Tras el éxito de Naves misteriosas, Star Wars, Alien, el 8º
pasajero y otros films de ciencia
ficción, Stanley Donen recibió el encargo de rodar una historia ambientada en
un laboratorio experimental en una luna de Saturno, donde se intenta producir “cultivos
hidropónicos” para socorrer el hambre de la Tierra. ¿Ein? El argumento,
rocambolesco y absurdo, se centra en los intentos, un poco inexplicables, que
lleva a cabo un despiadado capitán que pretende poner en marcha un robot que (tampoco
se sabe muy bien por qué, salvo porque su creador, por “infiltración cerebral”,
es un asesino) decidirá atacar a los dos científicos (amantes, para más señas) que
viven en la estación saturniana (Kirk Douglas y Farrah Fawcett). Donen firma
una película que tiene dinero, que tiene ciertos aciertos y algunos buenos
diseños pero que deja en el espectador una sensación de “WTF?”, ya que varias
escenas, varios diálogos y varios giros de guión son de lo más chorralaires. De
hecho, el diseño del robot asesino, una especie de Terminator inteligente e “indestructible”, produce un poco de
sonrojo debido a su diminuta cabeza (en algunos planos, además, recuerda un
poco el rostro de “jigsaw”). Los 3 actores protagonistas, para terminar,
tampoco es que brillen especialmente en esta decepcionante entrega de cutre ficción made in England. Tres curiosidades finales: el guionista fue, nada
menos, que Martin Amis. Una idea que aparece en la cinta podría ser el
antecedente directo de una de las más interesantes proezas visuales de Ghost in the Shell y, por extensión, de Matrix. ¡Ahh, por cierto!: a papa Douglas se le ve el culete.
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domingo, 15 de mayo de 2016
Saturno 3 (Aka Saturn 3)
2*
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lunes, 15 de febrero de 2016
Lejos del cielo (Aka Far from Heaven)
2.5*
Todd Haynes es uno de los
directores más admirados del Hollywood postmoderno. Pero igual no es admirado
por sus cualidades personales sino por haber conseguido resucitar una forma de
hacer cine que hunde sus raíces en los white upper-class melodramas, clasistas y coloreados, del
gran Douglas Sirk. De hecho, esta película, unánimemente aplaudida en todo el
mundo no es sino una recreación de Solo
el cielo lo sabe, el enorme canto a la libertad de Jane Wyman y Rock Hudson
(incluso los títulos de crédito y el movimiento de grúa inicial son un calco
del original). Sin embargo, Haynes ha sustituido el problema de fondo del film anterior por dos tabúes de la
época: una reflexión sobre la discriminación del homosexual así como sobre los
padecimientos sociales del pueblo Afroamericano, en ese American Way of Life quimérico y parcial de los cincuenta pero que
ha seguido inspirando al pueblo USAmericano en su búsqueda de la felicidad. Por
lo demás, la película es rutinaria y previsible en el desarrollo de la trama,
repletita de lugares comunes y de situaciones mil y una vez vistas. Por ello,
quizás, no consigue producir una emoción honesta y sincera en el espectador,
por mucho que Julianne Moore se entregue a un personaje que parece cortado por la
modista que la vistió en El fin del romance, aunque el patrón sea de ama de casa pin-up. Mención aparte merece Dennis Quaid, completamente
desubicado, y Patricia Clarkson, en su sempiterno rol de amiga comprensiva, una especie de Agnes Moorehead. Incluso
la evocativa BSO, del gran Elmer Bernstein, suena de cartón piedra, como buena
parte de esta aclamada cinta. Lo que sí que es de justicia destacar es la
admirable labor de ambientación y de iluminación durante todo el metraje. Una
labor que, aunque kitsch y
arbitraria, por partida doble, supone un auténtico regocijo casi para cualquier
clase de espectador. Y por eso, solo por eso, ya merece un visionado.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Tarón y el caldero mágico (Aka The Black Cauldron)
3*
Atípica y cuasi desconocida
película de Disney, estrenada en pleno éxito de Los Cazafantasmas, Legend,
La historia interminable e, incluso, Merlin el encantador y Excalibur, de todas las cuales se toman
prestados ciertos elementos aunque, en todo caso, estamos frente a una
adaptación animada de Las Crónicas de Prydain
de Lloyd Alexander, elaboradas al calor de la obra de Tolkien, Shakespeare y
del ciclo artúrico. Lo prodigioso es que en la película hay oscuridad, magia, erotismo, extraños personajes, muertos vivientes, comportamientos insólitos en
el cine de la compañía, etc. Lo menos prodigioso, por tanto, es descubrir el
