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lunes, 29 de mayo de 2017

Mata Hari

2.5*

Producción Golan-Goblus (es decir, pasta puesta por los de la Cannon) para la última película del gran Curtis Harrington, un film erótico de espías, basado en la vida y andanzas de Mata Hari, la bella bailarina (mitad holandesa-mitad javanesa) que estuvo metida en asuntos de política internacional durante la Primera Guerra Mundial (entre París, Berlín y Madrid; entre el Folies Bergère, hoteles de lujo, orgías aristocráticas y el mismo frente bélico), y a la que pone cara la voluptuosa Silvia Kristel. La producción, por supuesto, es muy solvente, igual que la ambientación, la música es la apropiada (aunque resulta un poco cansina) y los actores hacen bien su papel, aunque sin exagerar. El problema con esta película es que arrastra una fama que no coincide exactamente con su calidad. Es probable que sea debido a que mucha gente que habla de ella no la ha visto, porque la historia está narrada con suficiente solvencia y los diálogos son lo suficientemente interesantes para poder decir que uno ha visto la película por el texto, lo que siempre ha pasado con los artículos del Playboy. En todo caso, hay que subrayar que no estamos ante un film extraordinario. Como curiosidad, resulta gracioso encontrarse con una escena en la que sale una calle húngara, en la que figura una tienda con un cartel en castellano que dice “perfumería” y durante la que suena un chotis.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cortina rasgada (Aka Torn Curtain)

3*

¿Por qué Ingmar Bergman se vale de 80’ para contar una historia con la profundidad de Persona y Alfred Hitchcock necesita 120’ para narrar Cortina rasgada? De hecho, habría que preguntarse por qué el cine del maestro sueco es tan parvo en duración mientras que el del maestro inglés suele ser tan generoso en minutaje. La respuesta podría estar en el suspense: para crear suspense hace falta tiempo, hace falta dilatar la duración de las cosas, como señala Anthony “Hitchkins” al final de ese biopic que ha protagonizado recientemente sobre el creador de Vértigo. Y como también señalaba François Truffaut en sus gloriosas conversaciones con el auteur, recogidas en la edición definitiva de El cine según Hitchcock. En fin, reflexiones aparte, el tío Alfred pergeña una trama de espías sobre robo de secretos nucleares en el marco de la Guerra Fría, tras el telón de acero y en el marco incomparable del Berlín dividido de postguerra. Adereza la ensalada con un balsámico de Paul Newman (en su única y conflictiva colaboración con el orondo director), con las estimulantes esencias de Julie Andrews (francamente, una pareja poco sólida) y con la minuciosa partitura especiada del siempre excelente y contrapuntístico John Addison, el compositor de esas maravillas musicales que son las BSO de Un puente lejano, La huella o Mujeres en Venecia, por poner solo tres gloriosos ejemplos.


Agente 007 contra el Dr. No (Aka Dr. No)

3.5*
Primera incursión fílmica de ese mito contemporáneo creado por Ian Fleming, James Bond, un agente británico al servicio secreto de su Majestad que tiene que viajar a Jamaica (antigua colonia inglesa) para investigar la desaparición de otro agente. Un malvado, el Doctor Julius No, con manos mecánicas, es un mercenario renegado que no quiere trabajar ni para el Este ni para el Oeste (es decir, ni para el Capitalismo ni para el Comunismo), dinamitando así los presupuestos de la Guerra Fría. De hecho, el Doctor No afirma trabajar para Spectra (SPecial Executive for Counter-intelligence, Terrorism, Revenge and Extortion), por lo que, de hecho, estamos ante la primera aparición de esta icónica organización del mal. Una organización que representa todo aquello que Bond combate. Un film alejado de esa espectacularidad banal, propia de buena parte de la filmografía del personaje, y con pocas o nulas escenas inverosímiles (de hecho, a Bond le pegan y le engañan varias veces), aunque bien asentado en esa mezcla de cine de acción con espías, política ficción y suspense, con el lujo adecuado, una adecuada presencia de mujeres hermosas (estamos ante un producto para hombres) y la aparición de todo tipo de artilugios tecnológicos. Un hito cinematográfico en su momento, incluso criticado por su sadismo, pero que, en la actualidad, ha rebajado considerablemente su capacidad para impresionar al espectador medio, tanto por el mero paso del tiempo como por el desarrollo de la experiencia media del público. 


lunes, 14 de diciembre de 2015

Muere otro día (Aka Die Another Day)

