Camaradería de asesinos profesionales (los Navy Seals), entre
misiones antiterroristas, conversaciones familiares en mitad de los montes afganos
donde viven los Talibanes y mucha, muchísima sangre aguerrida y unas gotitas de
“buen rollito” (como la escena de los pastores). Desde el principio al final de
esta épica patriotera, tenemos lenguaje militar (“afirmativo”, “negativo”, “Spartan a base, cambio”, “aquí centro
táctico”, etc.), tecnología de ultimísima generación, una música minimalista
machacona, cámara desenfocada en mano, sangre digital y “un contacto de la
hostia con los del otro bando” (sic). Lo más destacable del film es la idea que parece sugerir: que
de vez en cuando, incluso a los matones de patio de colegio también les dan una
buena patada en el culo. Y, así, como escribió Irene Crespo en Cinemanía, tenemos un título con spoiler. Igual es la única forma de
hacer cine bélico que no sea pro-bélico. Ver a 4 Seals saltando a un supuesto precipicio como si fueran los Take That en el escenario ya es para
mear y no echar gota. Como la calidad y convicción de los maquillajes. O como
la saturación de la pista de sonido. En fin, carne procesada de la buena, recomendable
para todos aquellos que han crecido con el cine de acción rancio, musculado y
ultraconservador de la Golan-Goblus. O, bien, para quienes desayunan Fast & Furious por la mañana y, de
repente, se dan cuenta de que tienen un Seat
Ibiza que todavía no han pagado y están en el paro. “Ahh, coño, pues al
ejército”. ¿Os acordáis de Southern
Comfort? Pues de ese palo. Pero, eso sí, sin la clase, el arte y la malicia
de Walter Hill. De hecho, al final salen las fotos de los “héroes” reales, los
de la operación Red Wings original. A
quienes van dedicada la película (sic).
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martes, 22 de marzo de 2016
miércoles, 9 de septiembre de 2015
The Lovely Bones
2*
Una de esas caras B que rueda, de
vez en cuando, el megalómano Peter Jackson y que ha salido rana, al contrario que
esa maravilla que es Criaturas
celestiales. A un thriller estilo
Perdidos, se le une una historia de
fantasmas tipo El sexto sentido, Ghost o Silent Hill pero el paquete final rezuma grasa por todos los lados.
Una grasa que sale de aplastar las ceras plastidecor®
con las que se han hecho la película. Por otro lado, lo que hace deslizarse al film hasta el fondo del cubo de la
basura es la ñoñería épico-narrativa constante así como una estética
grandilocuente e innecesaria. Es decir, la propuesta no es demasiado original ni
demasiado consabida pero es que, además, el plot
está constantemente salpicado de incongruencias y sentimentaladas varias a las
que hay que añadir un aspecto visual que rinde pleitesía a esas típicas saturaciones
digitales tan queridas en Hollywood, tipo La
vida de Pi (artísticamente hablando) o a El señor de los anillos (industrialmagic
hablando). Asímismo, los actores parecen clabados con chinchetas por el croma visual del film: nadie se puede creer a la Sarandon, al Tucci, a la Weisz o al Wahlberg, cada uno con un personaje más tópico y plano que el anterior. En definitiva, una obra mediocre y, por tanto, decepcionante. Ahora bien, la muchachada puede fliparlo con ella.
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