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sábado, 30 de mayo de 2015

Luz que agoniza (Aka Gaslight)

4*
A finales del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana, la hermosa Paula Alquist (Ingrid Bergman) contrae matrimonio con Gregory Anton (Charles Boyer), un conocido y respetado pianista. Entran a vivir a una casa aristocrática en la que comienzan a ocurrir sucesos extraños, lo que hace peligrar la salud mental de la principal inquilina. Magnífico thriller psicológico, repleto de suspense y con una atmósfera represiva muy bien conseguida, obra del director George Cukor que pone en imágenes una historia retorcida con la única ayuda de los decorados, la luz y una puesta en escena aguerrida y llena de aciertos escénicos. Además, cuenta con varias geniales interpretaciones, especialmente las de Charles Boyer, Ingrid Bergman, Joseph Cotten y Angela Landsbury. Por otro lado, el argumento recuerda, siquiera levemente, al de Nido de víboras, de Anatole Litvak, estrenada en 1948. E incluso a obras tan personales y satisfactorias como Secreto tras la puerta o Rebeca. Pero, en realidad, es un remake de una obra inglesa de 1940, dirigida por el desconocido Thorold Dickinson




miércoles, 23 de enero de 2013

Si no amaneciera

3.5*

Georges Iscovescu (Charles Boyer), un antiguo gigoló, es ahora un inmigrante rumano que está esperando en un pueblo de la frontera de México (Tijuana) para entrar legalmente en USAmérica. Un día, su antigua compañera de baile (Paulette Goddard) le encuentra y le sugiere la idea de que se case con una profesora (Olivia de Haviland) para adquirir la nacionalidad. Sobre esta premisa, Mitchell Leisen rueda una emotiva historia acerca de los sueños dispares de un hombre (atrapado por su pasado) y de una mujer (atrapada por su presente) que, para nuestro regocijo, acaban confluyendo. Toda la película está narrada a través de un flash back que el propio protagonista cuenta de viva voz a un director de cine (el propio Leisen), en pleno rodaje con Veronica Lake y Richard Webb, y al que le está intentado vender la historia de su vida, una artimaña narrativa que recuerda a la de El crepúsculo de los dioses. No por casualidad, el guión es del tándem Brackett-Wilder. El final, que recuerda a la obra maestra de Rosselini, Te querré siempre, es de una modernidad aplastante, por su juego con la elipsis y porque evita hacer caer el desenlace en ese pozo de la ridiculez melodramática que tanto hemos sufrido como espectadores. La música de Victor Young ayuda a que todo esté en su sitio.