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martes, 21 de junio de 2016

Fundido a negro (Aka Fade to Black)

3*

Cuando tu vida es como una película tienes un problema. Es verdad que en multitud de ocasiones, muchos espectadores normales se comportan o hablan como siguiendo un guión, como reproduciendo una telenovela. Puedes vampirizar la vida real, como el protagonista de Arrebato. Puedes vampirizar tu propia existencia, como el Martin de Romero. Pero si cada escena de tu vida tiene su plano y su contraplano en un film de Hollywood, si el cine te ha fagocitado, si todo te recuerda a alguna imagen cinematográfica (como el protagonista de Dream On), entonces, no tienes ninguna posibilidad. Tendrás que ascender y tendrás que caer, como ha hecho mil y una vez la fábrica de sueños californiana. Con esta premisa, el joven director Vernon Zimmerman rindió pleitesía a la industria del celuloide, con una obra personalísima en la que desfilan decenas, cientos de homenajes, guiños, movie clips y múltiples referencias a la historia del cine. Y es una delicia encontrar dichas referencias, descubrirlas y saborearlas tras cada plano, tras cada línea de diálogo, tras cada nombre, tras cada escena. Y también es una delicia ir siguiendo esta extraña producción, mitad comedia juvenil de los ochenta, mitad cine de terror, mitad policíaco con psicópata, mitad drama social, mitad cinefilia decadente. Una sorprendente mixtura de cine de géneros (en el sentido literal de la palabra), rodada y montada con admirable pericia y con una interpretación widmarkiana de su joven protagonista, Dennis Christopher (aunque con un punto de Roddy McDowall). Por cierto, como curiosidad, aparece un jovencísimo Mickey Rourke.

viernes, 26 de octubre de 2012

Los amores imaginarios

2.5*
Dedicada a Alicia López
A lo largo de más de cien años de historia del cine, hay multitud de películas que se han acercado a esa visión romántica que hace de la pulsión amorosa una experiencia absorbente e, incluso, decadente, como la que representa la literatura de Alfred de Musset, cuya obra pone el acento en el “aspecto doloroso” del amor y en la “belleza contaminada”, como ha escrito Mario Praz. Por su parte, David Foster Wallace hacía afirmar a uno de los personajes de La broma infinita que hay quien cree que no hay amor sin placer, lo cual es cierto solo en la mayoría de los casos. Pero la estadística no es una ciencia sino una plantilla numérica que imponemos a nuestros comportamientos. Xavier Dolan, joven director canadiense, ha dedicado su todavía corta filmografía a desvelar los secretos y felicidades del amor, ya se entienda como pasión, como obsesión o como entrega. Y lo hace sobre una historia que evidencia su edad (enamoramiento post adolescente), que recuerda ligeramente a la de Soñadores (un trío amoroso, cinefília latente) y que retrata a una generación de abierta sexualidad pero de comportamientos conservadores. En el nivel de la trama, Dolan narra los intentos de dos amigos (un chico y una chica) por conquistar a un efebo rubio, un tanto consentido y manipulador que, desde el principio, no muestra mucho interés físico por ninguno de los dos. Dolan introduce monólogos de otros personajes, frente a la cámara (en plan Sexo oral de Chus Gutierrez), que pretenden ampliar y complejizar la perspectiva, aunque solo lo consiguen superficialmente. Dolan, además, añade un ligero toque de Woody Allen, un estilo nervioso y esteticista (que no esconde la influencia de Paul Thomas Anderson y de Wong Kar-Wai) y, finalmente, un puñado de solventes interpretaciones. Todo ello en una especie de alambique postmoderno, aunque domesticado. Por eso, los resultados del film no consiguen superar su naturaleza primeriza y juvenil, tanto narrativa como estilísticamente (atención a esa cámara en mano, inquieta, incluso haciendo zooms, y a esos continuos injertos MTV, con ralentizaciones incluidas). El problema es que la forma y el contenido van cada uno por su lado hasta el tercer sector de la película (sin contar el epílogo), donde ambos se dan la mano y consiguen emocionar al espectador.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Mulholland Drive

