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sábado, 6 de mayo de 2017

Cliente muerto no paga (Aka Dead Men Don't Wear Plaid)

3*

Uno de los más emotivos, inteligentes y divertidos homenajes que se hayan hecho nunca al cine negro USAmericano. A veces hay algún que otro gag un poco simploncillo pero, en general, la película es muy divertida y entretenida y tien un halo ciertamente maravilloso. Usando la misma técnica que en la serie Dream On (Sigue soñando), Carl Reiner mete a Steve Martin en una trama hardboiled, en la que se van insertando imágenes de películas clásicas para que vayan cuadrando con el desarrollo de la investigación argumental. El film, a demás de lo mencionado, dispone de un cebo de los buenos: la presencia de la siempre guapísima, la "pájaraespina", Rachel Ward. Y atención, por cierto, a la tremenda fotografía en B&W de uno de los operadores contemporáneos más interesantes: Michael Chapman. Una curiosidad de película, que ha tenido poco reconocimiento y merece mucho más.

viernes, 25 de marzo de 2016

Solo en la noche (Aka Somewhere in the Night )

3*

Una vez acabada la 2ª Guerra Mundial, un hombre amnésico vuelve a Los Ángeles para intentar averiguar qué diantres le ha pasado y, sobre todo, para averiguar quién es realmente. Extraño thriller del gran Joseph Mankiewicz, con el protagónico de un desconocido y malogrado actor, John Hodiak, y la presencia del siempre admirable Richard Conte, en un papel irónicamente diseñado y asignado (por cierto, el personaje femenino, al que pone rostro Nancy Guild, es muy atractivo y moderno). No se trata de uno de los films más conocidos del director y ni siquiera estamos ante una gran obra. Sin embargo, como todo lo que hizo el creador de Eva el desnudo, se trata de una película estimable, sin grandes errores y con varios aciertos atractivos, en la misma línea que la novela de Patrick Modiano, Calle de las tiendas oscuras. Tal y como escribe Christian Aguilera, en su brevísimo retazo sobre la película, todo el relato “se mueve permanentemente en una zona de sombras, a imagen y semejanza del tormento síquico que padece” el protagonista, lo que obliga al director a utilizar un estilo casi expresionista, de espacios oscuros y retorcidos, levemente iluminados. Dentro de una cierta confusión argumentativa, en todo caso, el suspense se mantiene convenientemente, lo que hace interesante seguir la trama así como resolver el misterio. Además, el argumento hace cabida a varios cáusticos diálogos y a ciertas chispas de ingenio y, además, aparecen convenientes homenajes a varios tópicos del género noir. Segunda obra como director de uno de los mejores guionistas de la historia de Hollywood.

jueves, 29 de octubre de 2015

Solo se vive una vez (Aka You Only Live Once)

4*

En una entrevista con Jean-Luc Godard (titulada El dinosaurio y el bebé), Fritz Lang afirmaba que entre ellos dos hay una diferencia sustancial: en una escena de El desprecio (enorme colaboración entre ambos directores y un homenaje de Godard a su maestro), Lang hubiera rodado la escena del accidente, mostrándolo, mientras que Godard rueda las consecuencias de dicho accidente, con Palance y Bardot entre el coche que conducían y los dos camiones contra los que han chocado. Pues eso, si Godard rueda las consecuencias de la acción, Lang rueda la acción en sí. Y dejaría en fuera de plano sus consecuencias. Y en esta película que Pastilleamos hay muchas acciones, pasan muchas cosas. Estamos ante una de esas típicas historias pesimistas del viejo director alemán, una de esas historias en las que el destino encarna una pérfida función. El director de Metrópolis desarrolla las peripecias de los protagonistas (un ex presidiario, acusado de un crimen que no ha cometido, y su reciente joven esposa) con esa precisión y economía de medios característica de su filmografía. Aunque no renuncia a ciertos planos, a ciertas escenas, rodadas con un monóculo expresionista y aire de cigarro Bresson. Henry Fonda y Silvia Sidney bordan sus interpretaciones y, además, como fue propio de una industria en la que orbitaron miles de talentos, el director se rodea de tipos como Alfred Newman, quien compone una estupenda partitura, que subraya el carácter melodramático del film pero también su inexorable desarrollo. Segunda película rodada en los Estados Unidos por un director que huyó de la Alemania de Hitler y de Goebbels y, sin duda, una de sus más implacables visiones de su país de acogida, en particular, y de la naturaleza humana, en general. Un final aterrador, por cierto. Como desde otro punto de vista, lo fue el de La noche de los muertos vivientes.

