Ahora que Valdemar acaba de publicar
una hermosísima edición de El castillo de los Cárpatos (la gran novela medio
gótica de Julio Verne), merece la pena rescatar esta surrealista, paródica y
cómica versión de la cinematografía Checa, repleta de ese humor absurdo y
bonachón, propio del país, y de esa maravillosa creatividad y sentido de lo
fantástico, especialmente en la construcción de una imaginería bizarra que
termina siendo muy apropiada a la película. Una delicia para los sentidos y
para la inteligencia, que sigue la trama de la novela en lo fundamental (con
esa historia de vampiros "cinéfilos" y operísticos de fondo), que
agrada con su ambientación y con su neblinez steampunk, que fascina con su originalidad en la puesta en escena y
que asombra, en definitiva, a cualquier tipo de espectador. Un auténtico
descubrimiento.
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domingo, 12 de marzo de 2017
miércoles, 15 de febrero de 2017
Manuscrito encontrado en Zaragoza
4*
El conde Jan Potocki es el autor
de una de las obras cumbres de las letras polacas, El manuscrito encontrado en Zaragoza, que ha gozado de una
excelente difusión entre los aficionados a la literatura fantástica (incluyendo
España, que ha contado con varias y excelentes ediciones, en Valdemar, en Palas
Atenea o en El Acantilado, por ejemplo). Sobre el texto de dicha obra, el gran director
polaco Wojciech J. Has urdió la que, probablemente, sea la joya más
resplandeciente de toda la filmografía del país, una joya admirada por Luis
Buñuel, Jerry García (de los Grateful
Dead) o por Martin Scorsese, entre otros muchos, sobre una concepción
laberíntica de los incidentes de la trama y del argumento (como una muñeca
rusa, vamos), de un retorcimiento y una complejidad considerables (y
admirables), en la línea de las maniobras narrativas de Las mil y una noches, del El
Decamerón o de las peripecias vitales del mismísimo Gil Blas. Una extraña y fascinante mezcla de cine histórico, de aventuras y picaresco, con multitud de
elementos del fantástico y del costumbrismo patrio. Sin embargo, requiere un
tipo de espectador que no es, en absoluto, abundante.
jueves, 29 de septiembre de 2016
Fellini, ocho y medio (8½) (Aka 8½ Otto e mezzo)
4*
Marcelo, ese periodista arquetípico
de La dolce vita, es “ahora” un
director de cine que, en plena crisis de inspiración, pone en marcha una nueva
película. El productor, el guionista, los actores, las actrices, los técnicos, todos
los implicados en la misma le acosan para que defina, cuanto antes, su nueva
obra, una obra que tiene lazos fantásticos y de Ciencia Ficción, sobre un
Holocausto termonuclear. Federico Fellini abandona definitivamente su previo
neorrealismo en pos de un nuevo estilo, una mezcla de costumbrismo arrebatado, esperpento
all'italiana, unas
gotitas bien dosificadas de surrealismo simbólico, metaficción y esa especie de
realismo ambiguo, de “realismo mágico”, que será la característica primordial del resto de su filmografía. En
pantalla, y con la ayuda de un blanco y negro pulcro y prodigioso, se suceden
una serie de situaciones y acontecimientos, aparentemente arbitrarios, pero
que, poco a poco, van dibujando una historia que, desvaneciendo los límites
entre la realidad y la ficción, habla de la creación, del pasado, de la
identidad, de la memoria colectiva y del amor. Una historia que impresiona al
espectador mediante una puesta en escena vanguardista que alterna entre la
sobriedad, el plano secuencia (ese que tanto amó Berlanga), pequeños
movimientos de cámara a contrapelo (que tanto gustan a Scorsese), una
profundidad de campo apasionante (que seguro que Kubrick conocía muy bien) y el
abigarramiento estético y moral puramente felliniano.
En definitiva, el canto del cisne del cine de su autor, una película compleja y
rica que logra vertebrar, como ninguna otra de su filmografía, casi todos los
elementos y obsesiones de su autor. 10 años después, y frente a una tesitura
parecida, Federico volvería a asombrar con la más popular Amarcord, igualmente poseedora de una BSO deliciosa del gran Nino
Rota.