4.5*

Mulholland Drive es un auténtico tour de force cinematográfico, una película fascinante y de una variedad visual apabullante (primeros planos, cámara nerviosa, travellings elaborados, panorámicas diagonales, planos medios, movimientos de cámara, zooms, fundidos, planos desenfocados, etc.). Fruto de una maduración estilística y temática de la obra de David Lynch es, a la vez, una síntesis de diversos elementos previos (provenientes, especialmente, de Terciopelo azul, Twin Peaks, Hotel Room y Carretera Perdida) así como un homenaje cinéfilo constante. Supone, además, el Mister Hyde de su obra reciente, considerando a Una historia verdadera como su Doctor Jekyll. Lynch dilata y reconstruye un episodio piloto que rodó para una serie de TV que, finalmente, fue rechazado por la cadena ABC. A través de una extraña y enmarañada historia, con varias líneas argumentales que se van cruzando así como los habituales y complejos puzzles simbólicos, Lynch ofrece al espectador una bajada pesadillesca a los infiernos de la industria cinematográfica: es decir, la cara B de Sunset Boulevard. De hecho, Mulholland Drive es la versión más tenebrosa y retorcida de todas y cuantas disecciones del Hollywood moderno han sido propuestas por el cine USAmericano. Sin embargo, por suerte para cualquier espectador, no llega al cripticismo de Inland Empire aún cuando se deslicen errores e incoherencias varias y aún cuando todo el metraje esté salpicado de la inconfundible galería de insólitos personajes, situaciones inexplicables y breves diálogos característicos del estilo tortuoso y surrealista del director de Montana, un estilo que la BSO de Angelo Badalamenti no hace sino reforzar. Como colofón, el film regala una magnífica interpretación de Naomi Watts, en el rol principal de una historia de sueños, identidad y amor fou.

martes, 1 de mayo de 2012

El desprecio

4*
 
Libérrima adaptación de la novela de Moravia, El desprecio es una sofisticada y magistral radiografía de un matrimonio en crisis en el fascinante ambiente de un rodaje cinematográfico. Michel Piccoli es contratado por un productor (Jack Palance) para reescribir el guión de una adaptación de La Odisea que va a dirigir Fritz Lang. Tanto en las negociaciones como en el propio rodaje le acompaña su mujer (Brigitte Bardot), que despierta la atracción del productor. Como en el Viaggio en Italia de Rosselini, Godard opta por un estilo solemne pero no exento de innovación, erigido -en este caso- a base de elaborados planos secuencia en CinemaScope, con comportamientos y diálogos vacilantes, ambiguos, a través de los cuales los personajes van, poco a poco, revelando sus verdaderas intenciones y motivos, siempre de una forma sutil e inteligente. Magníficas interpretaciones del cuarteto protagonista para una historia que se convierte en una nostálgica mirada sobre la admiración y el aprecio como bastiones del amor. Se transforma, así, en una auténtica Odisea del (des)amor. Sobre un refinado erotismo emerge y gravita la cinefilia de Godard, que desborda casi cada plano y cada diálogo del film, desde Río Bravo hasta Psicosis, desde M hasta Hatari!, pasando por los homenajes a los míticos estudios Cinecittà y al mismo director de Los verdugos también mueren, mentada en la historia por partida doble. Finalmente, El desprecio puede ser interpretado como una radiografía de la situación del cine a comienzos de los sesenta.




jueves, 26 de abril de 2012

Matrix

4.5*

Uno de los grandes éxitos cinematográficos de los últimos años y todo un fenómeno sociológico a nivel mundial, que desencadenó una auténtica avalancha de imitaciones, siendo ella misma, a su vez, una suerte de imitación (especialmente del anime Ghost in the Shell y del cult comic, Los invisibles). En un futuro devastado, las máquinas tienen sometidos a los seres humanos para la satisfacción de sus necesidades. Sin embargo, para ello, deben crear un mundo virtual, Matrix, donde las mentes de los humanos llevan una vida aparentemente normal pero imaginaria. A partir de esta premisa, los hermanos Wachowski consiguen aunar en el molde de la science fiction materiales de las filosofías ciberpunk, milenarista y gnóstica, una tierna historia de amor y poderosas escenas de acción, junto con elementos de la mística judía, distintas ideas postmodernas y elementos del marxismo, de Kafka y de Lewis Carroll. A lo que hay que añadir artes marciales tradicionales, tecnología punta, un cierto regusto vintage y una BSO compuesta de pegadizos temas electrónicos. Pero, por encima de todo, la película abunda en referencias, robos y recreaciones de/a infinidad de fuentes cinematográficas. Es verdad que las interpretaciones no son grandiosas (ni siquiera las de Fishburne o Pantoliano) pero eso no fue óbice para que la cinta adquiriera la categoría de clásico reciente de la ciencia ficción, elevando a topois de la cultura popular tanto a personajes (Neo, Morfeo, el agente Smith), como a expresiones (“Ya sé Kung Fu”), grandilocuencias varias (“Tu aspecto actual es lo que llamamos una “auto-imagen residual”. Es la proyección mental de tu yo digital”) e icónicas escenas (como la de Neo esquivando las balas o la de las pastillas roja y azul). El resultado fue tan exitoso que se rodaron dos continuaciones, muy por debajo de la original (especialmente la tercera), y diversos productos oportunistas, como una serie de animación y un videojuego. Como curiosidad, el estreno de Matrix coincidió en el tiempo con el experimento sobre juegos génicos de Cronenberg, eXistenZ.