sábado, 14 de marzo de 2015

Cara de ángel (Aka Angel Face)

3.5*

Una película ciertamente curiosa por cuanto supone una más de las espléndidas incursiones de Otto Preminger en el terreno del film noir para subvertir alguna de sus premisas, como ya hiciera con Al borde del peligro o Vorágine. En este caso, una angelical femme fatale (Jean Simmons), egoísta y manipuladora, no consigue convencer al indeciso enfermero interpretado por Robert Mitchum para que le ayude a cometer un crimen. Crimen que, sin embargo, acaba sucediendo y por el que ambos son acusados. Sin embargo, Simmons se arrepiente de lo ocurrido y pretende declarar la verdad; a continuación se produce un juicio del que ambos son absueltos; la ex pareja de Mitchum no le acepta cuando pretende volver; y, finalmente, la despechada Simmons acaba reventando su plan original, lo que pone en duda las sospechas del espectador sobre sus auténticos sentimientos. Con un final un tanto previsible, Preminger se sirve de un buen guión de Oscar Milliard y Frank Nugent (tras su participación en El hombre Tranquilo) y perfila una solvente producción de Howard Hughes para la RKO, con la música del siempre acertado Dimitri Tiomkin. Una película irónica, consciente del género al que pertenece y de una solvencia técnico-artística admirable.

martes, 10 de marzo de 2015

Ruta infernal (Aka Hell Drivers)

3.5*

Recién salido de la cárcel y con problemas familiares, Tom (Stanley Baker) recala en una empresa de camiones para transportar materiales de construcción. En ella, los trabajadores son duramente empleados e, incluso, llegan a poner en riesgo su vida haciendo viajes a destajo a velocidades de escándalo. En el día a día, Tom competirá con el capataz Red (el gran Patrick McGoohan), mientras entabla una entrañable amistad con un inmigrante italiano (Herbert Lom). Entre medias, también aparece la joven secretaria de la empresa, la hermosa Lucy (Peggy Cummins). Tras ser incluido en la blacklist de Hollywood, Cy Endfield emigra a Inglaterra y rueda, entre otras, una película ambientada en un contexto social despiadado, donde las personas son meros supervivientes en el seno de un sistema económico corrupto que les azuza para ganar chelines y que luego se deshace de ellos, habiendo ganado muchas libras a su costa. El guión se basa en una historia de John Kruse, posteriormente conocido por sus textos para la serie El Santo. Lo más destacable del film, sin duda alguna, es el excelente trabajo con la puesta en escena y con el montaje: de hecho, cada plano y cada secuencia del metraje (especialmente las fibrosas persecuciones) llegan directamente al espectador, de lo bien fusionados que están ambos trabajos. Por ello, podemos hablar de una enérgica historia de camioneros solitarios que luchan por sacar sus vidas del punto muerto donde se encuentran. El año siguiente, por cierto, el trío principal de esta producción, volvería a trabajar unido en Sea Fury.

