966).
- Lucky el intrépido (1967).
- Eugénie (Aka Eugenie de Sade) (1974).
- Los depredadores de la noche (1988).
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Miss Muerte
martes, 15 de enero de 2013
Mis 5 calamidades cinematográficas imprescindibles del 2012:
- American Warships (Thunder Levin).
- John Carter (Andrew Stanton).
- Jack y su gemela (Dennis Dugan).
- En la mente del asesino (Rob Cohen).
- La cripta de las condenadas (Jess
Franco).
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Thunder Levin
jueves, 21 de junio de 2012
El extraño viaje
4*
Llena de ese
humor carpetovetónico tan querido por el tándem Berlanga/Azcona, Fernando
Fernán Gómez firma uno de sus mejores trabajos tras la cámara, con un estilo
personal, mezcla de neorrealismo italiano (una escena que recuerda a Arroz Amargo podría ser el ejemplo
perfecto), expresionismo alemán y esperpento patrio, en la línea de un Edgar Neville, por ejemplo. Una película que mira por encima del hombro a esa España
cañí, ignorante y mezquina, a través de una mirada crítica y cáustica que
retrata y denuncia una sociedad que se mueve entre los extremos representados
por las revistas que aparecen en los títulos de crédito: el Hola, El Caso y La Codorniz. A
las que hay que añadir el vetusto ABC.
Cinematográficamente, la cámara se mueve con soltura por este sainete criminal,
no exento de elementos folletinescos, lleno de suspense y misterio, basado en algún
relato de Poe y cuyo desarrollo es un prodigio narrativo. Sin embargo, algunas interpretaciones
resultan excesivamente teatralizadas (la de Carlos Larrañaga y la de Tota Alba,
por ejemplo, junto con las de varios secundarios), la iluminación es
maravillosa pero imperfecta y la partitura de Cristóbal Halffter, a fuerza de su
modernité, subraya (paradójicamente) ese
costumbrismo rancio, malsano y represor. Por otro lado, hay que destacar el excelente trabajo de Rafaela
Aparicio y de Jesús Franco, que componen una pareja de hermanos (histérica ella,
glotón él), absolutamente genial.
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martes, 8 de mayo de 2012
Orlak, el infierno de Frankenstein
3.5*
En la estela del cine gótico de un Riccardo Freda, por ejemplo, el director Rafael Baledón intentó establecer una orientación propia para el cine fantástico mexicano (especialmente para el de terror), paralelo al de la Hammer, junto con Fernando Méndez, Chano Urueta, Miguel Morayta o Jaime Salvador. En esta película, un asesino ayuda a escapar de la cárcel a un mad doctor de buen corazón para que pueda continuar con sus mortuorios experimentos, el resultado de los cuales se pondrá al servicio del ansia de venganza del asesino, a espaldas del propio doctor. Baledón sigue algunas de las convenciones sobre la obra de Mary W. Shelley -con multitud de interesantísimas variaciones- y las mezcla con las propias del universo de Orlac (Maurice Renard, Robert Wiene, Karl Freund). La trama, organizada en 4 actos, es de una sorprendente y moderna perversión, salpicada con multitud de crímenes, notables diálogos sobre la ciencia y la moral y un soterrado sentido del humor. Sin embargo, varias escenas musicales y un tufillo folletinesco restan vigor a la historia. Tanto la obra maestra de Georges Franju como alguna película de Jesús Franco comparten similitudes con esta maravilla de la cinematografía mexicana en la que podemos encontrar a un treintañero Carlos Enrique Taboada en labores de guionista.
En la estela del cine gótico de un Riccardo Freda, por ejemplo, el director Rafael Baledón intentó establecer una orientación propia para el cine fantástico mexicano (especialmente para el de terror), paralelo al de la Hammer, junto con Fernando Méndez, Chano Urueta, Miguel Morayta o Jaime Salvador. En esta película, un asesino ayuda a escapar de la cárcel a un mad doctor de buen corazón para que pueda continuar con sus mortuorios experimentos, el resultado de los cuales se pondrá al servicio del ansia de venganza del asesino, a espaldas del propio doctor. Baledón sigue algunas de las convenciones sobre la obra de Mary W. Shelley -con multitud de interesantísimas variaciones- y las mezcla con las propias del universo de Orlac (Maurice Renard, Robert Wiene, Karl Freund). La trama, organizada en 4 actos, es de una sorprendente y moderna perversión, salpicada con multitud de crímenes, notables diálogos sobre la ciencia y la moral y un soterrado sentido del humor. Sin embargo, varias escenas musicales y un tufillo folletinesco restan vigor a la historia. Tanto la obra maestra de Georges Franju como alguna película de Jesús Franco comparten similitudes con esta maravilla de la cinematografía mexicana en la que podemos encontrar a un treintañero Carlos Enrique Taboada en labores de guionista.
