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jueves, 13 de abril de 2017

La mujer del lago (Aka La donna del lago)

3*

Bernard, un escritor policíaco, regresa a un hotel cerca de un lago, donde conoció a Tilde, una empleada con la que compartió un apasionado romance, pero descubre que se ha suicidado aunque también hay ciertos indicios de que ha podido ser asesinada. Con la ayuda del fotógrafo jorobado del pueblo, comienza una investigación que le llevará a descubrir la verdadera identidad tanto de su ex amante como de algunos poderosos habitantes del lugar. Una intriga con ciertos elementos giallescos (cuando el género estaba todavía saliendo del horno), que pone el acento en la archiconocida bizarría rural y que se desarrolla con una estética en B&N muy estilizada, elaborada a imagen y semejanza de la publicidad, obra de un director, Luigi Bazzoni, obsesionado con la parte estético-visual del arte cinematográfico. Recomendable para rastrear los orígenes del subgénero amarillento por antonomasia (estamos hablando de un protogiallo en toda regla) y para profundizar en la obra del director italiano.

miércoles, 11 de enero de 2017

Terciopelo azul (Aka Blue Velvet)

3.5*

Una de las mejores formas de definir a David Lynch es mirar una de esas ilustraciones de Norman Rockwell por detrás. O darles la vuelta: es algo banal, familiar, pero es algo a lo que se le ve las entrañas. David Lynch es como ver por primera vez el escaparate de una carnicería. O como fijarse en esos cangrejos que todavía están vivos en el mostrador de una pescadería de barrio. El cine de Lynch es como un pellejo visto desde dentro. Pero, también, el cine de Lynch es lo que hacen los personajes de Edward Hopper antes de encerrarse en sus habitaciones o en sus bares. Algo parecido escribió David Foster Wallace en un artículo suyo que se hizo famosísimo en los noventa, un artículo que publicó en Premiere. Algo Lyncheano, decía, es algo banal, oscuro, surrealista y violento. Y esto es, precisamente, Terciopelo azul. Una canción hermosa, como epítome del American Way of Life, que, en realidad, esconde un submundo turbio, violento y misterioso. Una de esas “pequeñas películas excéntricas” en las que Lynch se embarcó después del fracaso anunciado de Dune. Una obra hipnótica, icónica y fascinante. Un film que cimentó la fama y el éxito de su creador. Una película que no gustará a todo el mundo.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Harlequin (Aka Más allá de la reencarnación)

3*

El senador Nick Rast (David Hemmings) tiene un matrimonio de conveniencia con la hija de un diplomático (Carmen Duncan). El hijo de ésta está muriéndose de leucemia hasta que un extraño personaje, Gregory Wolf (una especie de Rasputín), aparece en su vida para curarle. A partir de este momento, tanto la vida de unos como las relaciones de poder del senador, se verán trastocados por la misteriosa figura del Harlequin (Robert Powell). Incluso el hombre que está detrás de la carrera política del senador, una especie de padrino en la sombra, Doc Wheelan (Broderick Crawford), verá peligrar su mundo de poder y corrupción. Everett De Roche, en uno de sus conocidos intentos por reflotar la industria cinematográfica australiana, vuelve a retorcer los límites de un género con su incomparable talento para la mezcla, la ironía y la metáfora. El film se desarrolla, en un primer nivel, como una fantasía salvífica, propio de los ramalazos místicos de la New Wave de la época, aunque también incorpora elementos de fábula política así como reflexiones sobre quién maneja hilos del poder. En definitiva, lo que tenemos entre manos es un fantástico sin fantástico, como se ha llegado a decir (siguiendo a Claudio Huck que sigue, a su vez, a Adrián Esbilla y su La historia del cine australiano). Es verdad que la dirección de Simon Wincer podría haber resultado más satisfactoria si hubiera pulido algunos aspectos pero entre la música de Brian May, las fascinantes interpretaciones y los guiños constantes a múltiples películas, la experiencia de su visionado se transforma en un auténtico descubrimiento (por cierto, los homenajes constantes enriquecen la trama y sorprenden al espectador. Incluso hay una escena cuasi calcada de Rojo profundo, el principal éxito de Hemmings, además de Blow Up; así como un homenaje a Excalibur. El personaje de Crawford, por cierto, está elegido con clara conciencia). A comienzos de los ochenta, Marillion intentó revitalizar el rock progresivo, tan típico de la irredenta década de los setenta. Ya en solitario, Fish, su frontman, hablaba en una de sus letras de un Faith Healer. Conviene seguirle el rastro. En definitiva, una maravilla para los sentidos, para la cabeza y para el estómago.

