Un argumento inverosímil y rocambolesco, a
imitación del de Hermanas, y a medio
camino entre el suspense hitchcockiano y el giallo argentiano, que se
transforma en el típico ejercicio de estilo de De Palma, saturado de sus
constantes marcas de la casa, como el plano de profundidad o “lente partida” (también
conocido como split diopter shot),
una planificación extraordinaria (atención a la escena en la comisaría), cámara
subjetiva (como la escena en el museo), unos movimientos del tomavistas
tortuosos como la propia trama y, todo ello, con algún momento realmente
grandioso (como la escena del ascensor). La película es tramposa y el suspense
relativo, ya que el espectador ágil se dará cuenta del quid de la cuestión más pronto que tarde. En todo caso, un film estimable, que cuenta con una
interesante intepretación de Michael Caine, un entregado y sensual protagonismo
de Angie Dickinson y con las personalas caracterizaciones del gran Dennis Franz
y de la gran Nancy Allen, que ya colaboró con el director en su obra maestra, Carrie, y volvería a hacerlo en la más
interesante Impacto. En las cuerdas,
como casi siempre, el herrmanniano Pino Donaggio.
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miércoles, 15 de febrero de 2017
Vestida para matar (Aka Dressed to Kill)
3*
Etiquetas:
1980,
Angie Dickinson,
Asesinos en serie,
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Intriga,
Michael Caine,
Nancy Allen,
Pino Donaggio,
Thriller,
Vestida para matar
miércoles, 25 de diciembre de 2013
A quemarropa (Aka Point Blank)
3.5*
Estilización reflexiva y cinéfila del-y-sobre el thriller clásico, a partir de la
introducción de algunos parámetros del cine europeo y de vanguardia en los
estándares del noir USAmericano. No
por casualidad, Point Blank coincide
en el tiempo con El silencio de un hombre,
La matanza del día de San Valentín y
con Bonnie and Clyde. Además,
comparte con varias producciones previas algunas características que hacen de
esta película de John Boorman un film resumen, producto de un sincretismo conceptual que ralla en la abstracción, tanto
en el plano narrativo como en el estético, tanto en el ideológico como en el
técnico: personajes arquetípicos, lacónicos, como apunta Walter Hill; una
narración pulida y elíptica como la de La
ley del hampa, de Budd Boetticher; una estructura compleja, basada en flash backs, que no hacen sino encadenar
acciones y consecuencias en una especie de eterno retorno, como había hecho
Alain Resnais en Hiroshima, mon amour;
los colores luminosos y pop de Código del
Hampa, de Siegel, o de El desierto
Rojo, de Antonioni; y ciertos destellos, temas y señas de identidad
provenientes de Murder By Contract de
Irving Lerner (1958), de Blast of Silence
de Allen Baron (1961), y Johnny el frío,
de William Asher. Pero también tiene, por encima de todo, a un imperturbable y
grandísimo Lee Marvin, un actor de roca que sabía expresar con su cuerpo, sus
movimientos y su voz mil y un registros. No por casualidad, Marvin había
interpretado el papel de Vince Stone en la magnífica Los sobornados. ¿El argumento? Mejor ver la película. Por cierto,
Mel Gibson ha protagonizado recientemente una especie de remake, Payback, basado también en la novela de
Richard Stark. Y, de hecho, aunque la película fue un fracaso crítico-comercial
en su época, ha demostrado ser una de las obras más influyentes del género
desde entonces.
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