El enésimo exitazo surcoreano que
llega a las pantallas occidentales y no deja de ser una película previsible,
estereotipada (en personajes, caracteres, situaciones, diálogos y resoluciones)
y típica. Además, la historia tiene varios fallos graves de guión (como unos
zombies que están persiguiendo a unos humanos en el tren y, de repente,
desaparecen en la siguiente escena), situaciones ojipláticas de “anda la
hostia, ¿y esto por qué pasa ahora?” y sorpresas no muertas del estilo. Finalmente, tiene la típica chorrada esa de,
según las necesidades narrativas, así se transforman de rápido o de lento los
zombies. Por no mencionar a esas masas informes de zombies y/o infectados que
cualquier espectador puede apreciar que son más falsas que la sonrisa de un político en campaña. En fin, una mezcla de elementos extraídos de Snowpiercer, El tren del infierno, Guerra mundial Z, 28 días después y
alguno de los films de zombies del
gran George A. Romero (sí, esas obras que se atreven a lanzar a la cara del
espectador lecturas críticas de la sociedad contemporánea) y que, por todo
ello, tampoco destaca por su originalidad. A Romero, por cierto, se le rinde un
cumplido homenaje en la escena final de la cinta. Potable, solo potable,
si tu nivel de conocimiento zombie no pasa del libro The Zombie Survival Guide,
de Max Brooks o de la serie The Walking
Dead.
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viernes, 7 de octubre de 2016
jueves, 28 de febrero de 2013
I Saw the Devil (Aka Encontré al diablo)
3*
Thriller
desagradable y morboso que intenta plantear la mil y una vez exprimida premisa
del cazador cazado así como la reflexión moral que subyace de fondo: la de
convertirse en un monstruo para castigar a otro monstruo. A lo largo de la
historia, el director Kim Ji-woon (junto con su guionista), parecen ofrecer una exaltación de la violencia (no de la
criminal, evidentemente, sino), en particular, de la policial. Y ello porque es
una violencia que proviene de una especie de superhombre nietzscheano, absolutamente
amoral y deshumanizado, que persigue indefectiblemente una venganza más que
justificada. Un ser humano y un comportamiento que pueden resultar atractivos a
un buena parte del público, por desgracia. En todo caso, la película acusa no
pocas influencias de David Fincher (especialmente de Zodiac) pero también de El silencio de los corderos, Saw, La
matanza de Texas y del subgénero surcoreano, en particular de Old Boy y de Memories of Murder. Por
cierto, en algunos tramos, también evoca en la memoria del espectador ese capítulo de Masters of Horror, Trayecto
al infierno. Por otro lado, el film está muy
bien iluminado, muy bien rodado y muy bien montado pero resulta superficial en
su planteamiento, salvaje en su presentación y estirado en su desarrollo. Sergio
Sollima lo hizo un poco mejor en El
halcón y la presa, aunque con menos medios. Por cierto, la BSO es deliciosa.
viernes, 16 de diciembre de 2011
A Lone Tree
3*
De entre todas las películas del nuevo cine surcoreano que llegan a Europa, los thrillers y los films de terror acaparan casi toda la atención mediática (The Host, Dos hermanas, Memories of a Murder, I Saw the Devil, por poner sólo algunos conocidos ejemplos). Por eso es soprendente encontrar esta producción de 2010. El
novel director surcoreano Song In-Sun rueda una amarga y contemporánea historia, salpicándola con tiernos y humorísticos momentos. Un joven bombero de Gangwon (provincia al norte de Corea del
Sur), casado y con una niña de 6 años, descubre que está gravemente enfermo y toma la decisión de no decírselo a ninguno de sus familiares más cercanos, ni siquiera a su mejor amigo y compañero de trabajo. Con algunos parecidos con Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, la
película mantiene constantemente un difícil equilibrio entre el drama más
convencional y la disección de caracteres típica de una buena parte de la
filmografía asiática, especialmente de la japonesa y de la surcoreana, con una
puesta en escena sencilla pero sutil, una fotografía sobreexpuesta y un estilo
cinematográfico occidentalizado en su conjunto, lo que se aprecia hasta en la
BSO, con ciertos toques de guitarra y unos pianos arpegiados que recuerdan a
Gustavo Santaolalla y a Masaru Hoshii,
respectivamente
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