domingo, 14 de agosto de 2016

Viciosas al desnudo

2*

Juan Aznar (Jack Taylor), sic, es un escritor que se ha hecho famoso por panfletos moralistas y bienpensantes. Un buen día, durante un viaje para dar una conferencia, y alejado de su familia, conoce a dos jóvenes y lujuriosas amigas con las que pasa una tórrida noche. El calatravesco Manuel Esteba se marca una especulación exploitation sobre el erotismo, la hipocresía sexual y la lucha generacional, a costa de usar y postrar al pobre Taylor para lucimiento de sus dos pícaras amiguitas. Las dos hermosas actrices protagonistas (Adriana Vega y Eva Lyberten), de efímera y correosa fama, hacen un trabajo pésimo pero no porque se pasen la mitad del film en pelotas sino porque de interpretación andan muy justas. Sin embargo, el explosivo final así como la escena cuchillera previa dejan una sensación existencialista que recuerda a cierto cine porno de la irredenta década de los setenta. Por cierto, ¿no le parece a algún lector que una película USAmericana reciente se basa en esta misma premisa? 

martes, 24 de mayo de 2016

El prestamista (Aka The Pawnbroker)

3.5*

Decía Alan Finkelstein que el Holocausto se ha transformado en una industria, en un espectáculo para las masas. Sin embargo, después de 1945 y tras la revelación de los crímenes nazis y de la Solución Final, pocas fueron las producciones artísticas visuales que han intentado representar el sufrimiento de la Shoah. Es como si Occidente quisiera olvidar o, más bien, como si se autoaplicara el dictum adorniano: no puede haber poesía después de Auschwitz. Sin embargo, hubo excepciones notables a este silencio. Este film, por ejemplo, se enfrenta a una de las consecuencias más ásperas de la existencia de los campos de concentración y de exterminio: ¿cómo vivieron los supervivientes judíos tras la guerra? ¿Cómo sobrevivieron, con sus experiencias y recuerdos traumáticos, al día-día? El director Sidney Lumet, conocido por su impresionante versión de 12 hombres sin piedad, rodada 7 años antes, lanza a la cara del espectador lo que Primo Levi o Claude Lanzmann han intentado hacer desde entonces: una reflexión sobre el peso del pasado y sobre la dificultad de superarlo, en especial cuando se intenta esconder bajo capas artificiales de olvido y de normalidad, como hacen los personajes de Maus. Esta es la historia del prestamista Sol Nazerman, que tiene una pequeña tienda (una tapadera, en realidad) en New York. Y para terminar de rizar el rizo, a una reflexión sobre la intrusión del pasado en el presente, Lumet añade una reflexión sobre los excluidos del presente (negros e hispanos, fundamentalmente, en una sociedad que los acoge a todos pero que hace que se exploten mutuamente). Debido a la habitual pericia técnica del director, la película muestra curiosas soluciones de puesta en escena, entre televisivas, teatrales y kafkianas, orsonwellianas en todo caso, con una fotografía en B&N que ayuda a subrayar el clima de opresión en el que viven los personajes. Por otro lado, como es propio en su filmografía, Lumet consigue exprimir lo mejor a sus actores (Jaime Sánchez, Geraldine Fitzgerald y los demás) y, en este caso, al mismo tiempo, consigue controlar el habitual histrionismo de Rod Steiger. No es una película fácil, ni complaciente. No es un film para ver con los amigos, palomitas en ristre. Pero sí que es una de las mejores obras visuales sobre estas cuestiones tan dolorosas y controvertidas.

martes, 10 de mayo de 2016

En un lugar solitario (Aka In a Lonely Place)