1.5*

Mediocre, ridícula, una auténtica fantochada. Siempre se ha dicho que las películas interpretadas por Roger Moore eran una parodia de la saga Bond. Pero eso se decía porque se comparaban con las que habían protagonizado Sean Connery y George Lazenby, que eran pulcros productos de entretenimiento, cine de espías que, sin llegar a los dos rombos, se consideraba la versión visual oficial de esa literatura para adultos que producía Sir Ian Fleming. Pues bien, la fase Brosnan es, en general, una degeneración de los elementos bondianos, aunque llevados al paroxismo. El problema es que, además, se hace sin gracia, con una extraña mezcla de elementos light, horterada pseudo tecnológica y mucha sangre. En este caso, Lee Tamahori no consigue sacar el alma a una historia ridícula, con unos personajes entre paródicos, estereotipados y previsibles, unas situaciones absolutamente fantasmales y unos diálogos simplones como esas técnicas para ligar en el lounge de moda de los nuevos ricos. Una pena, la verdad. Porque, aparte de mala, aburre. Lo único destacable es la presencia de Halle Berry. Bueno, y el hecho de que, ya desde los títulos de crédito, con esa BSO execrable, la película te está avisando de por donde van los tiros. Licencia para vomitar. Todo lo demás, todo lo malo, no murió otro día: murió el mismo día del estreno.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Skyfall

2.5*

Cada generación ha de reescribir las historias de su pasado. Y da igual que sean sus historias reales o sus historias imaginarias. Por eso, iba haciendo falta que se reescribieran las historias de James Bond. De ahí el estreno de Casino Royale y de Quantum of Solace. Así que, poco a poco, se están desempolvando, desapolillando, renovando. En esta ocasión, San Mendes coge el testigo para rodar una de las más increíbles (por inverosímiles) de todas las películas de la saga, en particular si la comparamos con los dos primeros capítulos de esta mini “resurrección”. De hecho, recuerda un poco a una famosa escena de The Matrix fundida con las inauditas concatenaciones del guión de Miller’s Crossing. Para más inri, todos los planos, todas las escenas, todas las secuencias se intentar rodear de un aire de qualité visual, de una niebla artística (algo similar a lo que le ocurre al Batman de Nolan), lo que no favorece la implicación del espectador, que se queda contemplando un fuego de artificios sin mayor interés ni empatía. Es verdad que el villano tiene cierto carisma, que las chicas Bond son sólidas y que el film tiene múltiples guiños a la historia de la saga (lo cual va estimulando la memoria del público) pero, eso no es suficiente: bajo un maquillaje de ridículo patriotismo, emerge un guión desastroso y previsible, con varios chuscos agujeros, algunas frases infantiles, un par de gracias desubicadas y mucha lectura freudiana de tercera clase. Así, Bond aparece como un niño expósito traumatizado y con complejo de Edipo, que tiene que romper con su pasado destruyendo su símbolo psicológico más habitable: la mansión familiar. Podría haberse hecho algo mucho más lúcido pero Mendes ha decidido seguir por el camino de la mitificación adolescente. Ni siquiera la presencia de Albert Finney redime a este fallido intento Hollywoodiense de adecentar la, tantas veces mancillada, épica bondiana.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Con la muerte en los talones (Aka North By Northwest)

4*
Dedicada a Orit A. Amar
Un ejecutivo de Madison Avenue (Cary Grant) es confundido con George Kaplan, un agente de la CIA, lo que le coloca en una trama rocambolesca y perfectamente olvidable en la que será secuestrado, perseguido, atacado e, incluso, se enamorará de una hermosa mujer. En esta trama, Grant será acompañado por sus partenaires, James Mason, Eva Marie Saint y Martin Landau. Durante las más de dos horas de película, Hitchcock irá zarandeando al protagonista del film y a los millones de espectadores del mundo entero que han sido arrastrados por esta presa desbordada de puro entretenimiento. Como decía el propio Hitchcock, North by Northwest es una broma contínua, inverosímil, que prefiere hacerse pasar por una película de intriga y de suspense. Por eso, pertenece a esa parte de su filmografía que Truffaut denominada “los tormentos de un inocente perseguido”: un auténtico “melodrama de la caza del hombre”. Hitchcock sigue con sus tramas pesadillescas, repletas de casualidades y misterios, donde la “lógica de los sueños” se desarrolla mediante una historia que pretende asirse a lo verosímil desde postulados fílmicos bastantes abstractos. De ahí la importancia de la imagen y del montaje, más que del guión, así como de algunas secuencias clave. El resultado es un cine de situaciones, del que hablara Truffaut, más que de personajes (una de las grandes carencias del trabajo del orondo director, según sus propias palabras). Por eso, en la memoria del espectador siempre estará ese Cary Grant corriendo por una carretera polvorienta mientras un aeroplano intenta matarle pasándole por encima. O a ese mismo Cary Grant, en su casi despedida del cine, descendiendo por las caras presidenciales del monte Rushmore. O la escena de la ONU.