viernes, 25 de abril de 2014

El hombre que nunca estuvo allí

4*

Los hermanos Cohen, fieles a su espíritu transgresor pero también apegados a su potente conocimiento de la tradición cinematográfica USAmericana, establecen una serie de múltiples contrastes entre varios componentes del film: el homenaje a muchas convenciones del género negro, especialmente a la obra de James M. Cain (voz en off, infidelidades, asesinatos, chantajes, etc.) al que añade un par de subtramas interesantes (especialmente la de la formación musical); una BSO que alterna la música clásica (de Beethoven) y un par de cortes de piano y violines de Carter Burwell; una película pegada a la tierra (Santa Rosa, ese pequeño pueblo de California) pero con una fotografía a veces neblinosa del gran Roger Deakins (mitad tabaco y mitad vacilación); una película que se basa en la búsqueda de la verdad (aunque la verdad “de jaqueca”), en el desentrañamiento judicial de un caso de asesinato, pero que se encorva ante el principio de incertidumbre de Heisenberg, defendido por un personaje memorable, Freddy Riedenschneider (“a veces nuestra mirada altera lo que vemos, desconocemos lo que ha ocurrido de verdad o lo que hubiera ocurrido si no hubieramos metido las narices en un asunto”). Y, sobre todo, ese argumento contado al ritmo del discreto peluquero que lo protagoniza y esa ironía constante, desde el principio hasta el final, desde su concepción en color hasta su estreno en B&W. Por otro lado, el casting es realmente apropiado, tanto Billy Bob Thornton como Frances MacDormand portan rostros de finales de los cuarenta, de 1949, al igual que James Galdolfini, Michael Badalucco, Tony Shalhoub o Scarlett Johansson, pero el que marca la diferencia es Jon Polito, que compone un personajes a la altura de su talento. Una película que parece que solo tiene una cara pero que mira al espectador con mil y un rostros, los de los múltiples temas y asuntos que pasan por sus fotogramas (hasta hay una referencia a las conspiraciones marcianas de los cincuenta, muy Daniel Clowes). 


lunes, 21 de abril de 2014

Get Carter (Aka Asesino implacable)

3.5*

Jack Carter, un asesino a sueldo que trabaja en Londres, sospecha que alguien ha matado a su hermano y lo ha hecho pasar por un suicidio. Por tanto, para descubrir al verdadero asesino de su hermano, se dirige a su ciudad natal, una industrial y low-class Newcastle. Poco a poco, comienza a escudriñar en los círculos más selectos de la ciudad y descubre las verdaderas razones detrás de la muerte de su hermano. Revisión británica del thriller negro USAmericano, sobre la base de una historia que podría haber firmado perfectamente Raymond Chandler, salvo por una cosa: el carácter action hero del protagonista, un implacable e impagable Michael Caine. Desde el punto de vista narrativo, el film supone un antecedente directo de esos retratos slang-gansteriles de Guy Ritchie: estallidos de violencia incontrolada y seca, sexploitation ruda y desaliñada y unas dosis altísimas de cinismo, como si no se pudiera contar una historia de esta naturaleza sin una distancia tan fría como un whisky on the rocks. En contra suya, hay que destacar una estética absolutamente coyuntural que no permite abstraer fácilmente las características noir de la película sino que sitúa al espectador en una ciudad desaliñada, tanto física como moralmente, que siente los efectos de la desindustrialización y que, a la postre, exhibe algunas de las singularidades típicas del cine british de la época. Un año después, director y actor volverían a colaborar juntos en la simpatiquísima Historias peligrosas.



 


martes, 14 de enero de 2014

Marcado para matar (Aka Branded to Kill)

