No es exactamente un Western. Es,
más bien, un western histórico, nada
menos, ambientado en esa compleja y extrañísima revolución mexicana, que tan querida
fue para el llorado Ambrose Bierce, tal y como cuenta Carlos Fuentes en su
novela sobre el gringo viejo. Estamos ante la segunda parte de la segunda
trilogía que compone la filmografía de su admirado creador y ante todo un canto
nostálgico a las propias ideas marxistas de su director, Sergio Leone. En el
reparto, dos caras conocidas, James Coburn y Rod Steiger, asombrosamente
fagocitados por sus personajes. En pantalla, una historia compleja sobre la
traición (sujeto típico del género), sobre todo tipo de traiciones, narrada en
dos líneas temporales (una de ellas meidnate flashbacks), y replea de ideales sociales y de escenas de lucha
política. En el plano del significado, la elección de Villegas es la idea
principal del film: solo cuando se
cree realmente en la justicia y en la igualdad, uno está dispuesto a morir. Como
corolario, Leone desliza un “segundo beso” al final de la película. Una obra
mutilada hasta la extenuación pero que, aún así, conserva todo su explosivo poder
de atracción. Por cierto, en la partitura alterna varios motivos musicales,
compuestos por el gran Ennio Morricone, entre épicos, románticos y dramáticos. Y
como curiosidad, hay un corte que luego sería remodelado y actualizado por el
propio compositor para su maravillosa soundtrack
de Los intocables de Eliott Ness.
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martes, 28 de febrero de 2017
¡Agáchate, maldito! (Aka Giù la testa)
3.5*
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jueves, 25 de junio de 2015
Érase una vez en América (Aka Once Upon a Time in America)
5*
Una vez escribió el más
atrabiliario de los críticos modernos, Sainte-Beuve, que un clásico es muchas
cosas: una obra bella, una obra sensata, una obra sana, una obra que nos debe
enriquecer el espíritu y que debe ser fácilmente comprensible para la época que
lo produce. Pero, al mismo tiempo, el archienemigo de Marcel Proust subrayaba
la idea de que un clásico debe devolvernos “nuestros propios pensamientos con
toda riqueza y madurez” además de darnos “esa amistad que no engaña”. Pues
bien, frente a varias obras cinematográficas del siglo XX podemos encontrarnos
con todos estos valores, independientemente de ese juego secreto de acuerdos
entre críticos y lectores que caracteriza la elaboración de las diferentes
listas y cánones de clásicos. Sergio Leone, poseedor de una filmografía
envidiable (por su calidad intrínseca pero también por el enorme esfuerzo de
autosuperación que representa), es autor de, al menos, dos clásicos
contemporáneos: El bueno, el feo y el
malo y Hasta que llegó su hora,
curiosamente dos Westerns. Aunque
parece evidente que su testamento cinematográfico, Once Upon a Time in America, es la más compleja y rica de todas
sus películas, incluso habiendo sido amputada y re-montada por la productora, la
conservadora Warner Bros, a su real antojo (por cierto: hay una edición, de casi 250', que parece que se acerca a lo que originariamente quería el director). Estamos ante una maravilla
narrativa (laberíntica, cronotípica y lineal a la vez) que, a la par, ofrece un
conjunto de interpretaciones estratosféricas, una BSO mítica de Morricone y que,
en conjunto, se presenta como un retrato generacional, como una reflexión sobre
los efectos del tiempo en la amistad y como un retrato del lado oscuro de la
historia reciente USAmericana. Martin Scorsese intentaría hacer algo parecido
con Gangs of New York pero su
resultado no llega ni a la suela de los zapatos a esta obra maestra de 1984. A
propósito: el film está repleto de
planos y de escenas memorables.
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jueves, 3 de octubre de 2013
Bandidos
3*
Justo dos años después de fotografiar Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, Massimo Dallamano estrenó su primera película como director, Bandidos, protagonizada por Terry Jenkins y Enrico María Salerno,
sobre una historia de Luís Laso y nuestro Juan Cobos. El argumento es el siguiente:
un hombre se dedica a entrenar a un tirador para que pueda perseguir y castigar
a quien, tiempo ha, agujereó sus manos con un revólver, su antiguo amigo Billy
Kane. Se trata de la típica historia de venganza del subgénero pero, esta vez,
tratada con cierto tino y suficiente creatividad visual (como en la escena del
duelo final), aunque su dependencia del estilo de Sergio Leone es evidente.
lunes, 25 de marzo de 2013
Keoma
2.5*
Sucia, embarrada
y arbitraria reactualización de varios clásicos del Spaghetti, especialmente de Por un puñado de dólares y, sobre todo, de Django,
con el típico rambling man
interpretado por Franco Nero aunque, esta vez, con más energía y vello que
nunca. Enzo G. Castellari, dándose cuenta de que no se podía estirar más el Euro Western (hablamos de 1976), apostó
por lo que Carlos Aguilar ha llamado la brutalización del género, añadiéndole un malsano nihilismo. Y, al mismo tiempo, apuesta por el sinsentido narrativo, de un
argumento plagiado hasta la saciedad, pero que, en este caso, se mueve entre flashbacks y recuerdos alucinados. Sin embargo,
aún habriamos de contar con otros epílogos de parecida ralea, como Mannaja (El valle de la muerte), de Sergio Martino. En el terreno cinematográfico, junto a constantes
homenajes al estilo de Peckinpah, Castellari ofrece varios sofisticados pero
gratuitos movimientos de cámara (como ese travelling
interminable alrededor de una conversación), inusitados encuadres y un montaje
abrupto. Y aquí está una de las pocas virtudes del film: la creatividad visual,
patente en 2 o 3 escenas que sorprenden por su imaginativa bizarría (el ejemplo
sería la escena en la que se identifican 4 balas con 4 dedos y éstos con 4 víctimas). La BSO,
de los hermanos De Angelis, acierta en la letra pero no en el tono, ofreciendo
una partitura que aunque no tropiece con la imagen, sí acaba rechinando por sus
constantes efectos turbadores, como en el cuarto final, con los gritos de un
parto de fondo. Por cierto, de tan bien que salió la jugada, el subgénero tuvo
que ser enterrado.
