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martes, 24 de junio de 2014

Cuerno de cabra (Aka The Goat Horn)

3.5*

Muchas son las historias que se han desarrollado en las fronteras ominosas de la Edad Media pero pocas son las que han alcanzado la fama universal más allá de los hits de la cinematografía británica, USAmericana y puntuales éxitos del cine francés o ruso (como El nombre de la Rosa o Andrei Rublev). El cine histórico que se ha realizado en los países de la Europa del Este, en las ex repúblicas soviéticas, ha sido mal distribuido y mal valorado así que ya va siendo hora de intentar paliar esta injusticia crítica. En este caso, tenemos entre manos un clásico del cine búlgaro, de Metodi Andonov, rodado y estrenado en 1972. La película ofrece un retrato de la vida rural en el Medioevo pasado por el tamiz del cine de venganzas, tan extendido por todas las latitudes del orbe. Aunque el Medioevo que radiografía Andonov es como el Medievo japonés: una forma de vida anacrónica que sobrevive en el contexto del mundo postrenacentista, postreformista y premoderno del siglo XVII. Un ganadero regresa de las montañas y se entera de que su mujer ha sido violada y asesinada por un grupo de turcos. Quema su hogar y se lleva a su hija a la sierra para garçonizarla y para eliminar su inocencia y así poder entrenarla para vengar la muerte de su madre, venganza que ejecutará con todo tipo de escaramuzas pero siempre con un cuerno de cabra. Cuando la hija es mayor, regresa al pueblo para materializar su destino y, de paso, conocer el amor, aunque sea de una forma trágica. En realidad, Andonov presenta un retrato descarnado de las durísimas condiciones de vida y del desamparo de las comunidades rurales de la época, mucho más ancladas en la tradición y el inmovilismo que las comunidades urbanas. En este sentido, no es ocioso comparar este film con Virginia, para el caso de Yugoslavia, o con Surcos, para el caso de España. Pero Andonov también ofrece un retrato de la “convivencia” en tiempos de la ocupación turca del país, lo que le permite mostrar los excesos y la explotación otomana. Aun siendo en B&W, la película destila una belleza realmente destacable, especialmente por su cruda simplicidad. Y, por último, aun habiendo sido rodado en los setenta, el film tiene una puesta en escena clásica, muy alejada de varias de las constantes de la época. 

viernes, 10 de febrero de 2012

Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres

3.5*

Parece que David Fincher tenía ganas de desenmascarar y de castigar a un psycho killer, después de la soberbia Se7en y, sobre todo, de la laberíntica e hiper perfeccionista Zodiac. Por eso, quizás, ha aceptado llevar a la pantalla grande un encargo escrito por alguien lo suficientemente cercano a su imaginario y a sus obsesiones como Stieg Larsson, creador de la franquicia Millennium. Y por eso, probablemente también, ha decidido ser fiel al contenido noir de la novela, a su trama detectivesca, a los oscuros secretos de la disfuncional familia de empresarios suecos protagonista y, finalmente, a la propia localización original, los contrastados paisajes de la Suecia actual. Sin embargo, la historia es excesivamente enrevesada, por momentos poco convincente (como esa escena en la que Craig entra en la casa del asesino sabiendo quién es o esa otra en la que Salander despluma unos cuantos bancos suizos con la ayuda de una peluca, un pasaporte falso, un bolso de imitación y todo su –en este caso- inverosímil talento) y con un final, con varias resoluciones encadenadas, impropio de Fincher y más cercano a la naturaleza telefílmica del guión. Dicho esto, la película está muy bien narrada y contiene la suficiente ambigüedad para hacer que la historia enganche, además de contener breves pero apropiadas dosis de humor. Por su parte, los actores principales crean dos personajes fascinantes -cada uno a su manera, evidentemente-. Magnífico, por tanto, ese actor tan sutil como rudo que es el proletario Daniel Craig aunque merecen una mención aparte Christopher Plummer –en un papel que estaba reservado a Max von Sidow- y Stellan Skarsgård -dos secundarios de lujo y las dos caras de una misma moneda, de una misma familia- así como la BSO de Reznor y Ross, incluyendo la adaptación de un tema de Led Zeppelin para los títulos de crédito iniciales.