La familia de John Benedict
(William Holden) es exterminada por un grupo de comanches capitaneados por un
blanco con muy malas pulgas. El superviviente consigue sacar de la cárcel a un
variopinto grupo de desarrapados con la intención de que le ayuden a dar caza a
los culpables de su viudedad. Y así las cosas, el argumento se va complicando y
enrevesando, pero siempre con la intención de contar una historia de alto
contenido moral. Aprovechando el éxito y las resonancias cinematográficas de Grupo salvaje, Delbert Mann (que no
tiene nada que ver con el gran Anthony Mann) se saca de la manga este Western de venganzas y traumas
familiares, protagonizado por dos de los actores originales del film de Sam Peckinpah y una Susan
Hayward espléndida (aunque su personaje no sale mucho, que digamos). La
película revisita muchos de los paisajes físicos y morales del film del 69, así como da cabida a una
buena parte de su paisanaje (con varias figuras y caracteres similares). De
hecho, se nota una voluntad férrea de parecerse a la estratosférico obra
maestra del director californiano, también en aspectos técnicos (como distintos
encuadres, la misma fotografía, multitud de escenas, algunos cortes de la BSO,
etc.), aunque con ligeras influencias del Western
mediterráneo y casi ningún elemento crepuscular. En cualquier caso, no estamos
ante un gran trabajo pero sí que es una obra estimable y entretenida. Como otra
de las obras post-Peckinpah, Caza
impagable, por ejemplo.
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miércoles, 12 de octubre de 2016
sábado, 12 de julio de 2014
Jubal
3.5*
El mismo año en que Centauros del desierto cobró vida en las pantallas de todo el mundo,
Delmer Daves estrenaba una de sus mejores producciones, con el protagonismo de cuatro
actores de carácter: Glenn Ford, Rod Steiger, Charles Bronson y Ernest Borgnine,
quien acababa de protagonizar la estupenda Marty.
Además, el film cuenta con la
presencia de Valerie French y del siempre torvo Jack Elam. El argumento es muy
sencillo: Jubal, un atormentado cowboy, llega a un rancho donde enseguida
entabla amistad con Shep, el rudo propietario, mientras que la hermosa mujer
del mismo comienza a seducirlo, causando que Pinky, su anterior amante,
comience a sentir celos de Jubal y envidia de su reciente éxito en la finca,
con resultados bien trágicos. Es decir, el argumento es una versión actualizada
del Othello shakesperiano aunque
ambientada en la boscosa Wyoming y en la vida de frontera. Por ello, lo
importante en la película es más la disección de los traumas y deseos de los
personajes que las acciones que realizan y las consecuencias de las mismas.
Aunque éstas, a la postre, también son importantes, como corresponde a todo Western que se precie de ese nombre. La
novela original, por cierto, es obra del reputado Paul Wellman, autor de historias
tan potentes como las de Apache o Los comancheros. La puesta en escena es compacta
y robusta como una res, la fotografía captura con enorme belleza los hermosos
paisajes naturales que abrazan la historia y la música empuja a toda la
narración con esa sutileza propia de las mejores partituras. En definitiva, un Western tan redondo y entretenido como
desconocido.
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