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sábado, 23 de enero de 2016

Los odiosos ocho (Aka The Hateful Eight)

2.5*

Tarantino recupera la estructura narrativa de Malditos bastardos (una historia contada por capítulos) a la que le añade un flashback (tipo Pulp Fiction) y una voz en off explicativa (narrada por el propio director). Esta es la espina dorsal sobra la que el director ha montado su último film: un decepcionante divertimento, con muchos diálogos insustanciales, faltos de ese ingenio marca de la casa, y con una trama que toma de aquí y de allá (La cosa, Diez negritos, El rebelde y Condenados a vivir) y que se alarga innecesariamente. De hecho, la primera hora se podría haber contado en 20’ y, además, podría haber sido escrita con más inspiración. Desde otro punto de vista, en la versión comercial (de 167’), parece que hay ciertos agujeros, ciertas desconexiones, que se supone estarán corregidas en la versión roadshow de 70mm (y 187’) y en VOS. Por otro lado, el doblaje en castellano es patético. En él, el personaje de Kurt Rusell parece una parodia. Por no hablar del de Tim Roth, que parece una copia de las dos creaciones previas de Christoph Waltz. Sin embargo, sí se pueden comentar aciertos de la 8ª película del autor de Reservoir Dogs. Lo más interesante de la película es, sin duda, la despiadada imagen que presenta de su propio país. Da igual el trabajo que pretendas hacer y lo cerca que estés de la ley: en algún momento de tu pasado has sido un auténtico hijodeputa. Así son los 8 personajes protagonistas: odiosos. Y, por ello, da igual lo que Tarantino les haga sufrir en el film. Como apoyo a esta imagen,  en segundo lugar, tenemos el retrato que Quentin hace del resto de invitados a la función, meros comparsas de una nación que se ha levantado sobre la violencia, la rapiña y la mentira, tal y como el propio Scorsese pretendió mostrar en Gangs of New York (aunque resultara contradictorio con su La edad de la inocencia). En tercer lugar, Ennio Morricone ha prestado cuatro cortes de anteriores partituras suyas, que enriquecen el ritmo de la acción y el suspense de la trama. En cuarto lugar, Tarantino vuelve a guiñar un ojo al pueblo afroamericano, con el que se siente realmente en deuda (tal y como ha mostrado en Jackie Brown, en Django Unchained y en ésta). En fin, la peor producción del director, donde incluso se desaprovecha la fotografía panorámica en ultravisión. Eso sí, los fans más periclitados disfrutarán con los estallidos de violencia, con la sangre borbotónica y con varias escenas políticamente incorrectas.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Wall Street

3.5*
Dedicada a Jonay Rodríguez Quintana
Robert Rosenstone sostiene una polémica tesis: que Oliver Stone es uno de los más interesantes historiadores USAmericanos actuales y que su obra cinematográfica ofrece una representación historiográfica que merece un análisis más profundo que el que habitualmente se reserva al llamado cine histórico. Especialmente su trilogía sobre la Guerra del Vietnam, aunque también otros films como JFK, una obra maestra del montaje narrativo y del claroscuro político. Hay quienes han acusado al director de ambigüedad moral (antes) y de izquierdismo ciego (ahora) pero el visionado sosegado de su cine da como resultado una opinión que puede hacer más justicia a las intenciones y a los resultados de su controvertida obra. Wall Street ofrece un contundente y convincente retrato sobre el capitalismo salvaje, en particular sobre el monopoly en que se ha transformado la economía financiera, espoleada por un puñado de brokers proletarios y dirigida por un selecto grupo de inversores sin escrúpulos. Por el camino, Stone afila su crítica contra la ambición desmedida y contra el poder del dinero, causas de la putrefacción moral de una buena parte de las sociedades contemporáneas. Además, introduce un retrato moral de dos generaciones, las representadas por Martin Sheen y por su hijo Charlie Sheen, en base a sus respectivos valores y aspiraciones. La película se completa con un acertado trabajo de Hal Holbrook, Terence Stamp y James Karen así como con una impresionante composición de Michael Douglas en el papel de Gordon Gekko, un atractivo y ambiguo tiburón financiero. Sin embargo, tanto Sean Young como Daryl Hannah decepcionan en sus papeles (especialmente la segunda). Por último, tanto la BSO, de Stewart Copeland, como los efectos de sonido y la fotografía (del gran Robert Richardson), aportan un sutil suplemento semiótico a las intenciones del film. A propósito, Martin Scorsese tiene lista su aproximación al tema, The Wolf of Wall Street.