jueves, 27 de diciembre de 2012
El bueno, el feo y el malo
4.5*
Sergio Leone ha
sido uno de los más grandes estilistas de la historia del cine, llegando hasta
la obsesión por el detalle en la dirección artística, el vestuario y la
composición de los planos y los encuadres. Leone es, además, un director que ha
bebido de las fuentes cinematográficas más clásicas (al contrario que Quentin Tarantino, por ejemplo, cuya capacidad para poner en el mismo escalón el
clasicismo y la baratilla hace que su cinefagia, en ocasiones, asuste) pero que, sin embargo,
ha desarrollado una visión estética del medio fílmico muy personal (al
contrario que toda su caterva de imitadores). No obstante, su perfeccionismo
técnico (a diferencia del de Kubrick, por ejemplo) estaba al servicio de
poderosas y emocionales historias épicas, cuyo efecto más reconocido ha sido re
mitificar el género Western desde una perspectiva europea. En esta película, tercera entrega de su trilogía del
dólar, El rubio (Clint Eastwood) y Tuco (Eli Walach) van en busca de un
botín que se encuentra escondido en un cementerio. Tras sus pasos, se encuentra
el malvado Sentencia (Lee Van Cleef).
Al contraste entre las distintas interpretaciones, al alegórico y personalísimo
uso del tiempo narrativo, a la fecunda fusión de imágenes y BSO (gracias a un
Morricone mítico), Leone añade una considerable profundidad anamórfica a la
trama, a los personajes y a los diálogos, consiguiendo con este film la sublimación que del Western
había propuesto en sus dos entregas anteriores, Por un puñado de dólares y La
muerte tenía un precio, porque Hasta
que llegó su hora, su siguiente película, denota elementos un tanto
periclitados. Hay que subrayar un aspecto habitualmente ignorado: constituye un
acierto excepcional esas escenas en las que la cámara, en travelling, se abre a los espacios abiertos, a la realidad o a la
sociedad circundante, mostrando la estrecha conexión existente entre los juegos de la ambición personal (donde el
dinero lo es todo pero no sirve para nada, como dice el gran Carlos Aguilar) y
las luchas colectivas (en este caso, la Guerra de Secesión). Un film que
gana con cada visionado, con cada año que pasa, como le ocurre a la majestuosa
obra maestra que dejó para la posteridad el genio de Sergio Leone, Érase una vez en América.
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lunes, 9 de julio de 2012
Hasta que llegó su hora
4*
Segunda cúspide
estilística del western de Leone,
tras la hipnótica trilogía del dólar (especialmente tras El bueno, el feo y el malo) y poco antes de esa espléndida e
incomprendida recreación de los ideales revolucionarios que fue ¡Agáchate maldito!. En todo caso, supone
el comienzo de su segunda trilogía fílmica, la más madura: esta vez centrada en la historia de
los EE.UU. de América, especialmente en la ambición, avaricia e inmoralidad que
ha hecho posible el desarrollo capitalista del país. Corría el año 1968, Sam
Peckinpah había estrenado Mayor Dundee
sólo 3 años antes y, además, el estreno de Los
Profesionales estaba reciente. Pero nadie esperaba este puñetazo de Leone. Ni el de Grupo Salvaje del año siguiente. Una
de las características principales de la película es el protagonismo de la BSO,
compuesta por el habitual Ennio Morricone: varios cortes diferenciados que
anteceden o definen a un protagonista. Otras dos son la fidedigna ambientación
y la brillante reutilización de distintas localizaciones clásicas del género, como el Monument Valley. Excelentes
caracterizaciones de Henry Fonda, Jason Robards y Charles Bronson, revoloteando
alrededor de una magnética Claudia Cardinale, que consigue catalizar todo un
sofisticado juego de venganzas. Sin embargo, la película muestra una cierta
complacencia estética y un indiscutible paroxismo en la puesta en escena, en la
duración de los encuadres y en el abuso de una de las marcas de la casa, el primer
plano. Por todo ello, la historia se extiende innecesariamente hasta los 165’,
de tanto que Leone retuerce el tiempo a su antojo y conveniencia (de ahí la presencia constante de relojes). Sin embargo,
como experiencia visual, más allá de
sus errores y excesos, la película es apabullante y su influencia posterior enorme
(pensemos, por poner un solo ejemplo, en los interiores de El jinete pálido). Si el espectador se fija bien, estamos ante una nueva versión de El bueno, el feo y el malo.
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viernes, 15 de junio de 2012
Mis 5 imprescindibles de Clint Eastwood actor:
-
El bueno, el feo y el malo (1966), de Sergio
Leone.
-
El seductor (1971), de Don Siegel.
-
El aventurero de medianoche (1982), de Clint
Eastwood.
-
En la línea de fuego (1993), de Wolfgang
Petersen.
-
Los puentes de Madison (1995), de Clint Eastwood.
-
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