poco éxito que tuvo en su época, tanto de critica como de público. De hecho,
tardó varios años en llegar al mercado del video. Estéticamente, el diseño de
personajes es el que se podría esperar de la Disney en esa época aunque hay
evidentes conexiones con la estética de las obras de Ralph Bakshi, en
particular con las dibujadas por Frank Frazetta. Por cierto, el film posee una hermosísima partitura de
Elmer Bernstein y entre las voces de los principales personajes podemos
encontrar las de John Hurt, Freddie Jones, Nigel Hawthorne o John Byner así como
la del propio John Huston. Con probabilidad, la película más underground de The Walt Disney Company.
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miércoles, 24 de junio de 2015
Como un torrente (Aka Some Came Running)
4*
Como en
An American Tragedy, de Dreiser,
Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor
medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo
natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente
melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta
narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica,
propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte
de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos
entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur
Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley
MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider
(Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia
durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el
género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo
social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En
est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino
que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la
sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la
película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los
movimientos de cámara (especialmente en los travellings),
los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de
ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para
un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con
el más injusto de los cierres.
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lunes, 20 de mayo de 2013
Un hombre lobo americano en Londres
3.5*
En la actualidad, salvo contadísimas excepciones, nadie suele
hablar de los creadores de los FX digitales. Sin embargo, no hace mucho, los
diseñadores de efectos especiales sí que conseguían hacerse un hueco en la
industria cinematográfica cuando impresionaban con su trabajo a los
espectadores. Este es el caso de Rick Baker, que ha pasado a la historia por
algunos de los mejores maquillajes y animatronics
de las últimas décadas. De hecho, en este film,
consiguió una de las mejores transformaciones licántropas que se han visto en
el cine. Por lo menos para la época, como siempre se ha de decir. Lo mismo que
su discípulo, Rob Bottin, en Aullidos.
En todo caso, Un hombre lobo americano en
Londres supone una estimable y honesta actualización del mito del hombre
lobo, rodada con mucho cariño y conocimiento de causa y gracias, sobre todo, a
una adecuada fusión entre el género de terror y la comedia USAmericana de los
ochenta, aderezado con una muy british
historia de amor. John Landis rinde homenaje al mito de Larry Talbot
aprovechando un guión bien compacto y una solvente producción. Por cierto, la
película está repleta de guiños cinéfilos (Nosferatu,
Sweeney Todd, La maldición del hombre lobo o El
Álamo, por ejemplo). Además, el score
acompaña a la historia con varias referencias irónicas a lo que pasa en
pantalla (como las canciones Blue Moon
o el tema de la Creedence Clearwater Revival, Bad Moon Rising).
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Un hombre lobo americano en Londres
lunes, 8 de abril de 2013
Siete mujeres
4*
Decía Tag Gallagher que “el virtuosismo es a menudo más
grande en las cosas más sencillas y la complejidad es propiamente la nítida
combinación de una multitud de articulaciones simples”. Pues bien, esta
firmación se refiere a la última película de un director único. Tras una
larguísima y extraordinaria carrera, el maestro John Ford rodó, en 1966, 7 Women, su última película, que fue un
auténtico fracaso, tanto de público como de crítica. La historia gira en torno
a un grupo de mujeres que viven en una rígida misión evangelizadora situada en
medio de varios conflictos bélicos, cerca la frontera entre China y Mongolia.
