Mostrando entradas con la etiqueta Terence Stamp. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terence Stamp. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2015

Di que sí (Aka Yes Man)

2.5*

“Yes! Say it a million times. Then say it a million more. And the word you will have said two million times is... Yes!”. Esta es la premisa del film: un tipo con la vida más chusca que el día a día de Travis Bickle decide decir “sí” a cualquier oportunidad que se le presente durante un año. El resultado: una muesca más en la trayectoria repetitiva de Jim Carrey, perpetrada por el experto en comedias post-adolescentes, Peyton Reed. Di que sí se apoya en el mundo de la autoayuda, los gurús y el life coaching para retratar una sociedad, la USAmericana, obsesionada con la autosuperación personal y la asertividad. La película es ilógica, irrisoria, absurda, repleta de falsos valores, convencionalismos y callejones morales sin salida. Las interpretaciones son exageradas y algunos diálogos y algunos gags avergüenzan. Pero, sin embargo, proporciona una sonrisa satisfactoria y una bocanada de oxígeno adulterado por varios motivos, especialmente por coquetear con lo freak y lo políticamente incorrecto. Algo así como un The Big Band Theory en largo. No parece casualidad, en este sentido, que la BSO esté repleta de canciones de Eels, esa banda unipersonal, liderada por Mr. E, que ha hecho por bandera musical el cinismo weird, por un lado, y la superación vital, por el otro. La biografía del propio Mr. E da las pautas en este sentido. Y sus letras no desentonan, desde luego.

miércoles, 28 de enero de 2015

En compañía de lobos (Aka The Company of Wolves)

4*

En Morfología del cuento, Vladimir Propp hablaba del relato del lobo y los cabritos, estableciendo las distintas versiones del mismo así como sus características formales. El cuento de Caperucita roja, tanto las versiones orales conservadas como las versiones de Perrault y de los hermanos Grimm, no son sino transposiciones del arquetipo estudiado por Propp. Al igual que esta película de Neil Jordan, una adaptación puramente fantástica, contada en clave de relato medieval, aunque con elementos psicoanalíticos, que supone un auténtico tour de force narrativo ya que la estructura del film es como una matrioska rusa: una historia dentro de un sueño; un sueño dentro de otra historia; y así sucesivamente. El cuidadísimo diseño de producción así como la ambientación general (decorados, vestidos, atmósferas, animales, etc.) redondean un producto que igual puede ser disfrutado por los niños que por los adultos, por los jóvenes que por los ancianos, de tan convincente que es el mundo fantástico que se crea así como su enorme poder de sugestión. Si bien es verdad que los FX han quedado un tanto atrasados, el encanto de los animatronics y de los maquillajes redime otro tanto su caducidad. Por otro lado, los actores componen una paleta variada de caras y expresiones (incluyendo la sorpresiva aparición de Terence Stamp), aunque no terminan de ser del todo congruentes con la producción. En todo caso, estamos ante una de las obras maestras del cine de Jordan, repleta de simbolismos de todo tipo y que, además, consigue subvertir varias de las convenciones del cine contemporáneo sobre hombres lobo (el de Aullidos o el de Un hombre lobo Americano en Londres, por ejemplo). Como muestra un botón: incluso hay varias mujeres lobo.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Wall Street

3.5*
Dedicada a Jonay Rodríguez Quintana
Robert Rosenstone sostiene una polémica tesis: que Oliver Stone es uno de los más interesantes historiadores USAmericanos actuales y que su obra cinematográfica ofrece una representación historiográfica que merece un análisis más profundo que el que habitualmente se reserva al llamado cine histórico. Especialmente su trilogía sobre la Guerra del Vietnam, aunque también otros films como JFK, una obra maestra del montaje narrativo y del claroscuro político. Hay quienes han acusado al director de ambigüedad moral (antes) y de izquierdismo ciego (ahora) pero el visionado sosegado de su cine da como resultado una opinión que puede hacer más justicia a las intenciones y a los resultados de su controvertida obra. Wall Street ofrece un contundente y convincente retrato sobre el capitalismo salvaje, en particular sobre el monopoly en que se ha transformado la economía financiera, espoleada por un puñado de brokers proletarios y dirigida por un selecto grupo de inversores sin escrúpulos. Por el camino, Stone afila su crítica contra la ambición desmedida y contra el poder del dinero, causas de la putrefacción moral de una buena parte de las sociedades contemporáneas. Además, introduce un retrato moral de dos generaciones, las representadas por Martin Sheen y por su hijo Charlie Sheen, en base a sus respectivos valores y aspiraciones. La película se completa con un acertado trabajo de Hal Holbrook, Terence Stamp y James Karen así como con una impresionante composición de Michael Douglas en el papel de Gordon Gekko, un atractivo y ambiguo tiburón financiero. Sin embargo, tanto Sean Young como Daryl Hannah decepcionan en sus papeles (especialmente la segunda). Por último, tanto la BSO, de Stewart Copeland, como los efectos de sonido y la fotografía (del gran Robert Richardson), aportan un sutil suplemento semiótico a las intenciones del film. A propósito, Martin Scorsese tiene lista su aproximación al tema, The Wolf of Wall Street.