Mostrando entradas con la etiqueta Ron Perlman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ron Perlman. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de enero de 2016

Outlander

2*

El principal problema de esta película no es la curiosa mezcla de géneros (Sci-Fi, aventuras, monstruos, vikingos, etc.). Ni las mediocres interpretaciones. Ni el casting (un John Hurt que no convence como guerrero noruego; o un Caviezel que tiene la misma mueca mohína que en La delgada línea roja). El principal handicap de este film es el desarrollo de la narración: está repleta de tópicos, de escenas de relleno, de situaciones archi-conocidas, de diálogos acecinados como la alimentación vikinga, de secuencias típicas, de gestos mil y una vez contemplados. Hace falta ser un poco tierno o un poco aprendiz en cuestiones fílmicas para disfrutar con fruición de esta película. Por otro lado, buena parte del supuesto atractivo de la cinta descansa en los FX. Pero éstos tampoco sobresalen en una puesta en escena estandarizada y típica de este tipo de producciones y que, además, tiende al aturdimiento, mediante el uso de los característicos mil y un planos, de la cámara en mano y del hipermontaje (ese montaje ultra rápido que consigue que el espectador no pueda ver realmente qué está sucediendo). Casi en cada plano hay un efecto digital. De hecho, en muchos planos hay una saturación de efectos por ordenador. Y no siempre convincentes. Cuando pasa un caballo por un poblado lacerado, el caballo es digital. Cuando aparece un árbol en medio de una casa vikinga, el árbol es digital. Cuando dos tipos compiten saltando de escudo en escudo, todo es digital. Lo único que hay real en la película, lo único que es de carne y hueso, son los paisajes. Y, bueno, en algunos momentos, los actores. 

viernes, 31 de julio de 2015

Drive

2.5*

Thriller de neón, a la Beat Takeshi, con una mezcla de poesía urbana, una puesta en escena ralentizada y tronadores fogonazos de violencia, que supone una de las más extrañas tomaduras de pelo del cine reciente. En el fondo, Nicolas Winding Refn hila un thriller Westerniano, con unos personajes banales, contradictorios y, además, ese "samurai" protagonista (que no tiene ni nombre), sin pasado. En la forma, el mismo director compone un auténtico pastiche cinematográfico, un calco de ese cine ochentero rodado por el gran Michael Mann (especialmente su Ladrón, con el que comparte hasta el mismo estilo de score), junto con el espíritu de Miami Vice, Cobra, Vivir y morir en Los Angeles y esa conducta videoclipera de un Tony Scott (esas escenas que se organizan visual y temáticamente en torno a una canción, oportunamente elegida). Aunque, en todo caso, la fuente de inspiración, tanto estética como narrativamente, es el Driver de Walter Hill. Lo mejor del film es, sin duda, la interpretación de Ron Perlman así como ese guiño irónico que supone la presencia de Albert Brooks. Por lo demás, aparte de alguna escena muy bien planificada y rodada, la cinta es como un descapotable al que no le puedes quitar la capota: una idea más que una realidad. Fíjense, por favor, en la persecución pre créditos: hay planos que pretenden producir sensación de velocidad y de adrenalina y consiguen justo lo contrario (el coche que huye va a menor velocidad que el resto de los coches que salen en el plano). [Spoiler: O fíjense en la forma en que el hombre de la chaqueta de escorpión es capaz de dejarse apuñalar. Para, luego, dejar el dinero y desaparecer (sic)].

sábado, 24 de noviembre de 2012

Hellboy 2: El ejército dorado

2.5*

Guillermo del Toro se pone tras la cámara por segunda vez para perpetrar otra adaptación de las aventuras del personaje creado por Mike Mignola y publicado en la imprescindible Dark Horse Comics. El resultado no es ni mejor ni peor que la primera. Creatividad visual a raudales para una historia ocultista, pulp y con mucha acción que, sin embargo, pierde un poco de empaque a causa de algunas escenas en extremo sentimentales y de algún que otro dialogo más propio de la factoria Disney que del oscuro e inteligente mundo del director mexicano. Ron Perlman, por su parte, compone un personaje digno de su propia altura, tanto física como interpretativa. Por cierto, ¿a que se debe esa extraña manía de multiplicar y de llenar cada plano con miles de seres clónicos, producidos exclusivamente por el departamento de efectos digitales?