3*

El guionista Stiller (Humphrey Bogart) lleva años sin repetir su éxito anterior. Una noche, en un restaurante, conoce a una dependienta que está terminando de leer un best seller sobre el que le han encargado un guión. Hombre impetuoso, la invita a su casa para que le cuente el argumento del libro. Al cabo de un rato, se marcha y él se queda en casa. A la mañana siguiente, bien temprano, la policía visita su casa porque han encontrado a la dependienta estrangulada. Solo una hermosa vecina (Gloria Grahame) puede proporcionarle una coartada, ya que les vio desde la terraza de su apartamento colindante. A partir de aquí, el film se mueve entre el thriller (Stiller es el principal sospechoso) y el romance (él y la vecina se enamoran y comienzan un affaire), lo que da pié al gran Nicholas Ray para que desarrolle una puesta en escena compacta y acerada, entre la trilogía de Lang con Joan Bennett y el cine negro de Wilder. En todo caso, salvando la acidez general del argumento y del diseño de personajes, la película no es especialmente harboiled (salvo alguna escena con Bogart como detonante) ni creíble (tanto los cambios de carácter del protagonista como el momento de la confesión del asesino, no son dos puntos a favor de la verosimilitud de la trama). El cine negro USAmericano de los cuarenta y los cincuenta tiene obras mucho más punzantes, más incisivas, tanto social como políticamente. En todo caso, estamos ante un film estimable y, por muchos años, alabado como una auténtica obra maestra.

sábado, 5 de marzo de 2016

Una lagartija con piel de mujer (Aka A Lizard in a Woman's Skin)

3*

Auténtico milestone dentro de la filmografía de Lucio Fulci, esta obra tiene la suficiente personalidad propia para destacar dentro del giallo, además de tener uno de los títulos más sugerentes y acertados de todo el subgénero. Es verdad que Fulci bebe de las fuentes, digamos, clásicas (Bava, Argento, Bazzoni, Martino) pero las exprime y adapta a su propio estilo cinematográfico. Por ejemplo, allí donde Argento destila los esencias primarias del género para usarlos como ingredientes básicos de un sofisticado perfume, Fulci los estira y retuerce para conseguir sacudir al espectador con un olor chillón y desabrido. Por eso es curioso observar la casi total ausencia de erotismo en los films de Argento, mientras que muchos de los giallo de Fulci se acercan al sexploitation. Es decir, en la obra de Fulci hay desnudos, hay sexualidad, carnalidad, pasión. Ambos comparten un malsano gusto por la violencia y por el trazo grueso en cuanto al diseño de asesinatos explícitos pero es Fulci, una vez más, el que lleva este aspecto un punto más allá, añadiendo lo mórbido y lo putrefacto. Finalmente, conviene añadir que la película tiene casi todos los rasgos típicos del cine de Fulci, lo que Troy Howarth ha llamado sus Splintered Visions: un montaje precipitado, con ciertos errores; una composición de planos que alterna entre el art cinema y lo gamberro; movimientos de cámara enfermizos, febriles; un gusto por el lujo, ciertamente esteticista, que no esconde la atracción por las bajas pasiones y por el gore (como en la escena de los perros de laboratorio, por ejemplo); el juego con lo onírico; la imagineria simbólica y surrealista, etc. En realidad, casi todos los directores que tocaron el giallo han querido ser considerados auteurs pero solo unos pocos lo son en realidad. Para bien o para mal, Lucio Fulci es uno de ellos.

viernes, 15 de enero de 2016

Un hacha para la luna de miel (Aka Hatchet for the Honeymoon)