domingo, 1 de abril de 2012

Millennium actress

4.5*

Tras el cierre de un mítico estudio cinematográfico, dos periodistas se proponen entrevistar a Chiyoko Fujiwara, la legendaria estrella del mismo, que se retiró del cine misteriosamente y vive aislada en las montañas. Al calor de los recuerdos evocados por la ya anciana actriz (como en Fellini 8½), el espectador se va adentrando en un espectacular anime donde se mezcla el pasado con el presente, la historia con la ficción y los sueños de la juventud con los naufragios vitales de la madurez, todo ello en una espléndida estructura circular, a base de sketches y collages visuales y emotivos, lo que produce una fortísima fascinación y una emocionante empatía en el espectador. Síntesis casi perfecta de tradición e innovación y de una cinefagia muy particular, constituye una riquísima alegoría sobre el amor y el paso del tiempo, llena de matices y sutilezas. Conmovedora hasta el dolor y la lágrima, Millennium Actress es la prueba evidente de que el cine tiene su razón de ser en la materialización visual de una buena historia, algo que el director volvería a repetir en Tokyo Godfathers, con la remota inspiración del maestro Ford. La obra maestra de Satoshi Kon, un cineasta de escasa pero formidable obra.



jueves, 1 de marzo de 2012

El crepúsculo de los dioses

4*

Grandísima e influyente película de tintes negros sobre la mitología hollywoodense (en la línea de Cautivos del mal) que, además, escenifica las exequias del cine mudo tras el paso al sonoro. Un guionista en horas bajas (al que da vida un William Holden también en horas bajas), que es perseguido por sus acreedores, conoce accidentalmente a una vieja estrella del cine, la diva y desequilibrada Norma Desmond (Gloria Swanson), que vive aislada del mundo moderno en su barroca mansión de Los Angeles y se encuentra protegida por Max, su misterioso mayordomo (un tremendo Eric Von Stroheim, en un papel de grandes resonancias personales y profesionales). Egos desmedidos, ambición a prueba de arrepentimientos y enfermedades mentales para una historia técnicamente brillante, de una profundidad humana admirable y narrativamente ejemplar (aún a costa del retruécano de hacer de un cadáver el narrador de la historia). El guión es del propio director, Billy Wilder, escrito a dos manos con su fiel Charles Brackett, en su último trabajo juntos. Espectacular escena de inicio, con esa imagen desde el fondo de la piscina que ha pasado a la historia del cine (obra del director de fotografía de Perdición, John Seitz) e icónico final, con una Swanson soberbia en su última actuación. Sin embargo, el romance entre Holden y la joven aspirante a guionista parece trucada, la conclusión se muestra también un poco atropellada y, además, la puesta en escena del despecho final se revela ciertamente forzada. Los estudios de la Paramount, Cecil B. De Mille, Buster Keaton y otras estrellas del cine mudo aparecen por el metraje imprimiendo (con su incontestable presencia) veracidad y crédito a este ácido retrato de la industria del cine y de algunas de sus obsesiones, especialmente del éxito asociado a la juventud. Una película especular, donde el cine emula a la vida y la vida imita al cine, en una cadena circular y decadente.


lunes, 23 de enero de 2012

Arrebato

3.5*

Año 1979. Madrid. José Sirgado (Eusebio Poncela) es un director de cine, adicto a la heroína, que descubre que su ex novia (Cecilia Roth) –con la que había roto- ha acampado en su propia casa. Además, está intentando rodar una película de terror, La maldición del hombre lobo, que tiene todo tipo de problemas. Por otro lado, en una escapada con su amiga Marta conoce a Pedro, un adicto al cine que lo vive como si no existiese ninguna otra cosa sobre la faz de la tierra. Tiempo después, José recibe una película y una cinta de audio donde Pedro le explica los alucinantes y extraños acontecimientos que ha vivido y en los que está implicada su cámara de Súper 8. Y así comienza la película… Arrebato (segundo y último largometraje de Iván Zulueta, en 35 mm) destaca como una rara avis en la filmografía española, tan dada a una especie de autocensura pro comercial (dejando a un lado varias notables excepciones, por supuesto). Para empezar, constituye una absorbente reflexión sobre el cine, sobre su capacidad de asombrarnos, de deslumbrarnos, y, por tanto, de evadirnos de la realidad. Como propone la película, el cine nos arrebata. Destaca, además, por la sugerencia que hace del cine una especie de vampiro: nos roba parte del tiempo que podríamos dedicar a la vida; nos deja sin vida. Pero cualquier reflexión sobre el mensaje de la película no es sino una conjetura y, como tal, está sujeta a múltiples revisiones, como la esencia misma de Arrebato, una maravilla entretejida con underground neoyorkino, E.A Poe y el cine-ojo de Dziga Vértov.


