Cuando una película de la saga
Bond dedica una escena entera para intentar representar, metafóricamente, el
final del amor romántico, comparándolo con una casa veneciana decrépita que es derruida
por las exigencias de la vida moderna, es que no estamos ante una película convencional.
De hecho, Martin Campbell/Haggis/Purvis/Wade han reiniciado la saga con esa
madurez y seriedad de los mejores films
de la franquicia del agente británico al servicio secreto de su Majestad.
Además, todo parece indicar que este Casino Royale (al margen de ese bodrio arrítmico e irregular que fue la anterior
adaptación de la novela original) conforma el primer engranaje de un folletín
más amplio, que tiene continuación en las 3 partes siguientes del reboot reciente, una retrocontinuación
en toda regla. Precisamente, Quantum of
Solace y Skyfall no hacen sino
confirmarlo. Al igual que Spectre. El
guión es sólido; la escenas de acción, espectaculares y extrañamente
verosímiles; la chica Bond (Eva Green), una auténtica delicia; los secundarios,
de lujo. Pero, sobre todo, Casino Royale
tiene al más proletario de todos los agentes con licencia para matar: Daniel
Craig, un obrero de Cheshire que lo mismo se rasca los testículos a golpes que
te gana una partida de Texas Holdem,
en Montecarlo, con un bote de más de 100 millones de dólares; lo mismo pilota
un velero con el amor de su vida que sobrevive a una parada cardíaca producida
por un veneno; lo mismo se da un revolcón en una clínica de convalecencia en
Suiza que te destroza un baño público a hostias. En fin, un súper hombre muy
completito ya que está correctamente amoldado al CV oficial del personaje, tal
y como se puede leer en James Bond Encyclopedia, de Cork y Stutz. Y, todo ello, con la elegancia de quien
puede calzar los 80 kilos de sus casi 1.80 metros de altura en un elegante frac inglés.
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lunes, 15 de febrero de 2016
martes, 8 de noviembre de 2011
Casino Royale
3.5*
Magnífica recuperación del mítico personaje de Ian Fleming, que se atreve a hacer algo que las películas inmediatamente anteriores habían hecho erróneamente: romper varios
tópicos. El primero de los cuales es hacer la película terriblemente creíble, en contra de la inverosimilitud tradicional de la serie. Y, para empezar, esta es la primera película desde Moonraker que se basa íntegramente en una novela del creador de James Bond, del mismo título, que fue publicada en 1953. En segundo lugar, Martin Campbell nos ofrece una historia sensata acerca de la primera misión de un agente secreto británico, con licencia para matar y al servicio de su Majestad. Y lo hace sobre la base de un guión correctamente elaborado (donde se nota la mano de Paul Haggis, entre otros), una tensa trama y un Daniel Craig enorme y muy convincente, tanto en las escenas de acción como en las sentimentales. El metraje puede parecer un poco excesivo pero la emoción está plenamente garantizada. De hecho, al final, el espectador corre el riesgo de compartir la desolación que siente el propio 007. Por otro lado, conviene recordar que no tiene nada que ver con la versión anterior, la ultraparódica Casino Royale, de 1967.
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