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jueves, 21 de marzo de 2013

Pretty Woman

1.5*

Epítome máximo del género chick flick y objeto de regocijo (e, incluso, de culto) para varias generaciones de mujeres a ambos lados del Atlántico. ¿La razón? Pues que Pretty Woman materializa una idea tan absurda como peligrosa: hasta una puta tiene derecho a vivir sin preocupaciones económicas y sin dar ni golpe. Solo tiene que casarse con un rico (sic). Vivian Ward (una mediocre Julia Roberts) ejerce como hooker en Beverly Hills. Edward Lewis (un mediocre Richard Gere) es un caballerete de tres al cuarto que gana muchísimo dinero subido a la ola del capitalismo más salvaje. En un momento dado, sus caminos se encuentran y comienzan a jugar al “yo soy rico pero tímido” – “yo soy pobre pero atrevida”. Y ahí está toda la sustancia de esta historia, una historia que parece una actualización naive de La Traviata, aunque en su origen parecía que se iba a centrar en un drama sobre la vida de las prostitutas californianas. El resto de elementos del film (técnica y artísticamente correctos) están al servicio de la sublimación de este falso cuento de hadas, comprensiblemente un éxito cinematográfico en toda regla. Y es que el machismo más inconsciente sigue campando a sus anchas porque, como diría Luce Irigaray, la presencia de una prostituta (algo que se puede "comprar") hace resaltar el hecho de que el tipo de sexualidad mostrada en la película está definido por el punto de vista masculino. Estupenda premisa, pues, para una película que ha triunfado entre las mujeres.


viernes, 24 de febrero de 2012

La guerra de Charlie Wilson

3*

El creador de la exitosa serie de TV El ala oeste de la Casa Blanca y guionista de La red social, Aaron Sorkin, fue la persona elegida para escribir un guión (a partir de la documentada obra de George Crile) sobre los tejemanejes políticos del congresista texano Charlie Wilson (Tom Hanks) para incrementar el presupuesto de los EE.UU. en sus operaciones en Afganistán, asesorado por un agente de la CIA de oscuro pasado. Sin embargo, de hecho, dichas operaciones apoyaban una guerra encubierta contra la presencia soviética en la zona (guerra que ha sido mitificada en la ultraconservadora Rambo 2). Por su parte, lo que hace Mike Nichols es contar esa historia de una manera simplista, maniquea y mostrando un claro posicionamiento político en favor de la lucha contra el comunismo, posicionamiento que consigue ser relajado, subrepticiamente, mediante una inteligente estrategia consistente en mezclar conversaciones sobre asuntos técnicos y militares, negociaciones políticas de alto nivel, viajes a tutiplén y fiestas y juergas varias para crear la apariencia de normalidad y producir el siguiente argumento: los políticos son gente normal (no llevan una vida normal, es verdad, pero sus rasgos son los mismos que los de la gente normal: predilección por las mujeres hermosas, respeto por la religión y por la tradición, una ligera dipsomanía, admiración por los profesionales y por las personas francas y directas, etc.). Por lo tanto, sus acciones son normales y, por supuesto, sus consecuencias serán normales. Ergo buenas. Y aquí esta el problema. Que la película está tan comprometida en este argumento que, al final, debe dejar caer una crítica (si bien limitada) en el único punto flaco de la historia, según la perspectiva narrada. Pero para eso el lector debe ver la película (si no lo ha hecho ya) y sacar sus propias conclusiones. Por lo demás, la historia cuenta con dos buenas interpretaciones, la de Seymour Hoffman y la de Amy Adams, mientras que el personaje de Julia Roberts no solamente es un poco repelente sino que, además (y extra cinematográficamente hablando) la belleza de la actriz está francamente desaprovechada. El resto de elementos técnico-artísticos, a la altura de la producción.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La boda de mi mejor amigo

2.5*

Después del éxito cosechado con la coproducción franco-australiana La boda de Muriel, P.J. Hogan se lanza a la arriesgada empresa de rodar otra comedia sobre una de las aspiraciones máximas de cualquier Bridget Jones: casarse. Así, una buena parte del engranaje profesional de Hollywood (László Kovács en la fotografía, BSO de James Newton Howard, canciones de Burt Bacharach) se pone en marcha para dar como resultado una comedia por encima de la media que, casi casi, llega a mantener una sonrisa constante en el espectador aunque no ofrezca momentos espectacularmente ingeniosos. Además, entretiene con un aceptable guión y soprende por sus correctas interpretaciones. A destacar, sobre todo, ese juego de acentos y formas de expresión que define a los personajes y que es tan típica de las películas USAmericanas. Por otro lado, el papel de Rupert Everett es tan memorable que se tuvo que modificar el final original para que su personaje cerrara la película.