3.5*

Como el mejor cine negro de Akira Kurosawa (clásico en su concepción y desarrollo) o el contestatario de Koji Wakamatsu (vanguardista en todos los planos), el cine de Seijun Suzuki destila violencia, ambición y bajos fondos por los cuatro costados. En este caso, Suzuki cuenta una historia que podría haber narrado Jean-Pierre Melville: un asesino a sueldo, el Número 3, se dedica a asesinar a diestro y siniestro, con la compañía de un colega taxista y de su propia mujer. Pero habrá un momento en que se cruce en su vida el Número 1, que pretende eliminarle. Rodada en la versión nipona del Cinemascope y en un poderoso B&W, la ejecución plástica del film es de una originalidad aplastante, aunque en el marco de las innovaciones narrativas de los sesenta (es decir, en el marco de la Nouvelle Vague, por ejemplo), sus logros aparecen un tanto relajados (y más si los comparamos con los de películas como La dama de Shanghai): narración sincrónica y a menudo abrupta, un amplio mosaico de encuadres sorprendentes y heterogéneos, una concepción de la escena claramente experimental, espectaculares movimientos de cámara à la Godard, un diseño global muy avant garde, etc. En todo caso, el surrealismo, su sofisticada concepción del erotismo y una sorprendente dirección artística (obra de Takeo Kimura) siguen apareciendo como los rasgos más característicos del estilo fílmico del director, especialmente presentes en esta película. Un director, por cierto, al que han rendido pleitesía autores que van desde Takeshi Kitano hasta Jim Jarmusch y Wong Kar-Wai. En todo caso, conviene señalar que en el Japón de la época, Suzuki no era un artista solitario. Su cine convivía con la bizarra cinematografía de Teruo Ishii (Horror of a Deformed Man) y, un poco después, con la provocativa y surrealista de Shuji Terayama (Pastoral: To Die In the Country). En todo caso, hay obras anteriores de Suzuki que no son tan arriesgadas formalmente como ésta (por ejemplo, Youth of the Beast). Por cierto, el propio Suzuki realizó una especie de auto remake posterior en El baile de los sicarios.

martes, 22 de octubre de 2013

Atraco al furgón blindado (Aka Armored Car Robbery)

3*

Modesta película de atracos y persecuciones, correctamente rodada, montada e interpretada, que contiene curiosas similitudes con la mucho más ambiciosa y reciente Heat, de Michael Mann. Tiene un comienzo muy parecido al de Orden: Caza sin cuartel, con Richard Basehart, describiendo la dedicación policial en la ciudad de Los Ángeles. El espectador avezado también encontrará puntos de conexión con Atraco perfecto, de Stanley Kubrick, El cuarto hombre, de Phil Karlson, y con El Reparto, de Gordon Flemyng, lo que transforma este film de Richard Fleischer en una especie de arquetipo originario para algunas tramas del thriller moderno. Por cierto, una curiosidad para el espectador hispanohablante. Atención a 2 o 3 sorprendentes expresiones castellanas del doblaje: no tienen desperdicio.



miércoles, 5 de junio de 2013

El asesino poeta

3*

Lured, en su título en inglés, es uno de los primeros thrillers en la historia del cine sobre una investigación policial que sigue escrupulosamente las pistas enviadas por un serial killer que, además, se inspira nada menos que en Charles Baudelaire. Un asesino poeta que solo persigue a mujeres jóvenes y bonitas y frente al cual está el inspector Harley Temple, interpretado nada menos que por Charles Coburn (que volvería a  trabajar con Douglas Sirk en la comedia ¿Has visto a mi chica?) y, a su lado, Sandra Carpenter, una joven, bonita y recién contratada detective que servirá como cebo (de ahí el título original). Para ello tendrá que presentarse a todos los anuncios de contacto, método que, al parecer, usa el asesino para conocer a sus víctimas. Algunas características destacables de esta película son: un cuarteto de característicos de excepción (George Sanders, Boris Karloff, Lucille Ball y el propio Charles Coburn), una narración típica del Star System (es decir, pletórica en su desarrollo y concisión y con un aprovechamiento perfecto de las elipsis) y, finalmente, una intriga que se sigue con interés gracias al perfecto dominio del suspense y al poder sugerente de un Londres creado en estudio, misterioso y siniestro. Sin embargo, también presupone la forzada distracción del espectador por lo que, en determinadas ocasiones, el desarrollo es un tanto predecible. Por cierto, es un remake de una película del gran Robert Siodmak.