2.5*

Giallo atípico dentro de la filmografía del gran Mario Bava. Sin embargo destaca por algunas arriesgadas propuestas. Por ejemplo, el asesino es conocido desde el principio, ya que se presenta como tal mediante la voz en off, por lo que Bava sustituye el misterio del whodunit (típico de este género), por el de whydunit, que se resuelve en clave edípica y, por tanto, psicoanalítica (lo que es también un elemento recurrente del género). Además, Bava parece recuperar los motivos estéticos y éticos de su clásico Seis mujeres para el asesino, situando toda la trama en una casa de modas. Por otro lado, Bava se auto homenajea mediante la inclusión de una cita textual de su Las tres caras del miedo, una cita que, por cierto, no es nada gratuita. La realización, por su parte, arrastra casi todos los rasgos del estilo de la época (grandes angulares, rápidos movimientos de cámara, enfoques y desenfoques, zooms, primeros planos, etc.). La interpretación tampoco es particularmente destacable aunque conviene resaltar la presencia del actor español Jesús Puente, que se dobla a sí mismo. En fin, un film simpático aunque algo confuso e, incluso, algo tramposo por lo que está muy alejado de las cotas que alcanzó su admirado autor. Y, de hecho, cuando uno elige un thriller amarillento, lo que quiere es asustarse intentando averiguar un misterio criminal. Esta película no ofrece ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, sí que ha ofrecido decenas de detalles para esa recuperación esteticista que, del género, están llevando a cabo Cattet y Forzani, especialmente en Amer aunque también en El extraño color de las lagrimas de tu cuerpo.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Fresas salvajes (Aka Smultronstället)


Dedicada a Orit A. Amar

4*
Durante un viaje en coche con su nuera, el viejo y pedante profesor Borg recordará algunos momentos de su vida, con nostálgica tristeza, algunas veces ensoñándolos, otra recreándolos mediante el sueño o la simple evocación. El viaje tiene una finalidad: llegar a Lund, donde el profesor va a recibir un Doctorado por sus 50 años de profesión médica. Bergman rinde homenaje a Victor Sjöström, el padre del cine sueco, cediéndole el protagonismo de una de sus obras maestras, un retrato reconfortante sobre el paso del tiempo, de la vejez y de los recovecos del matrimonio, aunque no exento de crudeza, ternura y vitalidad. El homenaje incluye una cita textual de La carreta fantasma, una de las mejores películas de todos los tiempos. Con una fotografía límpida y al carboncillo, una puesta en escena milimétrica como una cantata de Bach y una música que se abraza a la película con amor, Bergman arroja al espectador una alegoría sobre la frialdad, la soledad y la muerte. Pero también sobre el arrepentimiento y el perdón. Bajo la estela de Freud y de su propia biografía, que tanto ha condicionado su cine (como reconoce en Imágenes), Bergman no nos cuenta su historia como si fuera esa “épica del ego” de la que hablaba Lacan. Más bien, para Bergman, los seres humanos estamos incapacitados para ser felices y para hacer felices a los demás, precisamente, por ese constante miedo a la muerte, que nos hace egoístas y frágiles. Evidentemente, ambas pulsiones determinan nuestras realidades pero, por suerte, hay muchos momentos de nuestras vidas que consiguen ponerse del lado del “principio del placer”. Esta obra es uno de esos momentos. Por cierto, el grupo Dogma ha copiado mucho de este film, sin duda, al igual que Woody Allen, como todo el mundo sabe.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Cosmópolis

2*

Kenneth Rexroth escribió que “la civilización occidental dejó de existir después de la Segunda Guerra Mundial. Vivimos en un cadáver que se agita como una rana muerta en un cable con corriente”. Bueno, puede ser una rana o una rata, que es el símbolo de la decrepitud que manejan Don DeLillo y David Cronenberg en esta nueva incursión del director canadiense en su particular análisis de las bases del discurso de la postmodernidad milenarista, tras su particular digresión sobre Freud y el inconsciente. Usando una limusina como icono del cibercapitalismo actual, Cronenberg toca fondo con una película petulante y pretenciosa, con ciertos destellos de auténtica originalidad cronenbergiana (bien es verdad) pero aburrida y superficial a más no poder. La historia es muy sencilla: con el Apocalipsis de fondo, estamos ante una narración digresiva en la que un broker multimillonario recorre una ciudad newyorkizada para cortarse el pelo. Sobre tamaña chorrada se levante el film. No por casualidad, el actor elegido no es otro que el mortecino y, ya de por sí vampírico, Robert Pattinson. ¿De verdad se pretende que el espectador empatize con un tipo tan desagradable y mezquino cono el protagonista de esta película? ¿O con sus ridículas y contradictorias reflexiones? En fin… Desaconsejable para todas aquellas personas que no se dejan engatusar por palabras vacías, pseudo conocimiento y lenguaje gallinejero. Desaconsejable para los lectores de Hugo von Hofmannsthal y su Carta a Lord Chandos. Desaconsejable para todos aquellos que se esfuerzan por aprender. Para quitarse el mal sabor de boca, el espectador puede disfrutar de la mucho más compacta Last Night (La última noche).

