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martes, 31 de mayo de 2016

Mis 5 imprescindibles de Takeshi Kitano:


-       Violent Cop (1989).
-       Sonatine (1993).
-       Hana-bi: flores de fuego (1997).
-       Dolls (2002).
-       Outrage (2010).

martes, 27 de enero de 2015

Fight, Zatoichi, Fight (Aka Zatôichi kesshô-tab)

3.5*

Muchas son las películas que han contado historias alrededor de un bebé abandonado que debe ser cuidado por uno o varios adultos fortuitos. Los tres padrinos, Tres hombres y un bebé y Tokyo Godfathers podrían ser tres de las más famosas. En esta ocasión, el encargado de cuidar al bebe es nada menos que Zatoichi, el ciego y vagabundo masajista espadachín. ¿Por qué? Porque se siente responsable de su vida ya que han matado a su madre en su lugar. Por ello, hará un largo viaje hasta la aldea donde se supone que vive su padre. Sin hacer uso de ese humor negro y coreográfico de la versión de Takeshi Kitano de 2003, Kenji Misumi dirige un hermoso cuento sobre el poder de la inocencia en un mundo cruel y egoista. En el papel del masajista, el sempiterno Shintarô Katsu, que rodó más de veinte films sobre el personaje entre 1962 y 1989. Con una puesta en escena delicada y cuidadosa y un argumento ambientado en el Japón rural del siglo XIX, con una brisa que siempre sopla sobre las plantaciones de arroz y bambú, y unos diálogos cortados con cuchillo de sushi, el director añade ligeros toques de humor, mucha ternura y esas típicas descargas de violencia del cine japonés de samuráis (rodadas con la tradicional sabiduría fílmica nipona). Además, la música y la historia, ambas juntas, terminarán por recordar al espectador Occidental nuestra querencia por el Western. En conclusión: una delicia que sorprenderá a propios y extraños.

jueves, 17 de mayo de 2012

Dolls

4*

Dolls es un hermoso pero triste retablo, elaborado con 3 historias enraizadas en ese clase de amor, de verdad, que hace daño y que duele, entre la pureza y la obsesión. Un amor que, además, hace un guiño a la muerte. La película comienza con una representación de teatro Bunraku (del gran dramaturgo japonés Chikamatsu) y termina con la encarnación cinematográfica de dicha representación. Entre medias, un viaje doloroso (y, a ratos, no obstante, divertido) por esas 3 historias de sufrimiento, guiadas por los impulsos del corazón, que Takeshi Kitano sitúa a medio camino entre lo absurdo y lo creíble, siguiendo ese estilo pendular que le ha hecho tan reconocible. Un viaje doloroso que también discurre por las estaciones del año y del alma a través de las miradas, los gestos y los colores. La sublimación del estilo de Beat Takeshi, esa mixtura no siempre conseguida de belleza y violencia, de sensibilidad y agitación, una mezcla que en esta historia encaja maravillosamente, produciendo el más intenso de los sentimientos con los más humildes medios. De hecho, podría decirse que es el Jackie Brown de Takeshi Kitano. Estupendo diseño de vestuario de Yamamoto y ajustada (aunque insatisfactoria) BSO de Hisaishi. La historia mantiene ciertas conexiones con la obra de Haruki Murakami, contemporáneo del director japonés (con Kafka en la orilla y con Tokio Blues), con la tradición literaria de los amantes suicidas y, por qué no decirlo, con el escritor Izumi Kyoka.