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lunes, 11 de abril de 2016
Tres mujeres (Aka Three Women)
3*
Tras rodar Un frío día en el parque y la extraordinaria Imágenes, Robert Altman encamina su trilogía de la mujer hacía otra
de sus cotas y hacia una de sus más personales realizaciones. En esta ocasión,
se sirve de un guión propio para dar forma a un argumento que roza el
surrealismo pero que parece inspirado en el riquísimo mundo contracultural de Norman
O. Brown o en las mitologías estudiadas por Joseph Campbell. De hecho, en Las extensiones interiores del espacio
exterior, Campbell afirma que “si se examinan sin prejuicio las tradiciones
religiosas de la humanidad, no tardan en encontrarse ciertos motivos míticos comunes
a todas ellas”, como, por ejemplo, la vida después de la muerte, o la
existencia de espíritus protectores o malévolos. Sobre estas cuestiones gira el
argumento de la obra. Una joven de Texas (Sissy Spacek) entra a trabajar en un
balneario de un pequeño pueblo al sur de California. Su instructora, Shelley
Duvall, parece encarnar la mujer independiente y exitosa pero su vida
amarillenta esconde la soledad y varias relaciones fracasadas y vacías. En el
camino se cruza una extraña mujer embarazada que pinta figuras mitológicas y
que es la pareja de uno de los amantes clandestinos de Duvall. Poco a poco, el
argumento se va desarrollando, por las vías de la narrativa convencional aunque
con un trasfondo simbólico y psicoanalítico que Altman prefiere no desvelar del
todo al espectador. Esto constituye un acierto puesto que transforma el film en una misteriosa delicia visual, muy bien
fotografiada y con ciertas resonancias místicas, destacadas en el epílogo
final. Fascinante.
lunes, 26 de octubre de 2015
Begotten
1.5*
Cientos de películas oscuras y
siniestras salpican la historia del 7º arte. En todos los rincones del globo se
han rodado millones de kilómetros de celuloide, de distintas calidades y con
distintos propósitos. En algunos casos, esos metrajes han dado lugar a films de culto y a films malditos. En 1991, E. Elias Merhige rodó una película
experimental, en blanco y negro, con un argumento difícilmente comprensible,
aunque las reseñas disponibles en ese cerebro universal que denominamos
Internet, hablan de la historia y del martirio de un dios. El título en
castellano, de hecho, sería “engendrado”. La película no tiene diálogos ni una
historia tradicional: es el sumatorio de un conjunto de imágenes sobre un ser
que está auto inflingiéndose heridas, hasta el suicidio, para, posteriormente,
renacer y ser torturado por otro grupo de existencias. La extraña cinta no pasa
de los 80’ pero se hace repetitiva e, incluso, aburrida. Dependiendo del
espectador, puede sorprender, asquear o crispar, con esa mezcla surrealista y
alegórica de gore, arte bizarro y
metafísica de la religión. En todo caso, una obra de culto, con mucha mayor
calidad que otros experimentos de este tipo (en especial atendiendo a su
postproducción), pero con una apariencia complicada de disfrutar.
sábado, 30 de mayo de 2015
Cabeza borradora (Aka Eraserhead)
2.5*
Primera película oficial del
celebérrimo David Lynch donde ya se pueden vislumbrar algunas de las
características de su cine posterior: un sentido personalísimo de la existencia
y de su relación con lo onírico, casi lacaniana; una concepción perturbada de la narración
(como en la realidad, en el cine de Lynch, las cosas no siempre encajan); y una
cierta autocomplacencia estética; además de su obsesión por los personajes y
las historias turbias así como por la deconstrucción de las instituciones
tradicionales, como la familia o la paternidad. En un plano más específico, se
dan de la mano una estética escabrosa y decadente, un gusto por lo retro y una
representación de los interiores de inspiración hopperiana. Sin duda, una de
las películas más surrealistas y crípticas de su director, aun inexperto tanto
en el plano técnico como en el artístico, tanto en el narrativo como en el
simbólico. Aunque ya totalmente capaz de sorprender y shockear al espectador.