domingo, 24 de agosto de 2014

Safe House (Aka El invitado)

2*

El proscrito ex-agente de la CIA Tobin Frost (Denzel Washington), arrepentido de su trabajo, consigue documentos que pueden poner contra las cuerdas a varias agencias estatales de espionaje. Al mismo tiempo, un inexperto agente de la misma agencia (Ryan Reynolds), encargado de vigilar un piso franco en Ciudad del Cabo, tiene que protegerle de varias personas que quieren acabar con su vida. En el interim, irá comprendiendo la verdadera naturaleza de su trabajo, hasta hacerle dudar de la ética de sus superiores y, por tanto, de sus propias lealtades. Un “más de lo mismo”, mil y una veces visto (saga Bourne presente), con más relleno de lo habitual (como la trama con la novia) y que, además, está muy torpemente escrito. De hecho, House Safe es una chorrada liberal bienintencionada, repleta de tópicos y con un alto nivel de fantasmadas de acción. A su favor, sin embargo, hay que mencionar las competentes (sin más) interpretaciones del plantel protagonista (los mencionados más Brendan Gleeson, Vera Farmiga, Rubén Blades, Robert Patrick y Sam Shepard), aunque, para ser justos, Denzel Washington vuelve a ofrecer, de forma rutinaria, uno de esos papeles a los que nos tiene últimamente acostumbrados.


miércoles, 23 de julio de 2014

El parque Gorki (Aka Gorky Park)

3*

Gélido thriller político y policial, rodado en Suecia, Finlandia y la URSS, que supone una interesante inversión de los temas, personajes y situaciones típicas del género USAmericano. Bien visto, el film podría leerse casi como una reinvidación del intervencionismo soviético en contraposición a la avaricia típica del capitalismo en su versión más salvaje (donde, además, se juega con el doble sentido del comercio de pieles). Los personajes de William Hurt, Brian Donehy y Lee Marvin engrandecen la trama y el conjunto final de la película con su buen hacer mientras que el personaje de Joanna Pacula desespera por su laguidez, confusión y volatilidad

jueves, 11 de julio de 2013

Memoria Letal

3*
Dedicada a Carolina Mateo
Renny Harlin, ese director de cine con aspecto de estrella de rock escandinava, ha dirigido algunas de las bazofias más taquilleras del Hollywood reciente. Sin embargo, por ejemplo, su remake de El Exorcista es una película sin alma, que no produce ningún tipo de sentiminto salvo el aburrimiento. Por otro lado, manejando los resortes del thriller y del cine de acción, Harlin ha conseguido varias películas tolerables y, sobre todo, entretenidas. Como muestra un botón: Cleaner, Máximo riesgo o La jungla 2 (alerta roja). En el caso de esta Memoria Letal, Harlin añade, además, un poco de humor (a cargo del siempre sobrado Samuel L. Jackson), una heroína a lo Jason Bourne (Geena Davies, la propia mujer del director), una trama de espías y un crescendo rítmico trepidante y muy bien conseguido. El resultado es una película espídica (aunque sin llegar al nivel de Speed), montada con una media de 3 segundos por toma (por obra y gracia de William Transformer Goldenberg), con esa chulería típica de productos como El último Boy Scout (con el que comparte guionista), que saca buen partido de las localizaciones canadienses y con una clásica y rock’n’rollera BSO. Atención al trabajo de Brian Cox y de David Morse, dos secundarios de lujo.



sábado, 9 de marzo de 2013

La semilla del tamarindo

2.5*

Entretenida historia de espionaje en el marco de la Guerra Fría, con el protagonismo de una circunspecta Julie Andrews y de un seductor Omar Sharif, en el papel de un agente ruso que decide pasarse al bando occidental por amor, por cinismo o por puro y simple desencanto (o por la suma de las tres razones). En la línea de Funeral en Berlín, Scorpio, El ejecutor o, incluso, de Cortina rasgada, resulta convencional en su desarrollo y en su conclusión, aunque sin embargo, la película mantiene cierto interés en la trama y el suspense, gracias a la contención rítmica de Blake Edwards, y contiene, además, algunos diálogos ciertamente estimulantes. Solvente plantel de secundarios (especialmente Anthony Quayle y Oscar Homolka) y discreta BSO de John Barry, especialista en música para películas de espías, incluidas las de James Bond. El film evoca en el espectador el recuerdo de La noche de los generales, de Anatole Litvak, también con Omar Sharif.



