4.5*

No se sabe muy bien cuáles son las razones por las que, en
un determinado momento, un director es capaz de rodar una obra maestra. Si
hablamos de Alfred Hitchcock, que tiene un buen puñado de
magníficas películas,
la respuesta puede hacerse aún más complicada. En cualquier caso (y al margen
de posibles explicaciones), podría decirse que
Rear Window constituye la aleación definitiva de todas las virtudes
y obsesiones de su orondo director. Rodada completamente en los estudios de la
Paramount (lo que obligó a planificarla
al detalle y a volcarse en la magnífica iluminación), cuenta una
historia conocida
por todos: un hombre en silla de ruedas utiliza su cámara fotográfica para
espiar a sus vecinos desde la ventana de su apartamento en el Greenwich Village, con la oposición de su
hermosa prometida. La película cuenta, además, con la nebulosa pero irrebatible presencia
de una muy
uptown Grace Kelly, de un
Jimmy Stewart comodísimo en su papel de
Voyeur (que debe imaginar un crimen para luego resolverlo), y se apoya en un suspense
excelentemente tramado y narrado, en el marco incomparable de una
escenografía fabulosa, obra
de Hal Pereira. De más está señalar la influencia en
Peeping Tom de Michael Powell, o en
Blow Up, o en Brian de Palma, o en tantos
otros aunque, a su vez, podría estar influida por
El susto, de 1946. Un detalle. El minuto 15 ya ha pasado a la historia del cine: constituye
el mejor beso filmado nunca en
Technicolor.