jueves, 26 de febrero de 2015
El discreto encanto de la burguesía
4*
Rafael Acosta (Fernando Rey) es el pintiparado embajador de la República de
Miranda y forma parte de un grupo de amigos burgueses que, cada vez que se intentan
reunir para celebrar alguna cosa, un acontecimiento imprevisible y bizarro se interpone
en sus celebraciones. Con un argumento parecido al de El ángel exterminador y con esa mezcla de costumbrismo y
surrealismo que es típica de buena parte del cine del director aragonés, Buñuel
dirige la que, con probabilidad, sea una de sus películas más divertidas, una sátira despiadada acerca de los tortuosos valores
ético-estéticos de la clase social líder a finales del siglo XX y comienzos del
XXI, la burguesía. Una clase poderosa que hace negocios infames todos los días
pero que tiene que elaborar y mantener una falsa moral con la que lavarse la
cara todas las mañanas, tal y como expone Peter Gay en La experiencia burguesa. Una clase social que ha transformado la
realidad en un sueño dentro de un sueño, en un sueño que, de hecho, bordea la
pesadilla para millones de seres vivos (incluyendo millones de seres humanos)
sobre la tierra. De hecho, el film forma
parte de lo que Chad Trevitte ha denominado la trilogía burguesa, junto con El fantasma de la libertad y Ese oscuro objeto de deseo.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Messiah of Evil
3*
La historia del cine está llena
de pequeñas obras maestras subterráneas a las que el cinéfilo curioso puede
acercarse tanto por casualidad como por recomendación. El mesías del mal es una de estas obras extrañas y alocadas que
salpican el desarrollo del género fantaterrorífico contemporáneo.
Concretamente, es una de las más lúcidas y vanguardistas maravillas de los años
setenta, una mezcla muy seductora de Lovecraft, David Lynch y algún que otro
elemento extraído del trabajo de George Romero y de Dario Argento. Ideada,
escrita y rodada por el tándem Willard Huyck-Gloria Katz (los guionistas de American Graffiti), El mesías del mal supone una bocanada de aire fresco en el género
(así como un sorprendente descubrimiento), tanto por su inquietante, abstracta
y fantasmal atmósfera como por la pulcritud estética con la fue rodada, lóbrega
y esteticista a partes iguales. Además, el metraje está salpicado de asombrosos
personajes, situaciones surrealistas y un puñado de escenas que hielan la
sangre (la del supermercado o la del cine, por ejemplo). En todo caso, no es
injusto señalar que la sensación final puede ser un tanto decepcionante e
insatisfactoria, sobre todo por ciertas vacilaciones. Estrenada el mismo año
que El exorcista, 1973, integra una
especia de oscura cuadralogía terrorífica, junto con Let’s Scare Jessica to Death, The
Wicker Man y Lemora.
martes, 4 de noviembre de 2014
El unicornio (Aka Black Moon)
3*
Louis Malle tiene una carrera
cinematográfica ciertamente interesante y llena de joyas (desde Ascensor para el cadalso hasta Atlantic City, pasando por El fuego fatuo o El unicornio). En este caso, Malle y la nuera de Luis Buñuel ponen
en escena una historia fantástica sobre una joven (Cathrin Harrison, hija y
nieta de actores) que huye de un conflicto bélico entre hombres y mujeres y que
se refugia en una extraña mansión siguiendo a un unicornio que se ha encontrado
en la campiña. Ahí es nada. En esta mansión, la joven vivirá una serie de
bizarros acontecimientos, protagonizados por varios insólitos personajes que se
mueven entre un grupo de niños desnudos y distintos animales domésticos.
Haciendo uso de una simbología surrealista y un tanto críptica, como la que
muestran producciones como Dorothea’s
Rache o El viaje de Chihiro,
Malle presenta una historia que puede admirar y horrorizar a partes iguales (de
mumble-jumble se ha llegado a hablar)
pero que no dejará a nadie indiferente. Lo sorprendente del film es su mezcla de clasicismo formal y
experimentación conceptual. En el reparto, podemos encontrar al divo de la
Factoría de Warhol, Joe Dallesandro, mientras que la fotografía, soberbia, es
de Sven Nykvist, el operador del genio sueco, nada menos.