jueves, 6 de diciembre de 2012

007 Al servicio secreto de su Majestad

2.5*

Tras Sólo se vive dos veces, su sexta participación en la serie Bond, un aburrido Sean Connery cedió el papel del agente 007 al actor australiano George Lazenby. Sin embargo, tras el fracaso crítico (que no comercial) de esta película de Peter Hunt, Connery hubo de volver a enfundarse el smoking del agente con licencia para matar. ¿Cuáles fueron las razones para este regreso? En primer lugar, 007 Al servicio secreto de su Majestad es una producción estremadamente fiel a la novela original, lo cual obligó a estirar la trama hasta los 140’. En segundo lugar, George Lazenby no consiguió imprimir una imagen convicente a la figura de Bond, tanto por sus rasgos físicos como por su mediocre interpretación. De hecho, se hacen bromas en la misma película sobre las orejas del actor. En tercer lugar, la historia es emocionalmente compleja, sin varios de los tópicos anteriores, y en la que se puede ver a un Bond vulnerable y enamorado, como en la posterior Casino Royale. En cuarto lugar, el film tiene varios fallos de guión, de puesta en escena y de ritmo. En quinto lugar, la trama mantiene interesantes conexiones con problemas de gran actualidad (como las guerras bacteriológicas), pero el desarrollo es bastante convencional e increible (como ese grupo de letales y pizpiretas asesinas). En sexto lugar, el diseño de producción bascula entre la imagineria pop, el clasicismo british, el Estilo Internacional y lo vintage, produciendo una cierta confusión visual. En septimo lugar, la ambigüedad moral de la historia. Por ejemplo, el principal colaborador de Bond es Draco (Gabriele Ferzetti), el padre de Tracy (Dianna Rigg) y capo de una orgnización criminal que también tiene negocios legales. En octavo lugar, el pseudo aristocrático e inconsistente villano, intepretado con desgana por Telly Savallas. En noveno lugar, la película adolece de algunos irrisorios rasgos del estilo cinematográfico de finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Sin embargo, a su favor, hay que mencionar la BSO de John Barry, la fotografía y algunas escenas de acción, francamente bien rodadas y montadas.


miércoles, 11 de enero de 2012

El topo

3*

 
La última versión de las desventuras de George Smiley (personaje creado por el gran John Le Carré sobre la biografía de Kim Philby), esta vez con un gélido director sueco tras la cámara, Tomas Alfredson, el autor de la sobrevalorada Déjame entrar. A lo largo de su dilatado metraje (127’), Smiley (un sobrio Gary Oldman) debe averiguar cuál de sus compañeros trabaja para el enemigo; es decir, debe encontrar el topo que se encuentra oculto en el seno de su ex organización: los servicios secretos británicos. Para ello, Alfredson construye una narración excesivamente morosa y con varios errores, con un montaje confuso donde se mezclan escenas contemporáneas con múltiples flashbacks, y que va siguiendo a unos personajes aburridos en una trama ambigua que recuerda a una partida de ajedrez pero sin tablero… El topo aprovecha, también, un buen puñado de clichés (tanto temáticos como visuales) extraídos de varias películas de espionaje, como Clave Omega, Scorpio, Los tres días del Cóndor o, especialmente, de la modesta pero absorbente serie de la BBC que, sobre el mismo material, protagonizó Alec Guiness en 1970. Por otro lado, la BSO es soberbia dentro de su sencillez. Sin embargo, el resultado final destaca precisamente por esta mezcla de errores, ambigüedades y clichés, consiguiendo, precisamente, el efecto que pretendía: confundir al espectador con una narración fría sobre un personaje frío que tiene por encargo una misión innecesaria.
 

martes, 8 de noviembre de 2011

Casino Royale

3.5*


Magnífica recuperación del mítico personaje de Ian Fleming, que se atreve a hacer algo que las películas inmediatamente anteriores habían hecho erróneamente: romper varios tópicos. El primero de los cuales es hacer la película terriblemente creíble, en contra de la inverosimilitud tradicional de la serie. Y, para empezar, esta es la primera película desde Moonraker que se basa íntegramente en una novela del creador de James Bond, del mismo título, que fue publicada en 1953. En segundo lugar, Martin Campbell nos ofrece una historia sensata acerca de la primera misión de un agente secreto británico, con licencia para matar y al servicio de su Majestad. Y lo hace sobre la base de un guión correctamente elaborado (donde se nota la mano de Paul Haggis, entre otros), una tensa trama y un Daniel Craig enorme y muy convincente, tanto en las escenas de acción como en las sentimentales. El metraje puede parecer un poco excesivo pero la emoción está plenamente garantizada. De hecho, al final, el espectador corre el riesgo de compartir la desolación que siente el propio 007. Por otro lado, conviene recordar que no tiene nada que ver con la versión anterior, la ultraparódica Casino Royale, de 1967.