Corre el año de 1935 y el señor de la guerra Tunga Khan está asolando la zona.
La llegada de la doctora Ágatha Cartwright (Anne Bancroft), una profesional inconformista
y descreída, hará tambalear buena parte del conjunto de convenciones y
creencias en el que se desarrolla la vida de este grupo de mujeres (aquí, el
esquema es parecido al de Misión de audaces). Ford se despide de la historia del cine con esta tragedia imperfecta, con una cierta inspiración Westerniana
pero de una potencia espiritual y vital que contrasta, curisosamente, con el
tenebrismo, la oscuridad y un cierto espíritu fúnebre con la que fue rodada. Si
alguna vez alguien ha pensado que Ford era un artista dogmático (tanto antes
como después de Las uvas de la ira),
esta película es la prueba más evidente de su flexibilidad de conciencia, tanto
moral como religiosa, y de su profundo respeto por la diferencia y por la
tolerancia, algo que ya había demostrado en buena parte de su cine, como en El fugitivo. Pero también lo es como
prueba de su enorme habilidad para dar vida a personajes de toda condición,
pese a sus clichés y estereotipos. Como curiosidad, se debate si en la película
hay o no realmente 7 mujeres o, por el contrario, hay 8, contando a Sue Lyon,
casi una adolescente. O contando a la doctora Cartwright quien, de alguna
manera, trasciende su condición sexual.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Los cuatro hijos de Katie Elder
3*
Con una sólida carrera como director de westerns, Henry Hathaway dirigió esta película en 1965 con la sombra del John Ford de Centauros del desierto y del Howard Hawks de Rio Bravo justo a su espalda. Rodada con el característico e impresionante Panavisión y con una fotografía de lujo del muy peckinpahiano Lucien Ballard, Los 4 hijos de Katie Elder cuenta la historia de cómo una auténtica -pero continuamente ausente- madre coraje (en el sentido brechtiano del término) consigue encarrilar las vidas de sus cuatro vástagos, en una ciudad (Clearwater) dominada por el vulgar cacique local. Y todo ello, simplemente, con el recuerdo, la influencia y la admiración que despertó en sus vecinos y amigos. A su vez, la historia les sirve en bandeja a John Wayne, Dean Martin y a sus otros dos hermanos, la excusa perfecta para el desarrollo de una venganza anunciada. No se trata del mejor de los westerns rodados por Hathaway (sin duda, ese honor lo ostenta Valor de ley) pero sí estamos ante un excelente relato épico acerca de cómo los hombres pueden reinventarse a sí mismos y acerca de cómo tienen, hasta cierto punto, el destino en sus manos. La siempre conmovedora música de Elmer Bernstein pone el contrapunto perfecto a cada una de las etapas de la historia.
Con una sólida carrera como director de westerns, Henry Hathaway dirigió esta película en 1965 con la sombra del John Ford de Centauros del desierto y del Howard Hawks de Rio Bravo justo a su espalda. Rodada con el característico e impresionante Panavisión y con una fotografía de lujo del muy peckinpahiano Lucien Ballard, Los 4 hijos de Katie Elder cuenta la historia de cómo una auténtica -pero continuamente ausente- madre coraje (en el sentido brechtiano del término) consigue encarrilar las vidas de sus cuatro vástagos, en una ciudad (Clearwater) dominada por el vulgar cacique local. Y todo ello, simplemente, con el recuerdo, la influencia y la admiración que despertó en sus vecinos y amigos. A su vez, la historia les sirve en bandeja a John Wayne, Dean Martin y a sus otros dos hermanos, la excusa perfecta para el desarrollo de una venganza anunciada. No se trata del mejor de los westerns rodados por Hathaway (sin duda, ese honor lo ostenta Valor de ley) pero sí estamos ante un excelente relato épico acerca de cómo los hombres pueden reinventarse a sí mismos y acerca de cómo tienen, hasta cierto punto, el destino en sus manos. La siempre conmovedora música de Elmer Bernstein pone el contrapunto perfecto a cada una de las etapas de la historia.
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