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Dogville

3*
PastillaCrítica de Máximo Pablo
"Dogville es un concepto, y como tal luce mejor desprovisto de aderezos, de ambientación y de decorados. Su naturaleza pide a gritos esa desnudez para que se presente con toda su fuerza y contundencia. De paso, Lars von Trier nos recuerda que es preferible una buena idea sin recursos que muchos recursos sin ideas. Al prescindir de localizaciones reales sitúa la atención sobre los actores que son los que cargan exitosamente con el peso dramático de la acción. Que muestra uno de los aspectos más tenebrosos de la naturaleza humana. Thomas Hobbes hubiera disfrutado de esta propuesta estética que desarrolla uno de sus principios más divulgados: “el hombre es un lobo para el hombre”. El poder sobre el otro convierte a pobres corderos en lobos y el miedo produce ese efecto que hace al ser humano vulnerable y manipulable para ceder su dignidad hasta límites insospechables" [la PastillaCrítica completa en el siguiente link].

sábado, 30 de mayo de 2015

Luz que agoniza (Aka Gaslight)

4*
A finales del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana, la hermosa Paula Alquist (Ingrid Bergman) contrae matrimonio con Gregory Anton (Charles Boyer), un conocido y respetado pianista. Entran a vivir a una casa aristocrática en la que comienzan a ocurrir sucesos extraños, lo que hace peligrar la salud mental de la principal inquilina. Magnífico thriller psicológico, repleto de suspense y con una atmósfera represiva muy bien conseguida, obra del director George Cukor que pone en imágenes una historia retorcida con la única ayuda de los decorados, la luz y una puesta en escena aguerrida y llena de aciertos escénicos. Además, cuenta con varias geniales interpretaciones, especialmente las de Charles Boyer, Ingrid Bergman, Joseph Cotten y Angela Landsbury. Por otro lado, el argumento recuerda, siquiera levemente, al de Nido de víboras, de Anatole Litvak, estrenada en 1948. E incluso a obras tan personales y satisfactorias como Secreto tras la puerta o Rebeca. Pero, en realidad, es un remake de una obra inglesa de 1940, dirigida por el desconocido Thorold Dickinson




viernes, 30 de enero de 2015

Amenaza en la sombra (Aka Don't Look Now)

3.5*

Tras la muerte de su hija, el matrimonio Baxter se traslada a Venecia. El marido (Donald Sutherland) se encarga de restaurar una iglesia mientras su mujer (Julie Christie) conoce a un par de extrañas mujeres escocesas. Una de ellas, ciega y vidente, le dice que ha podido ver a su hija muerta mientras comían en un restaurante. Mientras tanto, en la ciudad se están cometiendo una serie de feroces asesinatos. Levantado sobre un texto de Daphne Du Maurier (Don’t Look Now), el film es como un edificio veneciano típico: hermoso por fuera pero putrefacto por dentro, como las relaciones de pareja en El placer de los extraños. Nicholas Roeg logra un trabajo muy sutil, lúgubre y sofisticado, con una excelente atmósfera, construida a base de insinuaciones, juegos semánticos con el color, una mixtura de géneros y una trama ambigua y desconcertante. Por cierto, tanto el trabajo de cámara como el montaje son exquisitos, lo que se puede comprobar (y admirar) en la escena de cama entre Julie Christie y Donald Sutherland, de una belleza y significación asombrosas. Un thriller que se balancea entre lo sobrenatural y lo psicológico, en el plano temático, y entre lo trascendente y lo esteticista, en el plano narrativo, con claras influencias del Dario Argento de Rojo Profundo y del Jack Clayton de Suspense. Por cierto, el gran Pino Donaggio compone aquí su primera partitura para el cine.