martes, 10 de enero de 2012

Soñadores

3*
En la última película de Bernardo Bertolucci hasta la fecha, el director de Novecento se apunta al revisionismo histórico y rueda una sofisticada crónica sobre los despertares sexuales, sentimentales y políticos de parte de una generación, con alguna reminiscencia al Bande á part de Godard. Matthew (Michael Pitt), un estudiante californiano, recala en el París de la primavera del 68 y entabla amistad -en la Cinémathèque française- con Isabelle (Eva Green) y con Theo (Louis Garrell), los dos hijos siameses de un reconocido poeta francés. Al comienzo de la erótica relación a tres bandas, Matthew parece ir por detrás de los hermanos, mientras que, según avanza la película, el tímido californiano consigue descifrar y revelar el infantilismo mental y emocional en el que viven Isabelle y Theo y les obliga a enfrentarse al mismo. Por otra parte, lo interesante de la historia –por significativo- es la forma en la que los acontecimientos políticos disparan, dirigen o interrumpen la acción. Aunque en este punto, el director no termina de sentirse cómodo. Cinematográficamente hablando, Bertolucci rinde un sentido homenaje al 7º arte, aprovechando un recurso que ya había sido utilizado en más de una ocasión, especialmente en esa cinéfila teleserie yanqui, Dream on (conocida en España como Sigue soñando). Por ello, hay multitud de referencias a películas de Hollywood y francesas, a partes iguales, junto a alguna de Bergman. La película es una producción inglesa, sobre una novela de un autor escocés (Gilbert Adair), dirigida por un italiano, sobre un acontecimiento ocurrido en Francia y con un equipo técnico y un plantel de actores de varias nacionalidades; sin embargo, el espíritu general se nos antoja francamente usamericano. La BSO, por último, es una sugerente y emotiva selección de canciones populares.
 


domingo, 4 de diciembre de 2011

Reservoir Dogs

3.5*


En 1992, Quentin Tarantino ofrecía su tarjeta de presentación al público mundial, rodada en poco más de un mes. Lo que iba a ser una película más del floreciente cine independiente usamericano, se transformó rápidamente en una auténtica película de culto, con una enorme influencia en el cine posterior. Las razones: la intervención inestimable de Harvey Keitel como promotor y como protagonista del film, por un lado, y una visión personalísima, idiosincrática, de hacer cine basándose en el mismo cine, por el otro. Además, el paso triunfal por varios festivales de cine durante los años 1992-1993, que adjudicaron un mediático aval a la calidad y originalidad del producto. Sobre la base de una cinefilia impenitente (pulida gracias a su trabajo en el mega videoclub Video Archives, de Manhattan Beach), Quentin Tarantino presentó, con esta imperfecta película de serie negra, las características fundamentales de lo que se transformaría en la marca registrada de la casa: una deconstrucción narrativa al servicio, paradójicamente, de una visión tradicional de la trama; el saqueo permanente de recursos cinematográficos ajenos (en este caso, de Sergio Corbucci, por ejemplo); un respeto incondicional por el cine de género a base de intentar trascender sus propios límites; homenajes intertextuales constantes a la historia del cine; el diálogo constructivo entre las imágenes y la BSO (compuesta, en su mayor parte, por canciones elegidas por el propio director); una exquisita intuición para la selección y para la dirección de actores; una elegante e irreverente concepción del guión, con unos diálogos realmente convincentes, a consta de parecer muchas veces insignificantes e, incluso, ridículos; y, por encima de todo, una visión icónica del lenguaje y de la puesta en escena fílmicos, que transforma el visionado de sus películas en una experiencia pulp además de cool. Para sublimar y enmascarar todas estas características, respectivamente, Tarantino rodaría, años después, sus dos postmoclásicas obras maestras, Pulp Fiction y Jackie Brown.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

Rebobine, por favor


3*


Michel Gondry, especializado en desmenuzar enfermedades de la sociedad postmoderna, perpetra una estupenda fábula moral sobre la amistad, la admiración y los sueños compartidos, contada sin ningun subrayado, con sentido del humor y con mucha, mucha inventiva visual, lo que transforma la película, finalmente, en un sorprendente pasquín en favor del cine y de su capacidad viral para emocionar. Gondry cuenta con la ayuda de un entregado Jack Black, de un convincente Mos Def y de un entrañable Danny Glover. La parte en la que los protagonistas ruedan sus versiones de saldo de las películas del videoclub donte trabajan (a las que llaman sus "suecadas", sweded films), es divertidisima, sobre todo si has visto las peliculas originales que intentan emular. Es hermoso que se desarrolle en un barrio humilde (concretamente en Passaic, New Jersey) y que se cuente con la colaboración de sus habitantes y vecinos. Sin llegar al nivel de ¡Olvídate de mí! ni de La ciencia del sueño, la historia igualmente conmueve y pone punto final a la (por ahora) primera trilogía del autor.