sábado, 31 de mayo de 2014
Posesión
3.5*
Cuando Mark (Sam Neill) llega a
su casa de Berlín, su mujer Anna (Isabelle Adjani) le confiesa que quiere
dejarle porque tiene un amante. El marido comienza a sentir el martirio de los
celos y el infierno del orgullo masculino pisoteado pero, poco a poco, comienza
a sobreponerse. Por su parte, su mujer muestra síntomas de estar perdiendo la razón por lo que el marido contrata a un detective. Lo que Andrezej Zulawski
plasma en la pantalla con este argumento, no es plato para todos los gustos ni
para todos los nervios. De hecho, La
posesión, además de ser una de esas cult
movies de terror sepultadas en su propia paranoia, es una muestra de ese
cine acrobático y excéntrico de Andrzej Zulawski, que desde Diabel hasta On the Silver Globe ha sabido dar forma a la poesía de lo extraño,
la violencia y la perdida de identidad. Algo así como el Polanski polaco
(aunque con una concepción de la geografía urbana que recuerda a Dario Argento,
en un Berlín frío y, por tanto, grisazulado). El rasgo más característico de la
dirección es el cámara en mano, que abraza a los personajes en el encuadre de interiores para unirlos enfermizamente en la mente del espectador pero que,
también, los asocia en el plano en exteriores, con travellings precipitados (como escribe
Kim Newman), para producir un efecto de inquietud
y zozobra. Por cierto, los dos actores protagonistas muestran una entrega y un
vigor interpretativo dignos del mayor de los elogios, lo que imprime el sello
de desasosiego y extrañeza que es el 50% del valor del film. El otro 50% lo descubrirá el espectador por sí solo,
especialmente en 3-4 escenas (obra de Carlo Rambaldi) realmente impactantes,
que no se olvidan. En todo caso, al final, la película acaba siendo una
depurada pero intrincada representación de la femme fatale. Como curiosidad, en el score hay un tema que tiene la mitad de un leitmotiv de la BSO de El padrino.
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martes, 15 de octubre de 2013
Taxidermia
2*
La segunda película del director de Hipo, György Pálfi, un artista hungaro fuertemente influenciado por
la plástica bizarra tipo David Lynch y por el surrealismo balcánico tipo
Kusturica. Taxidermia es un puzzle
formado por grandes 3 piezas: 3 historias generacionales (abuelo, padre e hijo),
que ocupan un tercio del metraje cada una y que, a su vez, conforman una
extraña combinación de realismo y fantasía, reflexiones metafísicas y
escatología, lucided y absurdo, situaciones cotidianas y momentos
extraordinarios, todo ello rodeado de constantes metáforas sobre el sexo y la
creación. Aunque al final, parte de su significado se concentra en tres alegorías sobre la naturaleza y función de la Hungría reciente. Pálfi se esfuerza en desarrollar una
imagineria visual a la altura del delirio del planteamiento pero,
salvo algún momento puntual, no termina de destacar en este terreno. Y es que su
estética no llega al nivel de barroquismo desquiciado de buena parte del cine de
Jeunet y Caro o de Terry Gilliam, con los que comparte, sin embargo, similares
intenciones creativas. Además, la película abusa del uso de las vísceras,
animales y humanas, con lo cual su significado termina por confundirse entre la
sangre y la carne, entre el delirio y lo grotesco, al contrario que las mejores páginas de Rabelais, autor con el que Pálfi comparte excesos y obsesiones. Complementan el planteamiento ciertas repeticiones, movimientos
de cámara imprevisibles y una acusada arritmia narrativa. Por último, una duda
existencial ¿por qué a muchos directores que van de originales les da por
filmar el descuartizamiento de un animal?
viernes, 6 de septiembre de 2013
Un perro andaluz
3.5*
Obra maestra del surrealismo español, dirigida por un
Luís Buñuel casi en pañales pero repleto de muchas de las constantes de su
posterior filmografía. De hecho, salvo el anticlericalismo, casi todas sus
obsesiones están en estos pocos minutos de cine experimental pero narrativo,
absurdo pero naturalista, burgués pero subversivo, y en el cual se encuentran, por otra parte,
muchas de las ideas e imágenes que películas posteriores harían mundialmente famosas (como la oreja de Terciopelo
Azul, la mariposa de El silencio de
los corderos o la boca sellada de Matrix,
por poner solo algunos de los más populares ejemplos). Buñuel se sirve del cine mudo como vehículo visual para dar rienda suelta a su imaginación, a su inconsciente y a sus
sueños. Y lo hace a través de una historia simbólica que dinamita varias
convenciones estéticas y morales y que, en el fondo, no es sino un “apasionado
llamamiento al crímen”, en palabas del propio calandés. Además, no faltan oportunas
referencias a las pulsiones de la época y al ambiente donde el director
aragonés se formó: la piscología freudiana, la poesía surrealista, la
imaginería daliniana, la fascinación del horror, referencias a García Lorca, a la
música de Wagner, etc. De obligado visionado para todos aquellos que quieran aprender
a valorar el cine contemporáneo en su justa medida: es decir, comparándolo con sus ascendientes.
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Un perro andaluz
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