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Terror
martes, 24 de abril de 2012
La caída de la casa Usher
3.5*
De las 8 películas que Roger Corman realizó sobre la obra de
Edgar A. Poe, La máscara de la muerte
roja es, sin duda, la mejor, aunque sea la menos fiel al relato original.
Sin embargo, La caída de la casa Usher (la primera de la serie) es la más fiel al cuento en el que se inspira (descontando, por supuesto, las múltiples licencias que se toma el guionista, Richard
Matheson) y la segunda mejor de toda la serie. Y es que el punto en común de
todas las películas de este ciclo es que ninguna de ellas constituye una
adaptación fidedigna de ninguno de los relatos de Poe –salvo alguno de los tres
cuentos de Historias de Terror-,
aunque sí de su espíritu. En esta
ocasión, se narra la relación misteriosa y malsana que une a dos hermanos,
Roderick y Madeline Usher, con la casa de sus antepasados, llena de maldad y
decrepitud, hasta que el prometido de ella aparece con la intención de llevarla
consigo a Boston y desposarla. Corman rodó esta película en 15 días, apoyado
por el grandísimo talento de tres de sus colaboradores habituales: Vincent Price, Daniell Haller (dirección artística) y Les Baxter (score), además de contar con una
fotografía en CinemaScope, elegante y carmesí, de Floyd Crosby (el operador de Sólo
ante el peligro, por ejemplo). La
caída de la casa Usher es una de las más absorbentes historias de la
productora de Corman, la American
International Pictures. El mismo año, Enrique Carreras presentaba su tríptico Obras maestras del terror, con Narciso Ibáñez Menta (1960). Por su parte, Jesús Franco se atrevió con su propia
versión en El hundimiento de la casa
Usher, con pobres resultados.
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miércoles, 11 de abril de 2012
Muerte de un ciclista
4*
Una pareja de amantes atropella accidentalmente
a un ciclista –cuya muerte es tan insignificante que ni siquiera sale en
pantalla- y se da a la fuga. A partir de ese momento, todo un entramado de
conversaciones ambiguas crearán la sospecha de que alguien les ha visto y, por
lo tanto, de que alguien les puede denunciar. Al sentimiento de culpa por el
crimen, la pareja protagonista debe añadir la insatisfacción que les produce su
pecaminosa relación, basada en la
mentira, el egoísmo y en una fidelidad mal entendida. Toda una bocanada de aire
fresco en el apolillado cine español de la época (salvo el cine de Nieves Conde o el de Manuel Mur, por ejemplo, además del de Berlanga) y una de las mejores
cintas de nuestra cinematografía, de un compromiso neorealista admirable y de
una modernidad fílmica apabullante, en todos y cada uno de sus aspectos -en ese
sentido, hay que nombrar la influencia de Antonioni y su Cronaca di un amore (1950)-, incluida la gran interpretación de
Alberto Closas (por el contrario, la de Lucia Bosé es francamente mejorable).
La perspectiva que el director imprime a la historia permite toda una suerte de
lecturas paralelas (sobre la situación del país, sobre el franquismo, sobre la corrompida
moralidad de la burguesía, cómplice del régimen, etc.), lo que provocó la
persecución de la censura, que metió el tijeretazo en varias escenas así como
forzó el rodaje de un final moralizante y feroz, típico de quienes afirman
estar en posición de la verdad pero no tienen suficiente seguridad en sí mismos
para respetar el pluralismo circundante. Justo al año siguiente, Bardem
regalaría a sus reducidos espectadores otra gran película, Calle Mayor. Nuestro Jesús Franco aparece como asistente del
director, justo 10 años antes de hacerlo para el gran Orson Welles.
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