Tras rodar Un frío día en el parque y la extraordinaria Imágenes, Robert Altman encamina su trilogía de la mujer hacía otra
de sus cotas y hacia una de sus más personales realizaciones. En esta ocasión,
se sirve de un guión propio para dar forma a un argumento que roza el
surrealismo pero que parece inspirado en el riquísimo mundo contracultural de Norman
O. Brown o en las mitologías estudiadas por Joseph Campbell. De hecho, en Las extensiones interiores del espacio
exterior, Campbell afirma que “si se examinan sin prejuicio las tradiciones
religiosas de la humanidad, no tardan en encontrarse ciertos motivos míticos comunes
a todas ellas”, como, por ejemplo, la vida después de la muerte, o la
existencia de espíritus protectores o malévolos. Sobre estas cuestiones gira el
argumento de la obra. Una joven de Texas (Sissy Spacek) entra a trabajar en un
balneario de un pequeño pueblo al sur de California. Su instructora, Shelley
Duvall, parece encarnar la mujer independiente y exitosa pero su vida
amarillenta esconde la soledad y varias relaciones fracasadas y vacías. En el
camino se cruza una extraña mujer embarazada que pinta figuras mitológicas y
que es la pareja de uno de los amantes clandestinos de Duvall. Poco a poco, el
argumento se va desarrollando, por las vías de la narrativa convencional aunque
con un trasfondo simbólico y psicoanalítico que Altman prefiere no desvelar del
todo al espectador. Esto constituye un acierto puesto que transforma el film en una misteriosa delicia visual, muy bien
fotografiada y con ciertas resonancias místicas, destacadas en el epílogo
final. Fascinante.
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lunes, 11 de abril de 2016
lunes, 21 de octubre de 2013
Vidas cruzadas (Aka Short Cuts)
3.5*
En principio, no debería resultar difícil adaptar el mundo literario de Carver al cine, teniendo en cuenta su naturaleza visual, su
concición narrativa y su gran sensibilidad para los diálogos. La prosa de
Carver es la BSO perfecta para los cuadros de Edward Hooper. Sin embargo, la
adaptación cinematográfica de sus cuentos requiere una dirección meticulosa, un
montaje atento y un control del tempo
rítmico al alcance de muy pocos. Eso es lo que propone Robert Altman en este
mosaico contemporáneo de la vida urbana en Los Angeles, una especie de lado
oscuro del sueño americano, con la gente anclada a sus miserias, a sus
frustraciones y a sus procesos vitales,
como diría Charles Bukowski. Por otro lado, sin embargo, tanto la técnica
cinematográfica como la narración resultan bastante convencionales. Aproximadamente,
los primeros 30’ están dedicados a la presentación de los personajes (inicio);
las siguientes dos horas desarrollan un buen puñado de dramas ordinarios que se
entrecruzan (nudo); y la última media hora se centra en el desenlace de casi
todas las tramas abiertas en las dos partes anteriores (final). Altman, por su
parte, espolvorea una fina capa de sarcasmo por toda la narración, como si
quisiera esconder, desde los títulos de crédito hasta el final, el componente
trágico de la vida que retrata. El reparto, coral y heterogéneo (como los
mismos personajes), resulta adecuado a la variada fenomenología de caracteres
que pululan por la película, aunque no sería injusto destacar el trabajo de TomWaits, Madeleine Stowe y Jack Lemon, entre otros. Para finalizar, Altman casi
inaugura todo un filón del cine moderno: las películas caleidoscópicas, el cine
poliédrico, las tramas cruzadas (como en Crash,
Abajo el telón, 21 gramos o Magnolia, por
ejemplo, aunque en ésta última, además, Anderson se somete a la regla clásica de las 24 horas).
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Vidas cruzadas
miércoles, 30 de mayo de 2012
Imágenes
3*
Justo dos años antes de que comenzara su
fructífera relación profesional con Steven Spielberg, John Williams compuso la
partitura para una de las películas más extrañas de Robert Altman. Rodada en
Dublín, en un ambiente bucólico (excelentemente fotografiado por Vilmos
Zsigmond), Imágenes es la
representación visual de los supuestos desvaríos mentales de la protagonista,
Cathryn (una soberbia Susannah York), que se encuentra en su mansión campestre
intentando escribir un cuento infantil (curiosamente titulado In search of Unicorns). En este escenario,
Cathryn interactúa con varios personajes masculinos y con una niña, y tanto
ella como el espectador no sabe diferenciar si lo que ocurre es producto de una
alucinación o es real, hasta el sorprendente final. Con ciertas conexiones con
la tragedia clásica, con Persona de
Bergman y con el cine de Polanski (concretamente con Repulsión), esta historia forma parte de una singular trilogía del
cine de Altman sobre la psicología femenina, junto a Un frío día en el parque y 3
mujeres.
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