2ª entrega de la 2ª trilogía del
mega ultra blockbuster de La guerra de
las galaxias. Ahí es nada! Si el primer episodio, La
amenaza fantasma, fue una autentica decepción para la inmensa mayoría de los
niños y adolescentes que se criaron con la saga original, esta entrega vuelve a
defraudar a los espectadores más crecidos. Es verdad que hay una genuina
apuesta por la ciencia ficción (esa omnívora presencia de razas, vestimentas,
armas, naves, lenguas, mundos, planetas, etc.), pero la moralina moralizante es
el principal protagonista de estos 3 primeros episodios de la saga,
cronológicamente hablando, mientras que en los tres primeros, históricamente
hablando, lo era la auténtica aventura así como el origen misterioso de Darth
Vader (que es la espina dorsal argumentativa de estos 3 primeros episodios).
George Lucas vuelve a confundir el cine con el mundo de los videojuegos y vuelve a rodar un film con una extraordinaria saturación
digital (repletita de millones de insustanciales detalles, potencialmente merchandaisizantes) y una historia plana
pero, eso sí, repleta de “futilidades” para supuestos entendidos, para “jedis”
que trabajan de 9 a 19:00. La verdad es que parece mentira que los caballeros Jedi
estén metidos en estas absurdas historias. Pero, en fin. ¿Qué razones se pueden
argüir en su contra? Pues que las escenas de acción no producen ninguna
emoción; que los diálogos están plagados de omnipresentes y cansinos chascarrillos sobre
la fuerza; que el desarrollo de los personajes es más previsible
que el de los animales protagonistas de las fábulas de Esopo; que los
tejemanejes imperiales hacen que huela a podrido en la Antigua República; que la
música y que la puesta en escena contribuyen a una constante teatralización de la historia; que el
misticismo original ha dejado paso a una cuasi religiosidad maniquea; que la
trama tiene varios flecos que no satisfacen a las colonias de fans (la cuestión midicloriana, las relaciones interraciales); etc. En fin, si eres
un espectador que disfrutaste con El
imperio contraataca, chirriarás con esta entrega, solo para los mozos, púberes
e imberbes seguidores.
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miércoles, 23 de diciembre de 2015
martes, 4 de noviembre de 2014
Brothers (Aka Hermanos)
3*
En 1978, Michael Cimino estrenó El cazador, un film sobre los efectos de la Guerra de Vietnam en un grupo de amigos marines que regresan a su ciudad natal en Pennsilvania, después de presenciar y de sufrir en sus propias carnes el horror de la guerra. Desde entonces, muchas son las películas que han intentado describir y explicar el trauma psicológico que ocasiona una experiencia tan brutal como la violencia vivida en una guerra. Desde Extraño vínculo de sangre hasta Taxi Driver, desde Johnny cogió su fusil hasta El regreso, el cine bélico tiene ramificaciones críticas que suponen casi su negación: igual que hay materia, también hay antimateria. Porque sí, porque hay películas bélicas (que ensalzan esta cruel e injusta realidad) y otras antibélicas. Y esta es una de ellas. Aunque se podría sostener lo contrario. Esa es, también, la terrible fuerza de las guerras: crear confusión. Detrás de este remake, el todoterreno Jim Sheridan, intentándose hacer un hueco en Hollywood, después de su dignísima carrera irlandesa. A destacar, por encima de todo, las excelentes interpretaciones de Jake Gyllenhaal, Natalie Portman, Tobey Maguire y Sam Shepard. En cuanto a todo lo demás, una historia que se sigue sin dificultad pero que se olvida con facilidad.
sábado, 10 de mayo de 2014
West Side Story
4*
Robert Wise es un director USAmericano
absolutamente todoterreno. Lo mismo rueda un clásico de la Sci-Fi (Ultimatun a
la tierra) que un puntal del terror (The Haunting), un musical como Sonrisas y lágrimas que un Western como La ley de la horca. En este caso, lleva a la pantalla una vieja
historia: la de un amor que se encuentra cercado tanto por oposiciones sociales
como por la tragedia. Sí, la vieja historia de Romeo y Julieta, aunque con
toques de Una tragedia americana.
Pero lo maravilloso del caso es que la historia se localiza en un barrio de
Nueva York, a finales de los años cincuenta, y los Capuletos y los Montescos se
han transformado en los Jets y los Sharks, dos bandas callejeras al estilo
de las que, con crudeza, retrató Susan E. Hinton o Richard Price (adaptadas
también a la gran pantalla, Rebeldes
o The Wanderers). Con la ayuda de
Jerome Robbins, Wise rueda un film
excepcional, un musical moderno que rezuma elegancia y buen gusto en cada uno
de sus planos, tanto en los bailes como en las canciones, tanto en la
escenografía como en las coreografías narrativas, tanto en el uso del
Technicolor como en las interpretaciones (esos míticos Russ Tamblyn, Rita
Moreno, George Chakiris, Richard Beymer o Natalie Wood). Además, Wise incorpora
varios aciertos experimentales en la puesta en escena, como las transiciones
entre escenas o el momento en el que Tony y María se conocen en el baile. La
obra comienza con unos primeros minutos en los que se muestra la Gran Manzana
desde el aire (como en Crimen en las calles o en La calle) y, poco a poco, la cámara desciende hasta adentrarse en los
campos de juego de un barrio que podría ser de cualquier ciudad, puesto que los
prejuicios raciales y de clase existen en todos los lugares del mundo. La
partitura de Leonard Bernstein, por cierto, es una de las obras cumbre de la
música contemporánea, un score de una
gran complejidad instrumental y tímbrica pero que tiene esa extraña sabiduría
de la música yanqui: la melodía. Así, varios cortes de la BSO han pasado a
engrosar la memoria colectiva, como la de María,
la de América o la de Tonight, como las canciones de Grease. La escena de la pelea callejera
fue homenajeada por Coppola en Rumble
Fish, otra obra maestra ambientada en el mundo de las pandillas. Y los
títulos de crédito del final son obra de un inspiradísimo Saul Bass.
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West Side Story
viernes, 14 de septiembre de 2012
Cisne negro
3*
Correcto thriller psicológico del inquieto Darren Aronofsky, ambientado en
el mundo del ballet, con claras
referencias a un clásico del género (Las
zapatillas rojas) así como a dos éxitos previos del director, y que gira en
torno a una trama (más bien escasa) inspirada en el mito del doppelganger. Con una Natalie Portman en
el papel central, que alterna gestos y miradas de alegría y de aflicción a
partes iguales, la película acierta en la puesta en escena, en el montaje y en
la creación del suspense aunque, sin embargo, adolece de reiteraciones de guión
(como las de Vincent Cassel insistiendo en la dificultad de interpretar al
cisne blanco y al cisne negro a la vez, en el clásico ballet de Tchaikovsky) y abunda en distintos tópicos sobre la
danza (madre perfeccionista y posesiva, por un lado; director de la compañía que
sexualiza su trabajo, por el otro).
En el plano argumental y temático, la película bascula continuamente entre Eva al desnudo (de hecho, el guión
original se desarrollaba en el mundo del teatro), Perfect Blue (la secuencia del baño está calcada del film de
Satoshi Kon) y Showgirls, con
evidentes pinceladas del clásico de Polansky Repulsión. Finalmente, el personaje de Portman tiene todas las
características que la mitología popular asigna a las grandes estrellas del
mundo del ballet: juventud, obsesión por el baile, competitividad y ambición
desmedidas, represión sexual, complejos e inseguridades, inmadurez emocional,
etc.
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